Adiós, June

Por Luciano Salgado

Goodbye June
Reino Unido, Estados Unidos, 2025, 114′
Dirigida por Kate Winslet.
Con Helen Mirren, Kate Winslet, Toni Colette, Andrea Riseborough, Timothy Spall, Johnny Flynn, Stephen Merchant y Fisayo Akinade.

Una manera de estar entre los vivos

A mi viejo, que murió rodeado de quienes lo amamos

Con todos los números disponibles para llenar la pantalla de golpes bajos (aunque a decir verdad tampoco elude ese movimiento) Adiós June logra, con relativamente pocas herramientas, convertirse en una película noble, en particular porque encuentra en la delicada administración coral de sus personajes una suerte de equidistancia amable para justamente eso: amar a sus personajes sin juzgarlos y sin que nosotros seamos los responsables del juicio en cuestión. En este sentido, si lo pensamos durante un par de segundos, la sola idea de pensar en una película sobre una octogenaria con cáncer que está cercana a la muerte en vísperas de navidad no parece ser el escenario más alegre posible. Y así las cosas Winslet, en su debut como directora (presumiblemente podría tratarse de un material autobiográfico según he leído) encuentra la vuelta para que nada de lo que se estamos viendo gire centrípetamente en torno a la enfermedad y a la mencionada June sino en torno a lo que los demás hacen y en lo que se convierten cuando una persona está en sus momentos finales. 

El movimiento centrífugo, entonces, redistribuye el juego entre los participantes y les provee de aire y tiempo para que podamos empatizar con ellos. Por eso la película jamás pontifica sobre lo hecho o no hecho. De ahí que cada uno de ellos tenga sus problemas, sus inconvenientes personales a afrontar. 

A su vez Winslet no lleva esto adelante de manera solemne, sino que lo que sostiene toda la estructura densa de lo que estamos viendo es una suerte de humor socarrón negrísimo que permite descomprimir permanentemente un clima que sino habría sido insoportable y difícil de sostener. 

Pero incluso en la estrategia centrífuga mencionada previamente, la gran clave sigue siendo June, ya no tanto como personaje sino como articulador humanista, como si detrás de sus palabras los demás lograran mejorar (algo que habla muy bien de KW como directora: los personajes importan más que tu idea del mundo), volverse un poco más humanos y en definitiva postergar a la muerte (pero no negarla, claro).

Cuando Adiós, June termina, imaginablemente, lloramos. Pero las lágrimas no aparecen como resultado de una extorsión sino como el proceso natural de un recorrido humano que respeta y ama a cada personaje. En ese sentido se trata de un cuento de navidad hecho y derecho, sobre llegadas y despedidas, presumiblemente, pero capaz de abrazar todos los lugares comunes para dar a luz algo conocido y nuevo a la vez.

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