Iosi, El Espía Arrepentido

Iosi, el espía arrepentido

La serie creada por Daniel Burman y dirigida por él mismo junto a Sebastián Boresztein sabe coquetear con varias de esas posibilidades que la dejan, en diversos momentos, al borde de un precipicio indeseable. Pero como si se tratara de esos viejos colectivos que hacen caminos de montaña con pilotos experimentados, nunca se cae, nunca deja, siquiera, una rueda en el aire para que temamos lo peor.

Dr. Strange En El Multiverso De La Locura
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Dr. Strange en el Multiverso de la locura

Si bien estamos ante uno de los mejores personajes del MCU -o al menos a uno al que se le ha podido encontrar una vuelta de tuerca suficientemente interesante como para que haya participado en una numerosa cantidad de películas y que siga suscitando interés-, la promesa indicaba que esta segunda entrega de Dr. Strange (que supo tomarse su tiempo para una película en soledad luego de la primera) iba a ser aquella que explotara al máximo las posibilidades de eso que el fandom llama multiverso pero que nosotros podemos llamar un crossover de franquicias. Nada de eso.

Competencia Oficial
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Competencia oficial

Competencia oficial es vieja porque sus recursos lo son. Porque su abordaje de la sátira lo es. Porque su perspectiva -a diferencia de artefactos incómodos y geniales en su melancolía como la menospreciada Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo- expresa una certeza absoluta respecto del mundo que retrata (a esta altura un lugar común que habla mucho más de quien señala que del señalado). Desde esa perspectiva limitada, no hay mayor oferta en esta última entrega que las anteriores.

Belle
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Belle

En Belle se habita un mundo en plural, de manera desdoblada, como si se respirara. Por eso el director se propuso pensar con el mayor vínculo con el presente: dónde encontramos esa cohabitación de existencias sin conflicto? La respuesta es sencilla: en la interacción entre la vida cotidiana y el mundo virtual de las redes sociales. Pero no, no se asusten: Hosoda no es Miyazaki ni nos va a entregar una monserga sobre los males del mundo moderno. En todo caso ese dispositivo elegido es una excusa para narrar con precisión, sin que la elección parezca arbitraria o demagógica.

Rifkin’S Festival
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Rifkin’s Festival

Apesadumbrado? Arrinconado por lo que vendría? No parece. No necesariamente, al menos. En ese orden de cosas Woody Allen (no me gusta llamarlo Woody como si fuera un amigo ni Allen como si fuera un apellido, cuando encima es un segundo nombre) concibe una película hecha por inercia, casi carente de estímulo vital, como su protagonista, que se mueve de manera taciturna, consciente de que su vida de pareja es una pantomima y que su presente es una mera sucesión de momentos sin conexión alguna con el deseo o la vida. En este punto el personaje que interpreta Wallace Shawn puede volver a confundirse (oh, cuantas veces!) con otro de los alteregos de WA.

Only Murders In The Building
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Only Murders in the Building

Hay algo del orden arqueológico cuando ingresamos a y cuando terminamos de ver Only murders in the building. Casi nada de lo que narra, casi nada del tono elegido. Casi nada del humor sofisticado que exuda. Casi nada de los modos actorales que despliega parece reconocerse en el presente. Bien por el contrario, su mirada está puesta en el pasado. Aunque la única excepción es la presencia de celulares, de internet…y de la centralidad de los podcast, como síntoma de contacto con el presente, acaso el único gran vínculo que la serie demuestra.

Rey Richard: Una Familia Ganadora
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Rey Richard: una familia ganadora

Rey Richard es un melodrama en el que la contención, la red de salvataje es justamente el tenis. Como disciplina la película muestra a ese deporte como una de las funciones del deporte en general: salvar a la gente, organizarla, darle un objetivo. Como herramienta dramática el tenis aparece como excusa para mostrar las tensiones entre la familia Williams y un mundo no particularmente predispuesto a aceptar otras reglas de juego. Se podrá decir también (pero la película no habilita esa lectura) que estamos ante una familia de un protestantismo casi puritano, que en su religiosidad construyó una vida hiperactiva planificada en donde nunca hubo espacio para la improvisación.

