Amenaza en la sombra

Por Claudio Huck

 

Mi hermana odia Venecia. Dice que la ciudad       

 es como un áspid, las sombras de un festín

donde todos los invitados están muertos.  

Nicolas Roeg hizo varias películas estupendas al comienzo de su carrera: Performance (1970), que codirigió con Donald Cammell, un thriller delirante y lisérgico protagonizado por Mick Jagger (y con un insólito cameo de Jorge Luis Borges), la aventura mítica australiana Walkabout, con una jovencísima Jenny Agguter, que conocería el éxito pocos años después en Fuga en el siglo XXIII (Logan’s run, Michael Anderson, 1976), y El hombre que cayó a la tierra (The man who fell to Earth1976), con David Bowie encarnando al alienígena protagónico (segundo rockstar convocado por Roeg, ya que para ContratiempoBad timing, de 1980- elegiría para el papel principal al cantante a Art Garfunkel). Después, su carrera se iría diluyendo en la medianía, con resultados más bien decepcionantes y varias producciones televisivas que incluyen una versión homónima de la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblasHeart of darkness, 1993- de Joseph Conrad, una adaptación literal sin el vuelo poético del Apocalypse Now (1979) de Francis Coppola.

Venecia rojo shocking es el título, extraño y enigmático, con que se conoció en nuestro país Don’t look now(literalmente “No mires ahora”, que sintetiza de modo  perfecto el film en cuestión), pieza maestra del fantástico dirigida por el británico Nicolas Roeg en 1973 y basada en una historia de Daphne Du Maurier, la misma de Rebecca (1940) y Los pájaros (1963), ambas de Alfred Hitchcock. Roeg imita al maestro y toma el cuento de Du Maurier sólo como base, será apenas la argamasa con la que construya su originalísima película.

John (Donald Sutherland) y Laura Baxter (Julie Christie)  pierden a su hija, ahogada en el estanque de la casa. Se dirigen a Venecia para que John, que es arquitecto, supervise la restauración de una iglesia. Por azar conocen a dos viejas hermanas. Una de ellas es ciega y clarividente, y tiene visiones funestas que son una advertencia para John, que parece empecinado en desoirla. La Venecia que muestra la película es apagada, amarronada, decadente y fantasmática. La sensación de lugar extraño se remarca con el idioma, ya que el italiano no se traduce de forma adrede. Todo es viejo y oscuro en Venecia. Es el lugar propicio para que surja lo Fantástico.

Una de las claves para entender el film es relacionar las analogías que va develando el desarrollo del relato, en un encadenamiento expansivo. A modo de ejemplo, detengámonos en la primera escena.

La nena con impermeable rojo es similar a la figura de piloto rojo en la diapositiva que mira su padre; John vuelca la botella de agua y, paralelamente, el niño cae de la bicicleta; John tira los cigarrillos a Laura mientras la pelota de la niña cae al agua; el líquido derramado sobre la diapositiva, al pasar por la imagen del piloto rojo produce un deslizamiento que parece ser sangre, y por corte vemos a la niña caer en el estanque; la diapositiva es cubierta por el color rojo y John abraza a su hija con impermeable rojo, en el agua helada, muerta; Laura grita al descubrir a su hija, y su grito se funde con el estridente sonido de un taladro que perfora una pared, enlazando con la siguiente escena.

En esta estructura de encadenado de situaciones semejantes o parecidas  se exige un proceso de relación por parte del espectador. Mas adelante, John mira fijamente el agua de Venecia. Corte. Laura abandona su casa con lluvia torrencial, luego de la muerte de su hija. Corte. Rostro sonriente de la ciega psíquica.

Este entramado en el montaje crea una dicotomía, incómoda por irresoluble, en la conciencia del espectador: ¿La imagen de Laura  en la lluvia es un recuerdo de John, una visión de la ciega o ambas cosas a la vez?

En el filme impera el tono realista y el fantástico surge de improviso, como latigazos inesperados, y con toda la fuerza. Un momento singular es cuando se pierden Laura y John por la noche en las laberínticas calles de Venecia, el espacio se enrarece y vemos, a lo lejos, una enigmática figura de rojo (como en de la diapositiva, al inicio de la película). Instante breve e intenso, de ambiente espacioso, atmósfera neblinosa y horror arquitectónico(pasajes oscuros, góticos y deshabitados que se oponen a los interiores del hotel: clásicos, suntuosos y luminosos).

