Andor

Por Rodrigo Martín Seijas

EE.UU., 2022, 10 episodios de 40′
Creada por Tony Gilroy
Con Diego Luna, Alan Tudyk, Adria Arjona, Genevieve O’Reilly, Stellan Skarsgård, Kyle Soller, Denise Gough, Anton Saunders, Jacob James Beswick, Fiona Shaw, Alex Lawther, Harry Anton, Robert Emms, Cairon Pearson, Karen Sampford, Varada Sethu, Anton Lesser, Elizabeth Dulau, Bronte Carmichael, Michael Jenn, Raymond Anum, Chook Sibtain, Sule Rimi, Alex Ferns, Abhin Galeya

Organizaciones, individuos, identidades

En esa pulsión permanente por expandir el universo de Star Wars a través de las producciones de Disney+, Andor es una pequeña sorpresa y de lo mejorcito que ha ofrecido la plataforma en lo que refiere a la franquicia, aunque no llegue a las alturas de The Mandalorian. Hay que reconocerle el mérito a Tony Gilroy, creador y guionista principal de la serie, que previamente había escrito Rogue One: una historia de Star Wars, la película de la que surgió el personaje que es el protagonista principal del relato. Es que lo que logra es tan básico como difícil de lograr: un traslado coherente de tonos y atmósferas, que va de la mano de una expansión consistente, que va creciendo en potencia de forma progresiva, sin desbordarse o quedarse a mitad de camino.

Si decimos que Cassian Andor es el centro principal de la narración, es porque el punto de partida -sus años de formación con las fuerzas rebeldes que luchan contra el Imperio- es también una excusa para ampliar y profundizar en ese universo de opresores y oprimidos, y encontrar allí unas cuantas ambigüedades y grises que proporcionan nuevas capas de significados. La plataforma para concretar ese objetivo es (nuevamente) la relectura de géneros: si el western queda un tanto relegado -aunque latente en algunos tramos-, toman centralidad el thriller político y de espionaje, pero también las narraciones de robos (im) posibles y, con cada vez con mayor fuerza a medida que se suceden los episodios, el drama social hasta conseguir adentrarse y fusionarse con la épica. Gilroy utiliza los elementos genéricos para ahondar en el imaginario visual de ambos bandos -la oscuridad, frialdad y rigidez clínica del Imperio; la suciedad, vigor y artesanía de los rebeldes- y darles mayor entidad desde las relaciones humanas, encontrando, de paso, algunos puntos de cruce. 

El ladrón y marginal interpretado por Diego Luna será entonces el principal protagonista, pero su recorrido será acompañado por varias subtramas y una galería bastante amplia de personajes. Los más interesantes son Luten Rael (Stellan Skarsgård), un alto jefe rebelde que ha montado una amplia red de espionaje dentro de las entrañas del Imperio y que muchas veces incurre en acciones brutales para cumplir sus propósitos; y Dedra Meero (Denise Gough), una oficial de las fuerzas imperiales dispuesta a ascender a como dé lugar, incluso aunque eso la ponga en rumbo de colisión con superiores. Pero también se pueden mencionar, por caso, a Syril Karn (Kyle Soller), otro oficial del Imperio que se obsesiona con capturar a Andor para probar su capacidad frente a las autoridades superiores; y Maarva (gran actuación de Fiona Shaw), la madre adoptiva de Cassian, que expresa desde sus acciones y gestos una melancolía abrumadora. Y aunque las historias correspondientes a Mon Mothma (Genevieve O´Reilly), una Senadora que trabaja en secreto para los rebeldes; Bix Caleen (Adria Arjona), una amiga de Cassian; y Vel Sartha (Faye Marsay), una subordinada de Luten, afrontan algunas discontinuidades que les quitan interés, no dejan de ser contribuciones relevantes para configurar un conjunto de submundos complejos dentro de esa galaxia muy muy lejana que a veces amenaza con volverse demasiado simplista. Cada uno de estos sujetos contribuyen a potenciar el que posiblemente sea el gran tema de fondo de la serie: el funcionamiento de los sistemas, instituciones y organizaciones y las formas en que pueden generar un sentido de pertenencia, para bien y para mal, hasta condicionar -o incluso definir- las identidades de los individuos. 

Si hay un tramo donde Andor parece que va a caer en la dispersión y el estatismo, nos vamos dando cuenta que, al fin y al cabo, hay toda una serie de acontecimientos enfocados en tratar de entender cómo hay un contexto que promueve una definición identitaria para su protagonista, a partir de no tanto de lo discursivo como desde acciones y eventos puntuales, pero decisivos. De ahí que tanto el capítulo 10, One way out -con un muy buen aporte de Andy Serkis como un compañero de encarcelamiento de Cassian-, como 12 (que cierra la temporada), Rix Road, son a la vez tensos y conmovedores, con un trabajo en el montaje y la banda sonora de gran precisión. Todo está basado en un armado de conflictos paciente y disciplinado por parte de Gilroy, que no cede a la tensión de giros apurados y arbitrarios. Por eso el plano final con el que finaliza esta primera temporada es de una innegable coherencia. Y eso nos lleva a pensar que la segunda temporada, cuando le toque llegar, estará claramente justificada.

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