La Crónica Francesa
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La crónica francesa

Debo decir que por primera vez en un poco mas de un lustro escucho y leo por primera vez cosas como “si, si, está muy bien pero es lo mismo de siempre”. Le habían soltado la mano al bueno de Wes? Hay algo de eso. Quizás haya sido el principal motivo por el cual me volqué a verla: era lo mismo de siempre?
La crónica francesa, en efecto, repite las herramientas, es cierto e ineludible. De hecho quien quiera ir a ver y corroborar lo conocido, podrá hacerlo. WA está ahí en sus materiales y en sus herramientas. Esa es la materialidad de su cine, por eso en ese aspecto la identidad autoral se mantiene dura e inconmovible.
Pero hay algo que cambió, motivo por el cual me toca defender a WA en esta ocasión. El cambio es “esrpiritual”. CÓMO? Si, el director construye una historia coral como en la mencionada El gran hotel Budapest, de la cual podría pensarse que La crónica francesa es una rescritura descontracturada y disociada del anclaje literario de Stefan Sweig que si estaba en aquella película de 2014.

Mar Del Plata 2021 – Diario De Festival: Pr1Nc3S4, Dark Light Voyage, Chango, La Luz Descubre
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Mar del Plata 2021 – Diario de festival: Pr1nc3s4, Dark Light Voyage, Chango, la luz descubre

Asi las cosas, y en esa dirección de obra, Pr1nc3s4 es un pequeño prodigio. No porque carezca de errores, de problemas, de inconvenientes. Sino porque en ella (al igual que sucedía en Favula) se concentra toda una serie de ambiciones infrecuentes para el cine argentino, cada vez más reacio a cualquier tentativa de riesgo o de apartamiento de ciertos lugares comunes conocidos y atendibles para un público acostumbrado a esos modos.

Finch
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Finch

Finch es una película hankiana también porque no se trata de un proyecto autoral (desde hace rato que el actor ha elegido participar de proyectos en los que la narración depurada e impersonal (en el mejor de los sentidos) sea más importante que el dueño del aparato de escritura cinematográfica), sino que se configura como una película de furiosa raíz clásica, precisamente porque confía en el lenguaje de las imágenes (incluso más allá de algunas agachadas y verbosidades innecesarias del último tramo)

Por El Dinero
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Por el dinero

De toda la banda de cineastas salidos de la FUC hay dos que supieron encarnar como nadie las formas del cine que admiraban. Tanto Alejo Moguillansky como Matías Piñeiro resultaron ser las mejores encarnaciones y continuaciones de buena parte de los intereses cinéfilos que siempre rodearon su obra. Posiblemente el gran enlace entre ambos sea Rivette. Pero mientras que Piñeiro se pone renoiriano cada vez que puede, a Moguillansky lo tienta un componente más chileno: Raúl Ruiz.

El Culpable
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El Culpable

Se ha querido establecer paralelismos (desde su homónimo original, la película danesa La culpa, cuya reseña pueden leer en este link) entre El Culpable y una presunta diversidad de referencias que oscilan entre el cine de Alfred Hitchcock, el de Brian De Palma, el de Dario Argento (e incluso el de Michael Powell), el cine de William Friedkin o incluso el de Paul Schrader. Pero como cada película es un mundo, con las referencias, con los diálogos intertextuales, excepto que sean expresos y directos, es decir, voluntarios, no hacemos nada. Por eso a las películas hay que pensarlas desde cero, porque como sentenciaba Francois Truffaut, todas nacen iguales. Y merecen su derecho de origen a la escucha y al visionado. Por eso entrar a esta remake de la mano de las influencias y de las comparaciones puede ser fácil, puede parecer sofisticado, pero en el fondo se siente como un ejercicio ocioso.

