#37MarDelPlataFF – Diario de festival: Alcarrás, Te prometo una larga amistad, Anhell69, Lockdown diaries

Por Luciano Salgado

Te prometo una larga amistad juega un juego que el cine contemporáneo vive jugando hace años: el juego del work in progress como código estilístico. La idea de narrar mediante ensayos y pruebas aquello que sucedió, es decir, la idea del ensayo frente al público como ejercicio límite de la suspensión de la incredulidad es un artificio que, si bien puede parecer rupturista, responde lisa y llanamente a un modo de configurar la representación cinematográfica cuando las ideas que juegan por el pleno artificio se agotan o bien cuando las limitaciones presupuestarias lo exigen como condición de posibilidad. Ahora bien, esto no supone que el artilugio de la puesta en escena mediada por el work in progress sea desechable. De hecho aquí el artificio funciona  sorprendentemente bien (incluso contra sus propias posibilidades, cuando la película en vez de deslizarse sobre las posibilidades que supone ese juego de puesta en escena se entusiasma por llevar el procedimiento al paroxismo). Así las cosas, Te prometo una larga amistad cuenta un hecho asombroso y triste a la vez, porque recuerda el país que fuimos alguna vez y lo que queda de esos sueños rotos.

Anhell69 es también otra característica experiencia del cine contemporáneo, hecha de superposiciones de registros, texturas, géneros, formas (como bien la define su director: se trata de una película trans, no solo una película sobre personajes trans). Con altibajos de registro casi amateur (como el sonido de las falsas entrevistas de casting) con momentos de belleza inspirada (como los planos aéreos sobre la ciudad de Medellín. El juego entre una despedida testamentaria (la película bien pudo haberse llamado Mis muertos Trans, como si homenajeara a Fogwill), una película de denuncia sobre la acción de todo el espectro civil e institucional de Colombia contra el colectivo LGTTBQ+, una especulación distópica en un futuro en el que un régimen totalitario persigue a aquellos que tienen relaciones sexuales con espectros (que aquí se asemejan a los de El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (Apichatpong Weerasetakul, 2010) y a todo eso se le suma una suerte de gran trip confesional que recorre la experiencia de una infancia disisente, una adolescencia rebelde y un presente constante que reemplaza a la imposibilidad de furturo, convierte a la película en un material vivo, en movimiento, que incluso en sus momentos más autocomplacientes encuentra momentos poéticos por los cuales respirar. En este sentido el plano final otorga sentido a todo el amor que la película demuestra por sus personajes, algo infrecuente cuando se producen estos acercamientos cargados de cierto halo de material intocable.

Lockdown Diaries es un diario también en primera persona, a cargo del director Jeff Zorrilla, un estadounidense radicado en Argentina hace años a quien la pandemia y el encierro de la cuarentena expuso a una situación de reevaluación personal que lo obliga a mirar hacia su propio país (con una mirada inocultable de simpatía por la vertiente más izquierda del Partido Demócrata, léase Bernie Sanders) como al nuestro (en cierta medida con un grado de simpatía inocultable por el gobierno actual, al que califica, para ese entonces, de “un gobierno que está haciendo las cosas bien” por contraste). Quizás, en cierta medida, el juego al que juega Zorrilla, un poco como lo hiciera en su momento Nicolás Prividera con Adiós a la memoria, es mejor cuando se concentra en la propia experiencia y la vuelca a las posibilidades de la forma que le entrega el trabajar con la textura y los colores del 16 mm como soporte de registro. Por el contrario, cuando quiere (o cuando intenta) asumir un costado reflexivo sobre lo político su mirada se esteriliza y debilita las posibilidades del documental, casi como si atentara sobre sí mismo.

Me queda por ver Alcarrás, sobre la cual hablaré pronto. Tengo que correr a la siguiente sala. Y como siempre, luego volverme, como si Mar del Plata hubiera sido un bello sueño que se termina pronto.

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