Día: 27 de mayo de 2020

Dossier Comedia para el fin de los tiempos (VIII)

De a poco iremos subiendo las elecciones de los integrantes de la redacción. El juego del dossier consistirá en lo siguiente: cada redactor eligió 10 comedias fundamentales en su vida, 10 comedias que lo transporten inmediatamente a la felicidad (sin ningún orden de prioridad). A su vez, mas allá de esa lista (o incluyendo películas de esa misma), les pedimos que eligieran tres películas sobre las cuales pudieran explayarse. Pero solo pedimos una condición a cumplirse: que una película fuera una comedia canónica, conocida, celebrada; que otra fuera una comedia más bien relegada, olvidada o desconocida, de ser posible; y que la última fuera una comedia contemporánea, de los últimos 10 años. Con esas pautas la redacción fue pensando sus elegidas. Y de a poco las iremos compartiendo. Aquí les dejamos la octava entrega.

Ema

La altanería de Larraín, sin embargo, no pasa solamente por vendernos gato por liebre. Su postura moral no exenta de soberbia, es incompatible con la representación de un outsider (Ema pretendidamente lo es, ya que se trata de una persona por fuera del sistema que quiere burlarlo). En una de sus peores películas, Fight Club, David Fincher adquiría una postura parecida, una mirada enajenada del revolucionario anarquista (¿la película no enuncia en definitiva que el anarquismo es algo de dementes y que en definitiva hay que mantener el status quo?). Porque, al final del camino, la persona que salga de ver Ema y no piense que su personaje principal es un psicopata, por como está filmada e interpretada, no sé qué película vio. Desde lo que le dice al marido, hasta lo que le hace al propio hijo y la inmutabilidad de la cara de Mariana Di Girolamo, todo esto compone una miserable caracterización de la supuesta heroína con la que Larraín quería acercarse a las nuevas generaciones.

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