Sergio Monsalve

Mucho Mucho Amor: La leyenda de Walter Mercado

Ha tomado por sorpresa, a propios y extraños, el hondo calado humano de Mucho Mucho Amor, un filme que escapa del traje cosido a la medida del estilo internacional, para abrir nuevas capas de sentido en la comprensión de un personaje prototípico de la historia espiritual del continente.

Chavela

Una modesta entrevista guía la puesta en escena. Las directoras conversan con la protagonista en la cotidianidad casera. El encuadre siempre registra el primer plano y la voz de la protagonista. Eventualmente, la fotografía comparte el contraplano de las reacciones de las interlocutoras. Pero la base del contenido se construye con un testimonio grabado en video. La austeridad de recursos y materiales de archivo armonizan con el legado minimalista del personaje, Chavela Vargas, la indómita cantante que logra ascender en el mundo musical de México, en un país esencialmente machista, hipócrita y puritano.

Nadie sabe que estoy aquí

Desde la productora «Fábula», los hermanos Larraín conducen el equipo de producción de Nadie sabe que estoy aquí, film coronado en Tribeca, distribuido por Netflix. Protagoniza el gigante de buen corazón, Jorge García, una presencia mítica de la televisión fantástica, gracias a su papel en Lost. El actor interpreta uno de los sugerentes metamensajes con los que carga la película, a saber, el de un arquetípico artista separado de la sociedad, por voluntad propia tras sufrir un trauma juvenil.

5 sangres

Pero volvamos a Lee y a 5 sangres. Encuentro aquí a un Spike Lee vital y a la vez, crepuscular. Un director que desea contar la guerra de Vietnam, a su manera revisionista y crítica. Si me preguntan, nada diferente a los procedimientos que asumieron sus colegas como Clint Eastwood, Stanley Kubrick, Brian De Palma, Oliver Stone y Francis Coppola al momento de reconstruir el infierno bélico.En esta caso el cineasta aporta su lectura racial del síndrome de Vietnam y del cine del rearme moral, tras la derrota en suelo asiático, replanteando esquemas y fórmulas, desde el lugar expositivo de los veteranos negros. Un punto de partida interesante en la evolución de la tendencia audiovisual. El planteo es válido, legítimo y coherente con la óptica del autor. Pero la principal falla del filme radica en su doble complacencia, primero con el canon de alargar la narrativa innecesariamente para cumplir con la cuota de enganche de Netflix, y segundo con el inevitable maniqueísmo del director, al conformarse con entonar un réquiem marxista por las banderas de sus padres de la revolución de los derechos civiles, de cara a los fantasmas de la era Trump.

Ya no estoy aquí

La odisea del protagonista de Ya no estoy Aquí es acaso la de la mutación de las estéticas del arte audiovisual azteca en el siglo XXI, pasando de las asimilaciones mainstream de los tres amigos(Iñárritu, Cuarón y Del Toro), a las expresiones descarnadas del realismo poético y abstracto de los aliados de Carlos Reygadas(Amat Escalante y Michel Franco). De hecho, el filme engloba la estilización de la miseria en Amores Perros y Roma, así como el despojamiento de la observación documental perfilado quirúrgicamente por Después de Lucía y Heli, con todo y sus estallidos inesperados de violencia.
Ya no estoy aquí debe incluirse en el top de los estrenos de Netflix en el 2020. De manera sobria expone un dilema de la subcultura popular, evitando los atajos fáciles de la moralina, la demagogia y la corrección política.

Beastie Boys Story

El tiempo los haría íconos de MTV en la globalización de la estética pop, estelarizando algunos de los videos más emblemáticos de la señal, como (You Gotta )Fight four your right (to party), Sure Shot y Sabotage, siendo los últimos dos dirigidos por el aliado creativo del ensamble, un tal Spike Jonze, cuya colaboración se extiende hasta el día de hoy, cuando sale a la luz la película testamentaria del trío dadaísta. Beastie Boys Story debe ser leída también en clave de tributo a la partida física de Adam Yauch, una suerte de Lennon rapero con una genialidad realmente inclasificable por la cantidad de identidades que adoptó, como MC, compositor, militante y director de cine transfigurado en la imagen de Nathanial Hörnblowér, una parodia de un realizador de Suiza.