Cry Macho (Ii)
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Cry Macho (II)

Entonces llega Cry Macho. No llega en Diciembre/Enero como casi siempre llegaban sus películas a las salas. Llega en septiembre, en el fin del invierno del hemisferio sur, como si negara el otoño, como si abrazara la primavera a la vuelta de la esquina con una impunidad de joven y lozano. Y como bien dice Sebastián Rosal (en esta extraordinaria nota), la reinvención de Eastwood tiene la cara de un cuento de hadas, que precisa de un tiempo y un espacio distinto, aislados del mundo. Pero esto no existía en el director previamente? Si me preguntan no puedo dejar de pensar en ese artificio vuelto hacia adentro de la obra eastwoodiana que fue Bronco Billy (película con la que Cry Macho tiene más de un punto en común).

Las Ranas
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Las ranas

No es nuevo: el cine de Edgardo Castro es un cine de cuerpos. Casi no existe otra cosa que no sea el cuerpo. Pero también es un cine de inversiones. En el cine del director lo íntimo puede ser ajeno, lo escatológico puede ser un ejercicio de cuidado, el espacio público puede ser un hogar. En ese orden de inversiones lo que sucede con Las Ranas acaso no sea distinto, pero al mismo tiempo lo es: Edgardo Castro deja de ser el centro de su propio cine y se relega a sí mismo para poder acceder a los demás. En ese movimiento, no obstante, el cuidado se intensifica: todo el recorrido que vemos en la película (Barby, la pareja de un joven preso al que visita y cuida, llevándole toda clase de elementos necesarios, pero fundamentalmente afecto) parece condenado a describir un mundo ajeno y marginal, extraño y casi turístico.

Reminisencia
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Reminisencia

Reminisencia, para decirlo académicamente, es un pato criollo: a cada paso que da, una cagada que se manda. Pero el morbo nos petrifica y no podemos dejar de ver cómo se degrada en su recorrido en el que intenta fichar al mismo tiempo a las formas del cine noir con las estrategias de una ciencia ficción cercana a la década del 80 con melodrama de intensidad hiperbólica (romanticismo desatado, obsesiones malsanas, retornos a la escena primigenia).

La Calle Del Terror Parte I (1994)
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La calle del terror Parte I (1994)

Hay un aspecto que conecta a 1996 con 2021. Hoy, como en aquel momento, el terror se encuentra en un momento de stand by, como si precisara repensar la estrategia de continuidad para avanzar y pensarse mejor. En aquel momento el slasher era lisa y llanamente una mala palabra, un olvido que había sido abandonado casi una década atrás con los últimos casos medianamente rescatables del género entre 1987 y 1988. Por eso Scream (Wes Craven, 1996) supuso una sorpresa para el terror mainstream de mediados de los 90s, habitualmente entregado a thrillers de asesinos seriales o a las últimas rémoras de viejas secuelas ochentosas (aunque en otras latitudes se estaban cociendo habas que germinarían posteriormente).

Black Summer – Segunda Temporada

Black Summer – Segunda temporada

Las segundas partes no son buenas. Más bien pueden ser gloriosas. Las segundas partes pueden o bien profundizar errores o resolverlos. Pueden reformular ideas y amplificarlas para bien. O discurrir en tonos, historias, ideas que fueron abandonadas en un inicio. Pero las segundas partes también pueden, literalmente, reescribir a las primeras, como si estas nunca hubieran sucedido. Algo del orden de las reboots. Frente al medio tono, frente a las imprecisiones y las ideas a mitad de camino de la primera temporada, la segunda de Black Summer hace algo más que la anecdótica frase “subir la apuesta”. Es decir: técnicamente lo hace. Pero no se queda solo en ese atisbo.