-¿Qué pasa?, inquiere Laura

Sintomáticamente, John le responde:

Encontré el mundo real.(El subrayado es intencional).

John lo dice como una broma pero lo que expresa es muy cierto. Estaban inmersos en un universo fantásticoy regresan de golpe a la realidad. No pasó gran cosa en esta escena (salvo otro presagio, ignorado una vez más por John), pero los espectadores sentimos lo ominoso, lo enrarecido, lo que acecha desde la sombra, de una forma palpable. Aquí está la pericia del director, que apuesta a lo sugerido y sabe como utilizar los elementos de la puesta en escena para crear un clima fantasmagórico. El trabajo de montaje es soberbio. Las imágenes parecen rebotar unas en otras como un eco, determinado movimiento continúa en la próxima escena o una cosa que aparece se parece a otra que ya hemos visto. La famosa escena de sexo, larguísima, es actual, pero por arte de montaje también es, simultáneamente, racconto.

El problema con John Baxter (y lo que lo llevará a la perdición) es su rígida visión positivista que no le permite ver el sistema de relaciones que vaticinan su destino. Sólo va a acceder a él en el momento de la muerte, cuando ya sea demasiado tarde.

Expresa claramente su punto de vista reacio a conjeturas sobrenaturales lo cuando Laura le revela:

Ella está tratando de advertirnos, John ¿Escuchas lo que te digo? Es Christina, nuestra hija.

John, con una ejemplar ceguera verosimilista, que no le deja ver los indicios oraculares que le anuncian su futuro (simétrica  a la ceguera física de la psíquica que “puede ver”), le responde ofuscado:

-¡Mi hija está muerta, muerta, muerta! Ella no viene a asomarse con mensajes desde la jodida tumba.

Todo el filme está estructurado como un aviso que John es incapaz de descifrar, es un cúmulo de signos que se enlazan a lo largo de la cinta para advertirle de su destino: las hermanas misteriosas, la madera que cae por casualidad y destruye el andamio y lo deja colgando en el vacío (escena que expresa, literalmentela incertidumbre de John a lo largo del filme, su posición tambaleante, de desconcierto), el cadáver de la mujer ahogada extraído de las aguas venecianas, la elusiva figura de rojo, la imagen de su mujer, de negro, que se escabulle con las hermanas en la barca, e incluso la muerte de su hija que abre la película. Es más, aún el título del film, NO MIRES AHORAes un resumen exacto, admonitorio, que el incrédulo protagonista no podrá develar. Venecia Rojo Shocking afirma con contundencia que el azar no existe. De la misma manera que el director de un filme organiza su mundo ficcional, hay un orden superior que encausa el universo, que nos da pistas, pero somos ignorantes y no podemos descifrar las advertencias. Seguimos encadenados viendo simulacros en la caverna de Platón.

Casi al final de la película el ambiente vuelve a espesarse, las calles de Venecia se vacían e invitan a John Baxter a cruzar el portal hacia el clímax fantástico del filme, en una gráfica, ejemplar y contundente imagen cinematográfica. Hay que notar que el único que puede atravesar el imponente, metafórico pórtico es John, porque le fue reservado con exclusividad. Es el momento decisivo en el que se va a enfrentar con su destino.

Como sucede con toda gran película, el equipo es tan importante como quien conduce, para arribar a buen puerto. Venecia Rojo Shocking tiene un reparto impecable. Y si bien sobresalen Donald Sutherland y Julie Christie en sus protagónicos, no son menores los secundarios de las viejas misteriosas, sobre todo la ciega (Hilary Mason), con esos ojos celestes clarísimos que le dan el aspecto perfecto de pitonisa clásica. La música del maestro Pino Donaggio (que algunos años después formaría una amalgama creativa única junto a Brian de Palma) da el soporte sonoro exacto, y Anthony Richmond en la fotografía otorga a la imagen la espesura visual exacta para esa Venecia de pesadilla.

Nicolas Roeg, definitivamente, no fue un grande. Pero realizó Venecia Rojo Shocking, que es inmensa. No es el primero ni el único que ingresa al Olimpo del cine fantástico acuñando sólo una obra maestra.

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