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Tiempo de lectura: 6 minutosJonas Mekas, instantes de belleza

Por Sebastián Santillán

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Jonas Mekas (1922-2019)

En el camino, de cuando en cuando, encontró esos instantes de belleza

Por Sebastián Santillán

El fallecimiento de Jonas Mekas el pasado 23 de enero llenó de congoja al mundo artístico, que perdía a uno de los referentes más respetados y reconocidos, que además poseía la cualidad nada fácil de lograr de ser posiblemente la figura más querida del medio. Jonas Mekas tenía 96 años, pero su carácter inquieto e hiperactivo nos hizo fantasear a muchos con la posibilidad de su existencia terrenal eterna, un acto de justicia poética que desafiaría a la biología. Pero como Borges ha señalado, no hay mayor prisión imaginable para un hombre que la posibilidad de la vida eterna, por lo que incluso a los héroes hay que dejarlos descansar en paz. La partida de Mekas nos deja un legado inmenso y único, que excede largamente lo cinematográfico. Su particular periplo es a la vez extraordinario e inverosímil y motiva una pregunta esencial: ¿qué es lo que motivó a Mekas a mantener la fe en el ser humano y celebrar la belleza del mundo luego de haber vivido en primera persona los horrores mayores del siglo XX?

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Jonas Mekas tuvo muchas profesiones (cineasta, artista plástico, crítico, conferencista, editor, archivista, distribuidor, etc) pero ninguna lo atravesó tan integralmente como la de poeta. Sin duda la poesía, ese arte que demanda el alerta sensorial profundo, la percepción atenta y la construcción precisa y delicada, marcó su mirada y vivencia del mundo. Los grandes desafíos de la poesía en el siglo XX se entremezclan con la propia biografía del autor: despojado de su tranquila vida rural en Lituania, en 1944 debe abandonar su tierra natal ante el feroz avance de las tropas del Ejército Rojo. En el camino es apresado por las fuerzas nazis, que confinan a él y su hermano Adolfas Mekas (1925–2011) a un campo de trabajos forzados, del cual logran escaparse milagrosamente para encontrar escondite en una granja hasta el final de la guerra. Culminado el conflicto bélico las cosas no parecen mejorar sustancialmente para los Mekas: sufren el destrato de los Aliados, que los confinan a campos de personas desplazadas y al rechazo de múltiples países en los que piden asilo. Haber vivido de manera cruda y directa las acciones de los distintos bandos dotaron a Mekas de una perspectiva propia, que le permitió evadir las más simplistas posiciones binarias en las que caerían no pocos cineastas modernos, que por cuestionar los despropósitos del modelo capitalista incurrieron en la defensa de fascismos de izquierda como los de Mao y Stalin. 

Una inverosímil vuelta del destino marcará posteriormente el periplo de Mekas. Luego de años de deambular como un sin tierra y ser rechazado por la Europa destruida económica y moralmente, encuentra asilo en el lugar menos pensado: New York, tal vez la ciudad menos proclive a la austeridad de vida de Mekas. Pero más inverosímil es su paso posterior: sobreviviente de las atrocidades del ser humano, el nihilismo sería camino entendible. Pero Mekas, el poeta, decidió que aún había lugar para la poesía luego de Auschwitz. Con los escasos ingresos logró ahorrar para comprarse una cámara, una Bolex de 16mm, con la que fue registrando instantes de su vida más íntima y cotidiana. El descubrimiento del cine como medio poético le significó una revelación profunda. Prontamente su espíritu inquieto lo llevó a fundar en 1954 una revista mítica, Film Culture, que desde su título nos planteaba una concepción rupturista: que el cine además de arte e industria es una cultura. Todos los que amamos el cine y lo vemos como un espacio de intervención concreta en los debates de la cultura le debemos mucho a la concepción originaria de Mekas. 

