Ariel Esteban Ramos

Dark – Segunda y tercera temporada

Anteayer (¿y cuándo es hoy? ¡Ja!) comencé a escribir una crítica sobre las dos últimas temporadas de Dark. Cuando tenía ya unas tres páginas muy desordenadas de ideas y referencias, mi computadora sufrió el equivalente mineral de un ACV y perdí todo. Mejor así, porque mis notas eran aún más caóticas que la serie ya incomputable de cruces por la dichosa cueva del bosque. Nada que envidiarle a la audacia de Westworld: ambas series van por todo. Pero ese objetivo total no es gratis: tanto ojo en el detalle puede acarrear descuidos en la estructura, y algo de eso sucede.

Dossier Estudio Ghibli (XIX): Ponyo y el secreto de la sirenita

Miyazaki es un heredero de las grandes tradiciones de la modernidad europea en la medida que retoma sus escenarios, sus temporalidades y sus problemas: el progreso, la técnica, la voluntad de poder, el siglo XX. Si en El castillo vagabundo la reflexión se instala de forma indefinida y creativa a un contexto histórico, en Ponyo se declara abiertamente en clave de fantasía, salvo por la locación de la historia (que es real: la población pesquera de Tonomoura). La ficción trabaja en el cruce de dos historias muy conocidas para la tradición europea: la sirenita de Hans Christian Andersen y la historia de Brunilda en su lectura wagneriana de las sagas germánicas. A nadie que haya escuchado dos notas de Wagner en el Colón o en una película se le escapa que la cabalgata sobre las olas de Ponyo es una creativa transformación del famoso Leitmotiv ahora en tono mayor juguetón, utilizando la melodía principal de la película.

#GimmeShelter: cine, series, libros y otras cosas para sobrevivir (V)

Fui uno de los tantos ingenuos que se emocionó pensando que durante la cuarentena iba a leer dos veces la biblioteca de Alejandría, recordar algo de cálculo diferencial, llenar algún que otro hueco en mi cultura de cine-arte, lograr el lomo de Charles Atlas con esas pesitas de morondanga y subir dos niveles de alemán… que el coronavirus me valga. ¿Qué querías, que te creciera el pelo también? Ya hace un mes que estoy como el ameo David en su cuarto blanco de Odisea del Espacio, flotando en un tiempo de goma que combina los quehaceres de la cocina, la limpieza y la crianza. Mientras tanto, a puro machetazo mental, trato de talar un claro en esta selva de locura colectiva y virtual para trabajar con medios que cuando hice la secundaria eran (¡todavía son!) Ciencia Ficción. Ya perdí la cuenta de las veces en que, deambulando por casa, de repente me pregunto qué hago en la cocina con un par de medias en cada mano. Mandela logró la presidencia después de 27 años encerrado en un 2 x 2 con una mesa, una silla y un balde. Era Superman y nunca nos enteramos.

Dossier Estudio Ghibli (IX): La princesa Mononoke

Para quienes nos hemos nutrido con cepas de Animé tan variopintas como Astroboy , Mazinger Z, Robotech o Akira, el cine de Hayao Miyazaki supone una mezcla de elementos familiares con un universo casi enteramente novedoso. Nuestra prehistoria animada nos acostumbró a las innumerables elaboraciones terapéuticas o meramente catárticas del trauma de la bomba, pero sobre todo a las mil versiones de una hubris tecnocientífica extremada, con resoluciones morales diversas. Sin reducir a meros principios abstractos la proteica variedad de la fantasía nipona, las alternativas que el sol naciente ponía sobre la mesa a la hora de plantearse el problema de la civilización en general y del progreso técnico en particular podían conversar sin mayor problema con el repertorio de metáforas de la experiencia occidental. No extraña que haya tenido su éxito en Japón el impulso filosófico de Heidegger, especialmente el de su reflexión sobre la técnica.

