Día: 28 de noviembre de 2019

Dolemite is my name

Eddy Murphy ha encontrado un alter ego con el que puede aspirar al reconocimiento de la academia y la crítica, que siempre le fue tan esquivo, sin necesidad de traicionar su idea de “macho humor”, de “King of comedy” del black power. En Perro Blanco hemos marcado una línea de disenso frente al oportunismo de adaptar el marco profundo del progresismo de Hollywood sobre el tema racial en películas como Green Book. Dolemite is my name supone un transgresión al canon del milenio, apartándose de las prédicas sentimentaloides y moralistas de la banda de Oprah. La estrella de Un detective suelto en Hollywood ha filmado así un largometraje revisionista y nostálgico que escapa de los acartonamientos del cine que patrocina el matrimonio Obama.

El cuidado de los otros

Una de las mejores cosas de este cine, y de El cuidado de los otros, es, por decirlo así, su falta de perspectiva: no solo porque la cámara sigue de cerca a sus protagonistas (sí, los Dardenne) sino porque la narración ocupa básicamente esa misma posición. Vemos poco más que lo que ven ellos, sus limitaciones son las nuestras y las tramas que los envuelven parecen surgir exclusivamente de los elementos limitados (y muchas veces azarosos) que los rodean. No hay arco dramático sino una sucesión de trabas que van apareciendo a cada paso. Empiezan en un punto y terminan en otro, pero uno tiene la sensación de que los cruces que circunstancialmente constituyen una trama no son esencialmente diferentes de lo que pasa en cualquier otro día.

La noche de las nerds

Booksmart se encuadra en una época de reconfiguración de los modelos señalados, buscando comunicarse con los espectadores que amaron a Lady Bird y que están preparados para consumir la respuesta femenina a Superbad. A ver: la película de Olivia Wilde es eso, pero también una lograda adaptación del arte de la comedia de John Hughes. O al menos es un intento de reconfiguración, al menos tras el declive de la imagen de Judd Apatow, quien ha salido del cuadro momentáneamente, quizás por haber generado más prole y más imitadores de los que hubiera querido. Al mismo tiempo su cine recupera vigencia por otras vías y formas de expresión. Pero la influencia que supo tener a inicios de los 2000s parece haber desaparecido de escena. Pero la herencia cultural del Appatow de hace casi dos décadas continúa o ha cambiado el panorama?

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