El Conjuro: El Diablo Me Obligó A Hacerlo
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El conjuro: El diablo me obligó a hacerlo

No, estimado lector. No se deje engañar por el hermoso plano que ilustra esta nota. Casi nada de esa promesa inicial se sostiene sobre el resto de El conjuro: el diablo me obligó a hacerlo. Está mal? No necesariamente. La película fue castigada por el prologo cuando las dos partes previas de la trilogía hacía exactamente lo mismo: contextualizaban al matrimonio en casos precedentes, a modo de construcción indicial, pero no necesariamente de continuidad narrativa. Quizás sea por eso que en esta tercer entrega molesta: porque la promesa de conexión con lo que prosigue parece mucho más clara, no obstante la relación termina siendo un poco vaga, la presencia diabólica en cuestión se reduce a un mero anzuelo.

A Shaun The Sheep Movie: Farmaggedon
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A Shaun the Sheep movie: Farmaggedon

A título personal tengo que decir que tengo una especial debilidad por las películas realizadas en claymation & stop motion (animaciones en plastilina cuadro por cuadro, para quienes no conozcan los términos), por lo tanto cualquier cosa, literalmente, cualquier cosa que se asemeje a esa técnica me supone convocado como si lanzaran la batiseñal. No obstante lo que le pasó a A Shaun the Sheep movie: Farmaggedon (de aquí en más la llamaremos Farmaggedon…y nunca, pero nunca el título espantoso que le puso Netflix en español, Granjagedón) es un verdadero misterio.

#Postbafici 2021 – The Old Man Movie
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#PostBafici 2021 – The old man movie

Pero The old man movie es bastante más que una sucesión de referencias y formas posibles. Es también una sucesión de descalabros que organizan un devenir delirante que nada tiene que envidiarle a los Hermanos Marx y a Bill Plympton. Pero además de ser una comedia físico-escatológica hermosa y libre, también estamos frente a una película política, que no se olvida de la historia. Por eso todo el sistema discursivo de The old man movie está atravesado por el juego de la mirada retrospectiva a los regímenes comunistas, como si en alguna medida en ese viaje a la casa de campo de los abuelos de parte de un trio de niños-preadolescentes del presente también operara un viaje en el tiempo.

Bafici 2021 – Diario De Festival: Los Visionadores/The Annotated Field Guide Of Ulisses S. Grant/So Late So Soon
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Bafici 2021 – Diario de festival: Los visionadores/The Annotated Field guide of Ulisses S. Grant/So Late So Soon

Este año Bafici se desplegó de forma asimétrica en distintos niveles de acción. Esto genera la percepción de un festival ecléctico. Pero al mismo tiempo lo que tiene de libre e inesperado (que no es sinónimo de bueno, ojo) también lo tiene de disparejo. Esto es bueno y malo a la vez porque permite establecer relaciones de continuidad y discontinuidad, de parentescos y diferencias marcadas que van organizando nuestro programa diario y semanal.

Rifkin’S Festival
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Rifkin’s Festival

Apesadumbrado? Arrinconado por lo que vendría? No parece. No necesariamente, al menos. En ese orden de cosas Woody Allen (no me gusta llamarlo Woody como si fuera un amigo ni Allen como si fuera un apellido, cuando encima es un segundo nombre) concibe una película hecha por inercia, casi carente de estímulo vital, como su protagonista, que se mueve de manera taciturna, consciente de que su vida de pareja es una pantomima y que su presente es una mera sucesión de momentos sin conexión alguna con el deseo o la vida. En este punto el personaje que interpreta Wallace Shawn puede volver a confundirse (oh, cuantas veces!) con otro de los alteregos de WA. Pero no, en todo caso es una expresión simbólica del mismo aparato discursivo que construye la película. Porque al final de cuentas la historia que cuenta es la de un presente carente de interés, en donde los festivales son una junta de snobs (acusación que puede ser parcialmente cierta, parcialmente falsa, como casi todo en la vida), donde el matrimonio es un teatro que se mantiene más que nada por rutina que por amor y, finalmente, la película es un pequeño cuento moral sobre la reconexión con el deseo. O al menos con un deseo de reencuentro consigo mismo.