Dossier Estudio Ghibli (V): Puedo escuchar el mar

Los amigos mayores, los buenos, suelen legarnos palabras que sirven. O mejor, que servirán. Uno de ellos me dijo en una época de tribulaciones familiares: “en la vida, lo único que se puede cambiar es el pasado”. Como corresponde, no lo entendí en el momento y necesité que el aforismo se hundiera lentamente en el mar del pretérito para exprimirle algún sentido. Aunque mi amigo nunca leyó a Marcel Proust, hoy creo que su frase sería un mantra adecuado para esa magia que el francés hace en 7 novelas: el tiempo se vuelve el orden en que, de manera gradual, arrítmica y parcial, la memoria y la experiencia se van esculpiendo o dibujando entre sí, como las famosas manos de Escher. Es este mismo concepto, con las diferencias enormes de escala, de ambiente y de motivos, el que permea Puedo escuchar el mar, película menor de Studio Ghibli.

#Polémica: Jojo Rabbit (a favor)

El inicio nos genera la primera sonrisa culpógena, porque arranca sin anestesia “Komm gib mir deine Hand”, versión en alemán de un gran éxito Beatle. El montaje muestra una posible histeria fan de los famosos encuentros de Núremberg, una secuencia que refiere a aquel famoso US Tour del ‘64 en blanco y negro. Sin trigger warning, estamos ya en esa zona ante la cual tantos millennials tiernitos piden reaseguros y salvataje emocional. Pero somos viejos, así que nos quedamos en la butaca y nos preguntamos: ¿qué función que se le va a dar a esta risa posible sobre el capítulo gordo de la historia del nazismo, una ideología directa e indirectamente responsable de 60 millones de muertos? ¿Será apenas una parodia más de todo lo absurdo que suena esta ideología a los oídos superados del siglo XXI?

The King

Friedrich Nietzsche subtituló uno de sus últimos libros “Cómo se llega a ser lo que se es”. Eslogan paradójico que nuestra cultura ha simplificado de esta manera: lo que esencialmente somos es algo que se realiza yendo al encuentro del mundo y de los otros. Es como soberano, encarnación del más alto poder, que Hal debe tomar decisiones implacables asumiendo la responsabilidad total y manifestando una voluntad de hierro. En ese jardín seco, la amistad será el bien más preciado: Shakespeare decidió abandonar al barrigudo Falstaff a su suerte. The King lo aprovecha un poco más, exprimiendo las únicas dos o tres lágrimas que le veremos derramar a Chalamet antes de los títulos.

Tell me who I am

El documental de Netflix Tell me who I am expresa la tensión e hibridación de estas dos formas básicas de trascendencia, aunque articuladas a través de un espejo muy especial: la experiencia de los hermanos gemelos. Quien conoce aunque mínimamente de cerca un par de hermanos gemelos, tiene perfectamente claro que la profundidad y el carácter de la conexión entre esos dos individuos genéticamente iguales es algo casi insondable. La sentencia “tú eres eso”, que para Joseph Campbell define la esencia espiritual de la empatía, no podía ser más adecuada para esta condición.

El Camino

Todo muy interesante, pero: ¿qué era necesario cambiar en Jesse Pinkman? ¿qué parte de su naturaleza podía o debía ser redimida? Un muchacho con buen corazón que se equivocó, varias veces, si. Debe haber sido el mayor emisor y destinatario de empatía en toda la serie. Jesse fue consistentemente durante todas las temporadas de Breaking Bad un personaje extremadamente voluble. Su inseguridad o su buen corazón lo hicieron vulnerable -en el pasado- a la manipulación de (digamos) tres fuerzas: las drogas, su novia Jane Margolis y Walter White. Pero ninguno de ellos está ahí ahora para orientar su redención, para mostrarle el camino; de ahí que Jesse se encuentre por primera vez en soledad, al borde de la libertad.

#Guasón (2): el cristo invertido

Lo primero que lamentamos es que esta historia de origen se queda pronto con muy poco misterio entre manos. Le recorta al Guasón una porción muy importante de su proverbial oscuridad caótica porque maneja una tesis maestra: hay que explicar al personaje. Así, corre el riesgo de comerse todo el relato a fuerza de sociología barata y zapatos de payaso. El Guasón es, además -oh signo de los tiempos-, una víctima paradigmática. La salida del closet de su psicología tortuosa se explicaría como la resultante calculable, el fruto podrido de determinantes que se pueden analizar y descomponer. El sujeto es entonces, (a)penas, un síntoma.