One child nation

One Child Nation avizoró el impacto tóxico de la propaganda China en el tercer milenio, entre otras prácticas siniestras del partido comunista del gigante asiático. El documental narra en primera persona, como la profética Los rubios de Albertina Carri, el relato familiar de la directora al momento de concebir a su hija, trayendo de vuelta los fantasmas y demonios que la rodearon cuando creció en un país que condenaba judicialmente la procreación libre. Desde el seno de la revolución cultural, el estado decretó el nacimiento de un solo infante por cada matrimonio establecido, de modo de garantizar el supuesto balance institucional y la administración de recursos. Al cabo de los años, la quimera planteada terminó en el escándalo y el bochorno de reconocer su fracaso, al cambiarla de un tajo, de la noche a la mañana, sin pedir disculpas y menos indemnizar a las víctimas del modelo.

#GimmeShelter: cine, series, libros y otras cosas para sobrevivir (VI)

La cuarentena es un hotel Overlook para muchos. Los días transcurren como un absurdo día de la marmota donde das vueltas en círculos como Danny Torrance o los felinos enjaulados de Tiger King, una popular serie de las jornadas del confinamiento, amén de traducir los relatos salvajes de una especie decadente tras la rejas. En mi caso fue útil para pensar las derivas extranjeras, como si las películas me hubieran llevado a los territorios en donde el encierro se vive de forma distinta. Me pregunto si tendremos la misma suerte. Prometo extender la inquietud en una próxima entrega, dedicada a cómo se lleva el trance del Covid 19 en el infierno de Venezuela. Aprovecharé el pretexto del cine, como es costumbre, para narrar una peste nacional que se propaga con la fuerza del coronavirus.

The nightingale

Jennifer Kent se hizo popular por Babadook, una película imperfecta y con algunos memes argumentales que lograban enderezarse por su inventiva estética, inspirada en el gótico de los anticuentos de hadas de Tim Burton. Acaso para dar un vuelco a su carrera, la directora filma The Nightingale. Y lo hace con un realismo historicista que desplaza y deja en segundo plano la condescendencia con el arte hipster de su largometraje previo. El cambio de registro brinda, de nuevo, un planteo seductor en una lectura primaria, pero igual de lastrado por una escritura de un melodrama pretencioso de la corrección política, como si el Steve McQueen de 12 años de esclavitud hubiese poseído a la realizadora para rodar un telefilme binario contra la colonización de Australia. Asimismo el tema no es necesariamente el mismo problema del largometraje sádico y semipornográfico de aquel. El problema es que en el fondo tampoco està tan lejos.

The turning

La historia vuelve, como un bucle maldito, para cobrarse nuevas víctimas en la pantalla. La novela de Henry James, Otra vuelta de tuerca, ha sido objeto de innumerables adaptaciones en series, películas y cuentos de la cripta. Dicen que Alejandro Amenábar se inspiró en ella para filmar su pretenciosa y sobrevalorada cinta de espectros con Nicole Kidman, Los Otros, acaso un antecedente de lo que se insiste en vender con la etiqueta mentirosa de terror elevado. Un tropo que Perro Blanco ha mordido y despedazado en notas que recomendamos revisar. El tráiler de la reciente versión de Floria Sigimondi, del relato en cuestión, generó adhesiones instantáneas en la comunidad de Twitter. El ritmo del avance, unido al diseño de producción de la autora, fue un buen augurio para el inicio de temporada en el mundo efímero del pánico anglo. Sin embargo, la crítica respondió con tibieza e indiferencia ante el estreno del filme, seguramente porque el Oscar dejó a todos con la mirada fatigada y la paciencia al límite de cero, incluyéndome en el lote, por supuesto.

