Día: 16 de octubre de 2020

Porte

Algunas ideas sobre el cine de Pascale Bodet

Hace un par de años, a partir de una película que no viene al caso mencionar, tuve la idea un poco descarada de que no había reconciliación ya posible entre el cine francés y el humor. O mejor dicho, entre el cine francés actual y la comicidad. Mi impresión podía estar bien encaminada en líneas generales, pero demostró ser errada cuando se la confronta con la constelación misteriosa conformada por películas que apenas empiezan a ser captadas por el radar. Extraordinarios artefactos cuya rara eficacia consiste en extender sus ondas de manera minuciosa, pacientemente, como si fueran breves destellos que no osan del todo, por ahora, asomarse a la superficie más que para dar cuenta con cautela de su existencia. Se trata de películas que respiran con discreción, que se mueven en una especie de limbo secreto iluminado menos por el peso de un nombre que por la convicción irreverente de que se existe en los propios términos, bailando con las luces bajas en un reino paralelo. Resulta que Pascale Bodet me demuestra que estaba equivocado. Pascale Bodet es uno de esos nombres, quizá el más convincente de todos en el panorama actual en el terreno de la comedia excéntrica, aquellos para los que el humor en el cine no significa un golpe de efecto lleno de astucia, que estalla, hace impacto en los sentidos y se pierde hasta ser reemplazado por el siguiente, sino un ritmo, una palpitación constante, que demora su aparición plena porque en realidad se ha extendido por cada plano hasta lograr habitarlo, menos como una necesidad que como una fatalidad.

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Poder, propaganda, crítica: sobre una cierta tendencia en el cine político argentino (VI)

Sucede entonces un recorrido que construye un arco dramático interesante para el período: el cine de 2016 a 2020 (tomando el cierre de 2015 y el inicio de 2020 antes de la pandemia) parece realizar un recorrido de reacomodamiento al cambio de época. Ya sea de manera desesperada, depresiva, final (como en Cuatreros y El otro hermano) al trazo grueso y señalador de la sátira con nombre y apellido (El ciudadano ilustre). En ese reacomodamiento, la conjura del sistema de continuidades discursivas aparece como primera estrategia de defensa de parte de muchos cineastas frente al cambio de época (hablar sobre el pasado como una forma de señalar-indicar el presente sin denominarlo expresamente). Pero el período también retoma tensiones irresueltas en el orden de la incorporación de la venganza (política, de clase, ambas) como instrumento de comprensión de la grieta reinstalada casi una década atrás del nuevo período en cuestión. En esa revisión es la clase media el nuevo objeto de señalamiento y de tensiones. Es la clase media la acusada de los horrores de la continuidad de lo peor del pasado.

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Dossier #ContraLaCorrecciónPolítica (IV)

Este dossier, como podrán comprobar e irán comprobando, está plagado de notas pesimistas sobre aquello que nos depara la corrección política. No obstante, frente a semejante panorama, también me interesó pensar qué posibilidades de resistencia, qué antídotos puede ofrecer el cine presente. Por eso, si la corrección política es veneno para la libertad, bienvenido sea el antídoto que nos permita recuperar el pensamiento y la sensibilidad de la inteligencia y el sentido del humor. Desde este punto me interesa pensar qué cosa tiene para decir cierto cine afroamericano contra los lugares comunes desatados en los últimos tiempos del black lives matter (pero incluso un poco antes también). Un antídoto contra la corrección política del último cine afroamericano, puede encontrarse en el humor negro de Rapera a los 40, un filme que desde el afiche y el título original busca deslastrase de ciertos estereotipos que pueblan al subgénero del blaxpoitation progresista.

Hubie Halloween

El Halloween de Hubie

Al final, parece que la asociación con Netflix le terminó haciendo bien a Adam Sandler. Si sus dos primeras películas para el servicio de streaming (The Ridiculous 6 y The do-over) continuaban el rumbo errático que venía arrastrando en los últimos años, ya la interesante pero fallida Sandy Wexler insinuaba algo distinto, una búsqueda de tonalidades más libres y arriesgadas. Eso empezó a profundizarse con La peor semana -un film que maneja un nivel de incomodidad solo comparable con el humor de Larry David- y el especial Adam Sandler: 100% fresh. Y a pesar del bache que significó Misterio a bordo -una producción bastante a reglamento, que no termina de explotar a fondo una premisa interesante-, comienza a verse una consolidación con Hubie Halloween, que en buena medida es un retorno al Sandler de los noventa y principios del nuevo milenio, ese que se la pasaba entregando personajes tan deformes como adorables.

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