Charlie Says

La manipulación de Manson, por tanto, se nos presenta como el gran enigma de la película, pero en lugar de reconstruirlo, el guión parece listar apenas un par de puntos claros, aunque narrativamente poco interesantes. El primero, los “daddy issues”. Los parlamentos de Manson hacen palanca permanentemente, aunque con un freudismo hippie de estudiante de psicología entusiasmado en el CBC, sobre el punto de apoyo de los temitas no resueltos con papá y sus traumas asociados.

When they see us

A diferencia de cualquier ficción, las reproducciones dramático-documentales de hechos recientes agregan el problema no menor de su exactitud, su veracidad y la necesidad de contrastar la narración con fuentes extrafílmicas. En hechos que se trascienden hacia una significación política, el riesgo quizá no sea tanto ser operado por discursos mediáticos o cinematográficos, inevitable, como exponerse de manera desbalanceada a las distintas operaciones. No podemos más que confesarnos que será cierto diferencial de observación, creencia y experiencia el que llene los huecos de cualquier controversia: por suerte o por desgracia, este es el límite.

Nada es privado

Por supuesto, hay intentos más prosaicos y evidentes de manipulación como The great hack (Nada es privado, NEP), el documental de Netflix que trata de convencernos por medio de la narración audiovisual que somos potenciales víctimas de un sistema perverso de manipulación. Lo dije sin spoiler alert, sepan disculpar. Este documental de Netflix gira en torno un par de cuestiones serias, atendibles y en algunos casos probadas, aunque “docudrama” sería una descripción más precisa debido al tratamiento ficcional de sus materiales

Stockholm

Tengo la mala costumbre de preguntarme para qué se hacen ciertas películas. Sobre todo, cuando se recrean sucesos reales. El Síndrome de Estocolmo forma ya parte de la cultura mediática para explicar algunos casos de la sección de noticias policiales, y recientemente se ha extendido a los de violencia doméstica. En caso de que quien lea estas líneas jamás haya visto un noticiero, baste decir que describe el vínculo afectivo que se forma entre un rehén y sus captores. La denominación de origen de esta condición se relaciona con el intento de robo al Banco de Crédito de esa ciudad en 1973, cuya historia rescata esta película.

Kursk

a familia del mar sería el compartimiento estanco central de esta película, que bien podría leerse como un ensayo sobre los límites, ergo sobre la identidad: la propia familia, la fraternidad de los camaradas, el ejército todo, el Estado, el resto del mundo. En un mundo perfecto, todos estos universos se imbricarían ordenadamente unos en otros como una serie de muñecas rusas. Pero a casi tres décadas de la caída del muro, todavía no estamos en el cándido y mejor de los mundos posibles.

Clímax

“Fama filmada por el Marqués de Sade con una steady cam”. Como todo hype, la línea de crítica que han elegido destacar en grandes caracteres para la promoción de Clímax es excesiva y desorientada. Estimo que sí, que al filósofo y Marqués le habrían encantado las mil variantes del POV de este experimento sociológico con visos de ritual, pero supongo que habrían aparecido múltiples diferencias de método.

Algunas ideas pendientes acerca de Glass

Una interpretación rapidita, con fritas, comenzaría y terminaría con las mismas dos preguntas que planteaban «X-Men» y «Los increíbles»: 1) En este mundo que invita a festejar la diferencia y a la vez es alérgico a las jerarquías ¿tengo derecho a ser especial y a decirle mi verdad al mundo? Al extremo: ¿hasta dónde es aceptable la individualidad?; 2) ¿Qué mundo es mejor: el escenario de los enfrentamientos de estos destacados individuos, héroes y villanos, o la apacible utopía horizontal? Como sea que se respondan ambas preguntas, la emergencia de lo individual es inevitable, aun contra las peores circunstancias.

WP Feedback

Dive straight into the feedback!
Login below and you can start commenting using your own user instantly

Ir arriba