Bad Boys para siempre

Jerry Bruckheimer y Michael Bay encontraron en Will Smith y Martin Lawrence a dos de sus alter egos en el blockbuster de los rebeldes sin causa de los noventa. En aquella época, de regreso boomer a los años dorados de la loca evasión, surge la franquicia (bastante poco exitosa, por cierto) de Bad Boys, con el príncipe del rap en su apogeo como estrella del modelo pochoclero del Hollywood global y finisecular. La comedia de acción, la primera de la saga, era pura herencia del high concept de Un detective suelto en Hollywood, en el sentido de replantear el clasicismo del género thriller desde la periferia de un humorista afroamericano, proveniente de la televisión. En esta tercera entrega, apenas dos cuestiones salvan el filme de la nada, la intrascendencia y el olvido. Una es la aceptación crepuscular de la edad y de unos figurantes que suben el listón en cuanto se ríen de sus propias miserias. Los policías se burlan de sí mismos, de sus achaques, de sus desfases. Un recurso que tampoco es original, pero que al menos brinda un gesto de auténtica revisión desmitificadora.

Judy

Londres ofreció una segunda oportunidad a Judy Garland. En particular cuando su estrella había menguado en Estados Unidos, a raíz de innumerables decepciones sentimentales y profesionales. La película británica, de 2019, explora las vivencias y tensiones de la cantante, entre el recuerdo de su pesadilla americana y el efímero sueño de resurrección que le brindó su estancia en el Reino Unido. Por eso el público de la ansiedad millenial puede sentirse decepcionado con la narrativa del guion, al extrañar el desarrollo de mayor información dentro del canon de un biopic al uso. He leído varias reseñas que reclaman el escaso interés de la película por ahondar en la historia oficial de la protagonista de El Mago de Oz. En lo estrictamente personal, mi vista cansada de la temporada de premios, agradece, por el contrario, que el escritor del libreto decida ahorrarse el trámite de contarme otro relato de la enciclopedia británica sobre el origen, la evolución y la muerte de la protagonista.

Cats

Tomando la inspiración de The Rocky Horror Picture Show y de Haispray, Cats plasma una delirante fantasía que recupera la inocencia clown del primer Melies (si, aunque ud no lo crea), al compás de una charada que cuenta con la complicidad de un casting que baila y canta como en los barrocos entretenimientos de Bollywood, sin renunciar al afecto por cierto mal gusto calculado y un kitsch (con su fascinación con las miniaturas las distorsiones en las dimensiones del mundo) de tercer grado al que abraza. La película, que era candidata a el escupitajo fácil y obvio termina en un extraño mitad de camino entre la conciencia y el orgullo por el acabado imperfecto, incluso aunque algunos involucrados ahora quieran negar su participación en el proyecto.

Watchmen (parte II)

Superada la segunda mitad de los seis capítulos se cumplieron las peores sospechas y pronósticos: Watchmen terminó siendo una forzada adaptación al criterio dominante de la corrección política. Por tanto, una serie complaciente y sintomática del tiempo gris de las narrativas en bucle. Pero atención, porque es un bluff que confundió a no pocos entendidos, habida cuenta de sus aparentes desviaciones experimentales y autorales. La impostura de los nuevos vigilantes se resume en la última entrega de la serie. Nos han mantenido como rehenes de un suspenso falso y distendido que no resolvió nada, es decir, que apenas remató una faena que anunciamos desde el primer episodio.

El buen mentiroso

En el mundo de la posverdad, el director Bill Condon estrena El buen mentiroso, una parábola o una alegoría de una de las génesis del concepto del fraude en la civilización occidental. El filme devela a otro verdugo del fascismo, quien se aprovecha de las debilidades del sistema y del entorno de desmemoria, para cometer golpes y algunas grandes estafas. El buen mentiroso se integra a la segunda corriente de la tendencia, al contar un relato íntimo que explora con sutileza cuestiones vigentes como el empoderamiento femenino y el velo de silencio que pretende encubrir a los acosadores del vano ayer en cuerpo presente.

