No, no me fui a ningún lado y el verano me encuentra en la Ciudad de la Furia dispuesto a cumplir uno de esos pequeños objetivos que uno nunca cumple: ver algunas de las películas clásicas restauradas que el Korean Film Archive va subiendo a Internet con subtítulos en inglés. No conozco casi nada del cine de este país antes del Nuevo Cine Coreano (excepto The Handmaid, ponele) y salgo dispuesto a descubrir. No me fui a ningún lado, pero es un viaje.

Early rain (Choyeon) 
Corea del Sur, 1966, 100′
Dirigida por Jeong Jin-woo
Con Shin Sung-il,  Moon Hee,  Kim Han-seob

Plaga

Por Marcos Rodríguez

Una de las primeras películas que pude ver, dictado por el azar y una pequeña captura de pantalla, fue una sorpresa absoluta, además de una obra maestra. La película se llama Early Rain y es de 1966 (y puede verse acá:https://www.youtube.com/watch?v=8dYDzZbucL8).

Primera sorpresa: una comedia. Uno supone que los coreanos también se ríen y la abundancia de comedias modernas en su filmografía (en general, del lado mainstream) hacía suponer una tradición robusta e importante, pero (por lo menos en mi caso) si pienso en cine coreano pienso en melo, sufrimiento y destinos irrevocables y, en buena medida, las dos primeras películas que vi del Korean Film Archive (sobre las que ya escribiré) confirmaron ese prejuicio: qué bien que la pasan mal estos coreanos en el cine. En cambio, con Early Rain, no. O sí, pero ya vamos a llegar a esa parte.

Segunda sorpresa: no solo comedia, sino superficie pop brillante y, de entrada nomás, una secuencia de créditos con burbujas ligeras y juguetonas que promete alegría y diversión insustancial, con no pocos toques sesentosos, que siempre son bienvenidos.

Pero la tercera sorpresa fue la mayor de todas: Parasite, la última (y multipremiada) película de Bong Jong-ho, viene de acá. No sé si como fuente de inspiración directa, pero me atrevería a decir que sí. No lo leí en ningún lado y mi ignorancia sobre el tema es tal que dudo al hablar del asunto (por ejemplo, no sé qué tan famosa y “clásica” y vista sea Early Rain), pero parece difícil pensar, después de haberla visto, que Bong no la tenía en mente cuando planeó su última (gran) película: no solo está el tono de comedia clasista (ese que hoy en día casi no existe) sino que hasta está la casa de los conchetos. No es la misma, desde ya, pero si no queda en el mismo barrio, le pega en el palo: no es tan minimalista y ultramoderna como la de Parasite pero la casa del Embajador en Francia de Early Rain es un tremendo caserón racionalista, con líneas horizontales, con un gran jardín con paredón (y alambres de púa) y prácticamente con la misma callecita de entrada en subida con terraplén a un costado. A lo mejor resulta que todas las casas finas de Seúl son más o menos así; lo dudo mucho. Pero incluso si Bong no copió cosas de Early Rain (¡estoy seguro que sí!), está claro que su espíritu ya estaba en esta película, y eso es más importante aún.

Early Rain (Chou en coreano, también la vi como An Early Rain y como Choyeon) es una cosa que no se puede creer. La película empieza con la voz off burbujeante de una veinteañera que trabaja de criada para el Embajador en Francia (el tipo se fue a París, pero la mujer tuvo que quedarse en Seúl porque su hija es paralítica o está enferma o no se sabe bien qué, y ella se quedó con ellas), que se aburre soberanamente en una casa en la que no hay nada que hacer, con un espíritu adolescente que no se quiere quedar quieto. Hasta que llega un paquete del señor, en el que le manda ropa a su familia. Entre otras cosas, un impermeable para la hija, que se siente ofendida porque su padre no parece entender que ella no puede salir de casa. Hastiada, termina por regalarle el impermeable a la criada (la escena de deliberación de a quién regalarle el impermeable ya vale una película completa). Ella salta de contento (la efervescencia de Moon Hee es una de las cosas más lindas que he visto en una pantalla en mucho tiempo), pero tiene un problema: hay un sol radiante. Ansiosa, desesperada, aburridísima, espera por los pasillos de la casa a que el servicio meteorológico anuncie la próxima lluvia.

Lo que sigue es una mezcla de todo: comedia romántica, sátira social, retrato de la juventud que empieza a occidentalizarse, drama terrible. Uno creía que los cambios de tono y la mezcla de géneros eran un rasgo de modernidad de parte del Nuevo Cine Coreano y resulta que no: es una tradición. Por lo menos, ya está en Early Rain, ¡película de 1966! Pasamos del boliche bailable y las vidrieras brillantes llenas de modernideses a encuentros que se organizan para “el próximo día de lluvia” (una idea deliciosa para una comedia romántica, aunque en este caso cargada de sátira), un protagonista que vive de las minas sin el más mínimo reparo, reflexiones sobre las apariencias (“el impermeable me hace ser otra persona”), sobre los nuevos valores de la Corea de postguerra (“quiero vivir la buena vida y laburando en un taller no voy a lograr eso”).

Todo concluye, como no podía ser de otra forma, con un final terrible como pocos, que incluye violencia de género explícita y descarnada, una lluvia que ya se convirtió en tormenta, una puerta de galpón que no termina de cerrarse por el viento, una mirada perdida, desolación existencial y un lento regreso a casa (a lo mismo) que uno nunca hubiera imaginado cuando la cosa empezó con unas burbujitas que flotaban sobre unos créditos que prometían una película ligera.

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