Día: 22 de octubre de 2020

Undine

Undine

Debería haber sido una operación fría o dura: tomar un antiguo mito germánico y hacer con él una película contemporánea. Si alguien podía hacerlo, es Christian Petzold, tal vez uno de los mejores directores del mundo mundial hoy en actividad. Por otro lado, Petzold ya había practicado operaciones similares antes: tengo entendido que había recurrido a la mitología germánica para Etwas Besseres als den Tod, esa obra maestra, y también algo similar con su película anterior, Transit (una historia de la Segunda Guerra Mundial ambientada en la Marsella de hoy en día), de la cual además repite pareja de protagonistas y química absoluta. En el caso de Undine la cosa es un poco más extrema, porque al recurrir al folklore, lo que terminamos por tener es una especie de drama burgués de sentimientos sazonado con toques sobrenaturales: lo cotidiano como capa permeable por la que actúan fuerzas que no entendemos, que nos gobiernan, que nos arrastran. El melodrama se vuelve cósmico y, a través de las resonancias de lo profundo, los sentimientos tal vez más pedestres (el amor, esa cosa) alcanzan el absoluto, que es en definitiva lo que los hace ser lo que son.

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Dossier #ContraLaCorrecciónPolítica (VI)

Recuedo con alegría, con felicidad, los primeros dosmiles. Dormía poco, me divertía con amigos y amigas en fiestas, vivía en un pequeño departamento en capital y me llenaba de películas semana a semana. En particular las comedias. Allá por 2004, cuando El Amante cine estaba vivita y coleando (QEPD), disfruté mucho de un dossier en el que un grupo de críticos se hubiera propuesto pensar, quizás antes que nadie, en eso que luego supimos reconocer como la Nueva Comedia Americana. Porque hace ya casi dos décadas, la NCA era eso: libertad, inteligencia, sentido del humor, respuesta a la solemnidad y a los lugares comunes. Pero el pasado, a su manera, también son los padres. Y a los padres hay que matarlos (simbólicamente, ningún parricido, gente). Porque a veces es “mejor contradecirse antes que oxidarse” le escuché decir a Javier Porta Fouz en una de sus clases que nos brindaba a los alumnos y alumnas de la vieja escuela de crítica de El Amante (QEPD también). Entonces 2020. Existe la NCA? Si y no. Y de lo que existe, queda algo de aquel espíritu de hace dos décadas?

Subete A Mi Moto

Súbete a mi moto

Creo que todos los que rondamos los cuarenta (o que los excedemos) comenzamos a fantasear con el morbo de las series sobre personalidades famosas de nuestra infancia: desde Olmedo y Porcel a Susana Gimenez y Moria Casándosela. Desde Monzón y Maradona hasta el clan Puccio. Pero claro, el sentimiento de recuperación desmitificada respecto de la experiencia de los 80s bien puede hacerse extensiva hacia otras latitudes. Acaso nadie fantasea con la serie sobre el detrás de escena y la tragedia de Nubeluz ? (estimados millenials/centenials: deberán googlear buena parte de los nombres aludidos, lo siento.) Nadie fantaseaba con la serie sobre Luis Miguel, sobre ciertas bandas de Rock Latinoamericano? Bueno: hace un par de años apenas tuvimos el gusto (sorpresivo, no lo voy a negar) de disfrutar la gran serie sobre Luis Miguel (cuyo excelente diálogo pueden leer en este link). Luego vino el documental sobre el grupo Parchís. Imagínense qué pudo haber pasado por el cerebro de varios cuando nos enteramos que íbamos a conocer la serie sobre Menudo. Bueno, ese momento llegó. Ahora bien: Súbete a mi moto es la serie sobre el morbo que esperábamos ver? Quizás no, con todo lo bueno y lo malo que esto implica.

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