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Tiempo de lectura: 4 minutosLos exiliados románticos

Federico Karstulovich

Los exiliados románticos
España, 2015, 70’
Dirigida por  Jonás Trueba
Con Vito Sanz, Renata Antonante, Francesco Carril, Isabelle Stoffel, Luis E. Parés

«Solos vamos más rápido, pero juntos llegamos más lejos»

Por Federico Karstulovich

Prólogo.
No viajé muchas veces a lo largo de mi vida. Unas pocas, sin embargo, fueron sin plan previo. Digamos que en eso de viajar soy bastante conservador (como cuando elijo siempre los mismos tres gustos del cuarto de helado: menta granizada, chocolate suizo y frambuesa –eventualmente maracuyá o bananita dolca-) y que no me suelo prender mucho en eso de salirme de la norma.

1.Hace hace más de tres lustros hice un viaje con una amiga, a un país limítrofe. El viaje fue parcialmente programado pero, por diversos motivos -uno de ellos fue que me enamoré de ella y no soportaba no decir nada- nos terminamos separando, por lo que el último tercio del viaje lo hice absolutamente solo.

I.Los viajes, por más acompañado que estés, siempre se hacen solo. Es algo que parecen haber aprendido cada uno de los personajes de el tercer largometraje de Jonás Trueba, quienes a la vez que desarrollan un viaje de amigos hacia la nada misma, sin un plan prefijado, también viven su propio viaje interior, desplegado en torno a las experiencias con las personas que los rodean, en una suerte de plan sensual-sensorial, un plan sin territorio definido ni mapa (es decir, sin propiedad ni plan).

2.Los viajes solitarios tienen, al menos para mi, una estructura rapsódica, algo que descubrí en ese viaje en particular, en el que dejé mis valijas en una parte del país y seguí el resto del viaje con lo puesto y una pequeña mochila. En ese último tercio de este imprevisto viaje iniciático hacia nuevos sabores de helado (se entiende?) atravesé varios miles de kilómetros, conocí gente de muchísimos lados y, fundamentalmente, comí helado, dormí en lugares distintos, hice cosas que jamás me había propuesto.

II.Los exiliados románticos (LER, a partir de ahora) es precisamente una expansión hacia territorios desconocidos, pero no a gran escala, sino en un esquema micro, de pequeñas acciones, de situaciones de corta escala, como si ese viaje de 4000km fuese, fundamentalmente un viaje alrrededor de la manzana propia de la cabeza de los lugares comunes que definen nuestra vida cotidiana. Es, en ese sentido, una película en donde viajar es más un acto intensivo que extensivo.

3.Creo que en todo ese vieje me gustaron muchas chicas, aunque en general no me enamoré, excepto de una chica, hermosa, de pelo corto, de proporciones adecuadas a mi altura (según ella), con la que estuve un par de días antes de emprender el retorno hacia el otro extremo del país. Como en ese entonces era bastante boludo no terminé de entender que esos dos días (no había visto Antes del amanecer y mi cinefilia era relativamente elemental) eran lo que valía la pena, al abandonar el lugar me puse triste, la extrañé y con el tiempo terminé por olvidarme de ella (no existía facebook ni redes sociales y ella no era demasiado adepta a chatear, a eso le sumamos que nunca recordé su mail y que, por último, me quedaba un poquito lejos).

III.Uno de los puntos más felices de la sofisticación simple de LER radica en poder mostrar qué es el mantra existencialista de “aprovecha el día”, que es un principio hedonista resistente a la melancolía, a la nostalgia del amor perdido o al mundo de experiencias a las que no se puede retornar. Por eso mismo la película es una feliz meseta de presente, que es otra forma de ser feliz ante la inminencia de algo que se termina. En vez de optar por la tristeza se queda (y nos propone un mundo de) con la suspensión de la credulidad (en la vida adulta que demanda causalidades) y entiende que no tiene futuro. Por eso, detrás de una felicidad (consagrada en el hermosísimo plano final, que revivirá cada vez que lo necesitemos) aparente, también estamos ante una película que no acepta que alguna vez será tiempo pasado.Pero acaso eso nunca suceda mientras se reproduzca en loop, aferrándose al presente. El cine como desesperación ante el paso del tiempo y el abrazo a lo efímero como política de vida es el centro de LER.

4. Los viajes, cuando no se entienden, se convierten en turismo. Por el contrario, cuando se entienden, son aventura, son extravío y son autoexilio de todos esos lugares de comfort que nos esperan en nuestro hogar. Al punto tal que, entiendo yo, los verdereros viajantes invierten esta valoración: encuentran el hogar en lo provisorio y en el regreso viven un melancólico exilio.

IV. LER es un feliz cruce de libertades, un cruce de caminos entre la versión más libre del Wenders de las road movies de los 70’s, con el jugueteo sexual y materialista del primer Renoir con el falso realismo de las películas de las cuatro estaciones de Rohmer (centralmente Cuento de verano). En LER se produce un viaje-aventura que se fuerza para no ser viaje-turismo a raíz de una serie de principios de los personajes: la incapacidad de tomar decisiones, la necesidad imperativa de no terminar cosas, el apego a la inmediatez, y definitivamente el miedo a una muerte que se parece demasiado a eso que llamamos hogar estable y los personajes lo saben

5.Cuando se me terminaba el viaje me di cuenta que cada vez estaba menos tiempo en un espacio particular, pero a la vez los días se me hacían más largos, como si no pudiera irme del todo, como si el lugar hubiera adquirido una temporalidad específica que me ataba. Me dediqué a fotografiar todo lo que pude, todo el proceso. Un error en el viaje de vuelta veló los cinco rollos de fotos que había sacado. Y casi no quedó registro de la felicidad efímera de los espacios provisorios con personas que mañana podrían llegar a ser nadie. Volví, luego de algunos días solo, a reconciliarme con la idea de la intensidad por sobre la melancolía.

V. Por eso toda la película es un ejercicio de prolongación del tiempo en el espacio: es una película profusa en elipsis que no achican, sino que expanden el tiempo; es una película generosa en miradas fuera de campo, expandiendo la experiencia más allá de lo visible y lo audible; es una película generosa en dar a los planos un tiempo duradero, con peso propio.

Epílogo
Vi LER un domingo triste, por la noche. Me recordó el helado, ese viaje y la necesidad, imperativa, de volver a ese plano final, gozoso, sexual, juguetón, libre. Hay algo más que tres gustos en el mundo. Siempre se puede volver a ellos, mientras tanto engañemos a la felicidad con trucos veloces, que el tiempo se pasa. Y escuchemos esto, para inspirarnos: https://www.youtube.com/watch?v=jhXCFUj94-c

 

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