EE.UU., 2025, 8 episodios de 60′
Creada por Megan Gallagher
Con Sarah Snook, Jake Lacy, Dakota Fanning, Michael Peña, Sophia Lillis, Abby Elliot, Jay Ellis, Daniel Monks, Duke McCloud
Una culebra suelta
Como si se tratara de alguna clase de berretín, tengo que admitirlo, no me molesta para nada embarcarme en largas sesiones de continuidad de series con formato de culebrón. Lo he hecho con The Morning Show (acepto con culpa mi responsablidad de redactor atrasado en las entregas de notas sobre esa serie, sobre la que siempre prometo escribir ya que acaso sea el único interesado en la revista y nunca lo hago) y en esta ocasión, por estricto pedido de novia que no quería sufrir el acoso laboral ante el FOMO de no hablar de la serie del momento, bueno, me dispuse a verla.
All her fault -así, sin anestesia, sin la mas remota intención de traducir un chapucero «Fue culpa de ella» o similar- es la serie de moda de inicios de 2026 en plataformas (pero que en su país de origen se extendió entre finales de noviembre y principios de diciembre de 2025 a razón de un par de episodios semanales hasta finales de diciembre) que no había que perderse (pero a la que yo le venía escapando como un campeón durante varios días) y que durante un fin de semana me bajé en menos de 48hs clavando un promedio de 4hs por día (ni una película de Raya Martin dura eso hoy!).
¿Es acaso todo lo anterior signo de alguna clase de entusiasmo recomendador? Si y no, dependiendo de cómo se lo tome ud, estimado lector.
Veamos. Si nos sentamos a ver All her fault con la pretensión de convencernos de un panegírico feminista en clave de drama doméstico de denuncia social sobre los horrores que deben sufrir las mujeres y la asimetría de roles con los hombres en las sociedades cosmopolitas de las grandes ciudades, bueno, no vamos a irnos con mucho que no pueda explicarse en una monserga de diez minutos. Es decir, un no rotundo si vamos a ir a buscar una agenda distinta a eso.
Si entremos a ver All her fault para encontrarnos con una versión contemporánea del viejo y querido whodunit (quien o por qué X cometió el crimen) de los viejos policiales de enigma, lo vamos a obtener, si, pero al precio de sacrificar una cantidad importante de verosímil en el medio (intermediando, además, una infinita sucesión de cabeceos y puteadas varias). ¿Por qué? Porque hay algo de estafa en el modo en el que la serie encara ese género.
Si entramos a ver All her fault por su condición de melodrama, en cambio, el juego cambia. De hecho cambia para bien si no nos tomamos nada de lo que vemos demasiado en serio y lo podemos acompañar por un cuarto de helado que con alto nivel de azúcar nos permita lanzarnos al juego del ridículo y el culebrón (algo que no sé hasta que punto la serie hace de manera consciente o si secillamente se le escapa en el exceso grasulientoe su propuesta imposible que mezcla tragedia, telefilm barato de los 80s con melodrama decimonónico de parentescos cruzados).
Si de todas las opciones disponibles la que ud elige es la última (y se permite pasar por alto los primeros cuatro episodios que son risibles pero no por los motivos antedichos en el parrafo previo sino por su solemnidad galopante) probablemente lo pase muy bien, se ría, haga apuestas sobre el próximo giro de tuerca que se vaya a encontrar en el camino, como si De Palma hubiera agarrado la baruta (pero sin ese mismo talento visual). Si ud, en cambio, eligió las primeras, lamento decir, muy probablemente se sienta estafado, por lo que no tiene sentido proseguir la lectura de este texto ya que probablemente haya abandonado la serie para el episodio tres.
Sorpresas te da la vida si es que te la tomás con la suficiente liviandad, que es una de las claves de la inteligencia.