Fantasma Vuelve Al Pueblo
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Fantasma vuelve al pueblo

Fantasma vuelve al pueblo, amén de la literalidad poco poética de su título y opuesta a los nombres elípticos del NCA, parece una película de otra época. Parece una película de Trapero, de Rejtman, de Caetano, de Moscoso. Incluso hay algo del cine de Rebella-Stoll aquí (no hay que ir muy lejos para darse cuenta de esto con el protagonismo de Alfonso Tort y su rostro inexpugnable). Fantasma vuelve al pueblo parece una película hecha por un joven de los años 90, de finales el menemismo. De hecho el comentario no es ocioso ni casual: todo lo que vemos en ese retorno del protagonista con nombre espectral, que retorna a un pueblo pequeño en Misiones, nos regresa a los 90s, como si ese espacio se hubiera quedado detenido en el tiempo en el que le mismo personaje lo abandonó. CDs, locutorios, cervezas y juegos en la calle con una sugerente ausencia de celulares, casas paternas detenidas en un tiempo todavía más lejano, música que remite a éxitos avejentados (pero sin ningún guiño retro, aclaremos).

Soul
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Soul

Ya comenzamos mal. O al menos con un error: Soul no es una mejora, una reescritura de Intensa-Mente (una película malentendida y despreciada injustamente), sino que funciona, bien por el contrario, como la versión vulgar de aquella, como si Pete Docter hubiera desaprendido todo lo que alguna vez supo ser: el responsable de Monsters Inc y Up. Si en Intensa-Mente se preguntaba por el modo de continuar y resolver la tensión entre la autonomía del mundo propio y la imitación del mundo exterior

#Postmardelplata2020: Las Ranas
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#PostMarDelPlata2020: Las ranas

No es nuevo: el cine de Edgardo Castro es un cine de cuerpos. Casi no existe otra cosa que no sea el cuerpo. Pero también es un cine de inversiones. En el cine del director lo íntimo puede ser ajeno, lo escatológico puede ser un ejercicio de cuidado, el espacio público puede ser un hogar. En ese orden de inversiones lo que sucede con Las Ranas acaso no sea distinto, pero al mismo tiempo lo es: Edgardo Castro deja de ser el centro de su propio cine y se relega a sí mismo para poder acceder a los demás.

The Crown – Cuarta Temporada

The Crown – Cuarta temporada

Debo admitir que comencé tarde con esta serie. La vi de manera desordenada. Tercer temporada, cuarta, primera y segunda. Si, yo soy asi. Me spoileo solo. No importa. Como fuera recién al terminar las primeras dos temporadas obtuve el pantallazo completo. Por eso al reponer el estilo previo se comprende con mayor claridad que el estilo de la serie de Peter Morgan está en la redundancia. Y en este sentido, curiosamente (ya que la redundancia sirve para reafirmar ideas que pudieron no haber quedado claras) la cuarta temporada adolece de esa decisión justamente cuando mas conocemos a los personajes. Sospecho que algo de esto puede tener que ver con un especialista en los subrrayados, que en esta caso oficia como productor: Stephen Daldry, el responsable de Billy Elliot.

Súbete A Mi Moto

Súbete a mi moto

Creo que todos los que rondamos los cuarenta (o que los excedemos) comenzamos a fantasear con el morbo de las series sobre personalidades famosas de nuestra infancia: desde Olmedo y Porcel a Susana Gimenez y Moria Casándosela. Desde Monzón y Maradona hasta el clan Puccio. Pero claro, el sentimiento de recuperación desmitificada respecto de la experiencia de los 80s bien puede hacerse extensiva hacia otras latitudes. Acaso nadie fantasea con la serie sobre el detrás de escena y la tragedia de Nubeluz ? (estimados millenials/centenials: deberán googlear buena parte de los nombres aludidos, lo siento.) Nadie fantaseaba con la serie sobre Luis Miguel, sobre ciertas bandas de Rock Latinoamericano? Bueno: hace un par de años apenas tuvimos el gusto (sorpresivo, no lo voy a negar) de disfrutar la gran serie sobre Luis Miguel (cuyo excelente diálogo pueden leer en este link). Luego vino el documental sobre el grupo Parchís. Imagínense qué pudo haber pasado por el cerebro de varios cuando nos enteramos que íbamos a conocer la serie sobre Menudo. Bueno, ese momento llegó. Ahora bien: Súbete a mi moto es la serie sobre el morbo que esperábamos ver? Quizás no, con todo lo bueno y lo malo que esto implica.