Midway: ataque en altamar

El género bélico pertenece a un período clásico en fase de reconfiguración en Hollywood, a consecuencia de las nuevas ansiedades del espectador del milenio. En Midway opera un trabajo de la memoria sobre el cine de la segunda guerra. La decisión de Roland Emerich, de rodar un filme a contrapelo de las modas revisionistas y deconstructivas, se antoja como una propuesta de producción al límite del riesgo, de un daño controlado, al menos. No tildaremos de kamikaze la idea de contar otra vez la historia de la famosa batalla del pacífico, antes tratada por el documental y la ficción, pero sí consideramos atrevida la forma de plasmar un relato de tradición histórica, alejado de las ucronías de Tarantino y de los gimmicks de Nolan.

Dolemite is my name

Eddy Murphy ha encontrado un alter ego con el que puede aspirar al reconocimiento de la academia y la crítica, que siempre le fue tan esquivo, sin necesidad de traicionar su idea de “macho humor”, de “King of comedy” del black power. En Perro Blanco hemos marcado una línea de disenso frente al oportunismo de adaptar el marco profundo del progresismo de Hollywood sobre el tema racial en películas como Green Book. Dolemite is my name supone un transgresión al canon del milenio, apartándose de las prédicas sentimentaloides y moralistas de la banda de Oprah. La estrella de Un detective suelto en Hollywood ha filmado así un largometraje revisionista y nostálgico que escapa de los acartonamientos del cine que patrocina el matrimonio Obama.

La noche de las nerds

Booksmart se encuadra en una época de reconfiguración de los modelos señalados, buscando comunicarse con los espectadores que amaron a Lady Bird y que están preparados para consumir la respuesta femenina a Superbad. A ver: la película de Olivia Wilde es eso, pero también una lograda adaptación del arte de la comedia de John Hughes. O al menos es un intento de reconfiguración, al menos tras el declive de la imagen de Judd Apatow, quien ha salido del cuadro momentáneamente, quizás por haber generado más prole y más imitadores de los que hubiera querido. Al mismo tiempo su cine recupera vigencia por otras vías y formas de expresión. Pero la influencia que supo tener a inicios de los 2000s parece haber desaparecido de escena. Pero la herencia cultural del Appatow de hace casi dos décadas continúa o ha cambiado el panorama?

Proyecto Géminis

«Proyecto Géminis clona digitalmente a Will Smith para que un doble suyo, más joven, emprenda una cacería humana contra él, en plan Blade Runner » bien podría ser una premisa de presentación para un logline de una sesión de pitch. Pero quizá sea algo mas que eso. Son el tipo de trucos que tiene que hacer el sistema de estrellas, para sobrevivir. Pero la técnica de duplicación es trucha y lo que parecía una idea buena en papel termina siendo uno de los chistes involuntarios de Hollywood en el 2019.

Watchmen (parte I)

Watchmen, en su nueva versión, traiciona un legado desde la prepotencia reivindicativa de quienes niegan el pretérito, queriendo limpiarlo, higienizarlo y, supuestamente, superarlo. De la ejecución, solo vamos recordando la música de Trent Reznor y el estándar clásico de la cadena de televisión, sin una personalidad avasallante detrás de cámaras. Posiblemente la ejecución cumple con asimilar el canon solemne y artie que instauró Zack Snyder.
Pero después de un intro tan problemático, el show de Damon Lindelof ha logrado enmendar su plana, corregir su propio rumbo, en apariencia, despejando una narrativa más inquietante y retadora para el espectador.

WP Feedback

Dive straight into the feedback!
Login below and you can start commenting using your own user instantly

Ir arriba