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No puede dejar de señalarse que algo distintivo de Film Culturefue (o mejor dicho es: en 2018 publicó su número 80, 22 años después de haber publicado su anterior número) su verdadera pluralidad. Sin duda Film Culturele dio un lugar privilegiado a la experimentación cinematográfica que se desarrollaba por afuera de los medios industriales, pero su concepción del cine siempre fue amplia y abordaba un espectro que podía ir desde los films más radicales de Stan Brakhage y Stan Vanderbeek a las últimas producciones de François Truffaut y Akira Kurosawa, pasando por lo nuevo del cine japonés e incluso del Nuevo Cine Argentino (el propio Mekas cubrió el Festival de Mar del Plata de 1962). A su vez albergaba a plumas no solo peculiarísimas  como la de P. Adam Sitney y Manny Farber (que allí publicaría su legendario artículo “White Elephant Art vs. Termite Art”), sino incluso contrapuestas, como las de Andrew Sarris y Pauline Kael. Esa diversidad de visiones es coherente con una concepción que entiende que la cultura, a diferencia del adoctrinamiento, sólo puede emerger desde la pluralidad y divergencia.

Otro rasgo distintivo de la labor de Jonas Mekas es su congruente puesta al servicio de otros artistas, incluso a riesgo de quedar él mismo en un segundo plano. El BAFICI puede dar testimonio de ese compromiso férreo: invitado en 2006 a presentar su película A Letter from Greenpointy a participar de una performance de la artista Virginie Marchand en el Centro Cultural Recoleta, se molestó mucho con las autoridades y exigió la publicación en el diario Sin alientode una dura carta en la que repudiaba que se hubiese promocionado la performance como una obra de él, invisibilizando a Marchand. De igual manera al ser invitado en 1981 a Screening Room, el programa de televisión de Robert Gardner, decidió darle prioridad a la presentación y comentario de films de Bruce Baillie, Stan Brakhage,  Joseph Cornell y Maya Deren, entre otros, antes que los propio. Esa labor de puesta al servicio de los demás es el núcleo conceptual de la Anthology Film Archives, institución modelo en lo que respecta a la preservación y exhibición del patrimonio audiovisual.

La escritura sobre cine (o mejor dicho: la escritura a partir del cine) de Mekas fue otro medio que le permitió expander su proyecto de difusión de las expresiones de los márgenes. Su columna Movie Journalen el semanario newyorkino The Village Voicele dieron un alcance inusitado a sus escritos y prontamente se convirtieron en una nueva manera de entender el abordaje crítico del arte. Mezcla de crónica y diario, estas personalísimas columnas se apartaban de las críticas convencionales y dejaban emerger la subjetividad como centro explícito, sin por ello caer en el “yoismo” u otros excesos postmodernos. Mucho más complejas y rigurosas que lo que suelen reprocharle las lecturas livianas de sus detractores, las columnas de Mekas son un testimonio de algo que nunca debería perderse: la emoción latente al abordar un presente que siempre parece inaprensible.

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Y por supuesto, Mekas hizo cine. De hecho, no creo que sea exagerado afirmar que fue una de las máximas figuras de la historia del cine, desde múltiples frentes: la realización, la crítica, la exhibición, la restauración, la distribución. Fue el máximo referente del género cinematográfico más hermoso y personal, los diarios filmados. Filmó en formato fílmico reducido el núcleo central de su filmografía, pero no fue un dogmático, adoptó el digital cuando el formato le permitió registrar expresivamente aquello que necesitaba. Si bien Walden: Diaries, Notes and Sketches (1969),Reminiscencias de un viaje a Lituania(1972), Lost, Lost, Lost(1976), y En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza(2000) pueden ser consideradas sus obras cumbre, tal vez sea más ajustado abordar la filmografía completa de Mekas como parte de un mismo gesto, el de la captura de lo íntimo, cotidiano y efímero, que se desvanece pero puede volver a resurgir tanto como desde el recuerdo como desde la invocación. 

Alguna vez José Luis Guerin dijo que Jonas Mekas era el último optimista que no era un estúpido. Es una caracterización ajustada, que da en el centro del enigma Mekas. Quien podría haber perdido absolutamente toda fe en el ser humano, decidió creer en la belleza del mundo, trabajando con empeño cada día para capturar con una sonrisa esos breves destellos que iluminan el vivir.

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