Dossier #Contralacorrecciónpolítica: Una Introducción De Mierda
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Dossier #ContraLaCorrecciónPolítica: una introducción de mierda

El siglo XXI está sacando todos los boletos para consolidarse como un siglo de mierda porque nos vienen exponiendo a miradas reguladoras y totalitarias. Pero lo hace desde una perspectiva tan inorgánica, tan difícil de asir, que a primer vista no podemos sino disentir con cualquier amenaza de totalitarismo. No hay futuro orwelliano ni huxleyano ni de otra clase que se parezca a las antiutopias que conocemos. No hay distopía en el horizonte (amén cierta pandemia incómoda que pronto superaremos, asi que nada de “nueva normalidad”: intentemos recuperar nuestra vida en vez de bajar la guardia tan rápido), pero el horizonte es oscuro como un arcoiris. Es una oscuridad multicolor, en donde todo lo que para muchos antes era natural (la convivencia con experiencias diversas en lo sexual, en la identidad de género, en la representación étnica, nacional, social, de clase, religioso y de los tipos y clasificaciones que se les ocurran) hoy es impostado e impuesto. Pero, ojo, no hablamos de “natural” como un hecho dado, sino como un producto de tensiones y resoluciones en la historia de la experiencia humana. Es posible que la experiencia humana tienda a una regulación en los niveles de lo público pero también de lo privado? Si. Pero es una regulación habilitada por los mismos consumidores. Se llama totalitarismo. Inorgánico, pero totalitarismo al fin.

El Diablo A Todas Horas
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El diablo a todas horas

Si en efecto existe toda una tradición en la novela negra americana (aquella que decide mirar hacia el interior profundo del centro del país, pero también hacia el sur empobrecido mas alejado de las costas) sobre el malestar, sobre la estructura de la pesadilla detrás del horizonte marketinero del Estados Unidos de la pax americana eisenhoweriana, esa tradición no está en El diablo a todas horas. Y es que hoy por hoy a cualquier cosa se la califica de “gótica”, cuando en realidad el cumplimiento de esa condición supone un recorrido que no roza ni ligeramente con el pesimismo de cierta novela negra hiperrrealista. Que Faulkner, que McCullers, que O’Connor y varios otros mas. Son caballitos de batalla rápidos y al paso para la clasificación ligera. No: el pesimismo de la mirada cruel de esos autores justamente estaba atravesado por una condición materialista, dolorosa, corporal, pesada. Pero lo de la película de Antonio Campos es otra cosa. Es una suma de lugares comunes del pesimismo de esa formación genérica conocida como Americana movies solo que atravesada, antes que por una mirada oscura, por una mirada religiosa, impiadosa.

Greyhound
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Greyhound

No se precisa demasiado: una sucesión de miradas conectadas hacia un fuera de campo múltiple, un puñado de horas concentradas entre el día y la noche, aislamiento suficiente como para sentirse sin resguardo ante el peligro, un amor que espera, un enemigo invisible, un encadenamiento ingobernable de tensión maquinal sin descanso. Greyhound no solo no parece actual. No pertenece a este tiempo. Es Eastwood sin Eastwood. Pero también es otra cosa. Porque ahí donde el cine del nonagenario ha aprendido a dar paso a nuevas y distintas voces, que le otorgan al cine de aquel un volumen humano que en muchas ocasiones el clasicismo mas seco no se permite, aquí todo es sequedad, gestos microscópicos, avances por medio de ráfagas contenidas y, finalmente, un visible estado de fe en la imagen. Porque en Greyhound la imagen es portadora de tal grado de economía que es dificil encontrar exponentes contemporáneos que otorguen tanta expresividad sintética.

Fin del Contenido

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