El último suspiro del anarcoporno: 11 ideas en torno a Rocco Siffredi

Por Sergio Monsalve

1. Rocco Siffredi desvirgó al porno chic, lo exprimió hasta la última gota y decidió matarlo con su retiro. Un documental afrancesado cuenta la historia del último rodaje de la estrella de tantas visualizaciones y fetiches occidentales, nunca reconocidos por la academia y el sistema establecido. Pero si somos honestos, la obra de Siffredi merece un tributo nivel Oscar. Si les sueno exagerado, pues me da igual. El foro queda libre para refutarme o putearme. Considero a Rocco un tótem viviente del cine gonzo, más influyente incluso que los periféricos al uso en Festivales indies.

2. No sería descabellado pensar en un homenaje a Rocco en el próximo Bafici. Su herencia para el trash y lo alternativo puede estar a la par de cualquier John Waters. Sería una opción divertida, considerando el impacto que tendría en las progres de Buenos Aires, a la retaguardia de las bobadas afirmativas de Malena Pichot, caricatura de sí misma y una talibana que trafica con un contrabando ideológico que me resulta peligroso en su disolvencia posmoderna. El certamen porteño se anotaría un escándalo redituable en centimetrajes de prensa y redes sociales.

3. De vuelta al punto, habría que explicar la tesis de la nota. La extensa videografía de Rocco narra una de las historias secretas del cine que no te cuentan los documentales esnobs y pedantes de Godard que le vuelan la cabeza a los hípsters de Cannes, donde la cruzada feminista censuraría la posibilidad de permitir una relectura de la obra de Sifreddi, cuando lo lógico sería invitarlo y agradecerle por inspirar a casi todos los “A Listers” de la selección oficial.

4. Con recursos rudimentarios, el documental de Rocco deja entrever algunas de las constantes creativas del autor: su gusto por un camp desatado al límite de la caricatura de Russ Meyer (Tarantino), su celebración de la porno tortura consentida (piedra angular del gore, del extreme francés y del terror) y su anticipación del rollo hiperrealista del reality show.

5. El mainstream debería pagarle regalías por cada capítulo de las series de VH1(“Rock of Love”), por plagiarlo mal en 50 sombras de Grey, por saquearlo en las franquicias de jovencitos calenturientos acechados por stalkers, cámara en mano y a través de técnicas de documental en primera persona. La desatada Piraña 3D va por ahí.

6. En la lista de los copy cats de Rocco, existen menciones especiales para Lars Von Trier, Gaspar Noé y Harmony Korine. El primero proyecta los cimientos del dogma en Los Idiotas, dialogando con las inclinaciones estéticas del realismo en la videografía experimental del realizador italiano de “Dirty Little Movies”. El segundo ejecuta Love, estilizando encuadres robados de las piezas de culto del archivo XXX, ofreciendo su respuesta domesticada, solemne y masticada para audiencias de trasnoche en Cannes.El tercero, por último, conquista alfombras rojas y críticas efusivas de Cahiers al instante de estrenar Spring Breakers, suerte de apropiación moral y narrativa de los diarios pecaminosos de Rocco en las playas nudistas del primer mundo al calor de la temporada estival. A diferencia de sus imitadores involuntarios, Catherine Breilat sí convoca al actor y lo vuelve protagonista de su incomprendida Romance, donde el artie y el qualité buscan acercarlo (a Rocco) a un público sofisticado.

7. Pero la paradoja de Rocco queda expuesta al aire en su documental de retiro (que lleva el nombre del hombre), que en alguna medida es el que motiva esta reivindicación en forma de diario cinéfilo.  A propósito, recomendamos el visionado de Pornocracy, como contraste al enfoque de Rocco. Ambas son de obligada referencia si desea entenderse el problema de la construcción de imágenes pornográficas en la transmisión globalizada.

8. En esta película expone su dualidad de cincuentón conservador, quien se oculta tras su máscara de Peter Pan transgresor, con el fin de rentabilizar su negocio delante de la cámara. Dueño de una filosofía anarcocapitalista, el personaje doblegó al neoliberalismo en su propia ley, imponiendo un sello cotizado en bolsa. Hoy el porno sufre la estocada mortal del todo gratis de la web, recibiendo innumerables denuncias por acoso y abuso. La queja de los especialistas es que el milenio vació al porno de potencia política, de discurso, de ambigüedad, de poesía, de narrativa, simplificando sus relatos a una exposición directa y hard core de los coitos a la carta en el menú de internet.

9. En cuanto a la obra de Rocco y su documental, le damos el crédito por airear sus trapos al sol y profundizar en su piscología. Una madre castradora y condescendiente lo marcó de adolescente, al verlo masturbarse. Un drama italiano y edípico se cierne alrededor de su figura. La película lo expone como el ángel exterminador de una película de Buñuel y Pasolini, escrutada con la delicadeza y la saña clínica del mejor Phillipe Grandieux.

10. El primer acto haría palidecer al Abel Ferrara de Welcome to New York. El segundo cae en una meseta de redundancias, solo para levantar en el sólido desenlace kamikaze y crístico, rodeado por una tropa de freaks. El séquito de Rocco emula las banalidades bizarras de las familias disfuncionales del Hollywood de Cronenberg (Polvo de estrellas) y Lynch (Inland Empire, Mulholland Drive). La voz cavernosa de Rocco nos habla desde una parte diablo oculta y obturada por las pantallas infantilizadas de hoy día. Como no hay un Herzog al frente de la dirección, el documental de Rocco no es Mi enemigo íntimo.

11. En último caso, los invitamos a degustarlo en una sesión de streaming, una plataforma también inventada y sustentada en los ejercicios eróticos de Rocco. La interfaz de Netflix calcó el diseño de la página Nude Vista, por ejemplo. Al parecer nada se le escapa. Los años traen la sabiduría, incluso sin saber los alcances.

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