Pedro Gomes Reis

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Mare Of Easttown Brad Ingelsby

Mare of Easttown

El aliento balzaciano de la serie de Brad Ingelsby no es nuevo. Me atrevería a decir más bien lo contrario: nos lleva casi dos siglos atrás, en donde las narrativas realistas, impregnadas de interconexiones evidentes en el contexto de acción, eran la regla. En este sentido, si ponemos atención, la estructura de Mare of Easttown puede no ser novedosa, pero tampoco juega a ser retro

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#DossierMonteHellman: Los primeros años. Flight to fury & Back door to hell

Con un primer largometraje encima y con la escuela Corman que supuso la participación en The Terror y en otros largometrajes (en los que los directores de segunda unidad combinaban poderes pero el que decidía el toque final era el zorro Roger), Monte Hellman hace su jugada cormaniana y también pergeña hazañas como esta, al filmar dos largometrajes a la vez, en ambos casos emparentados en mayor o menor medida con el espíritu del cine bélico.

Monte Hellman

#DossierMonteHellman: una introducción nómade

Nowhere Man Como bien sabemos la muerte siempre trae alguna clase de reivindicaciones y reconocimientos que son bastante más difíciles de encontrar en vida. Sea como fuera, prontamente sabremos qué pasará con la obra de Monte Hellman. Y de aquí a los próximos años veremos qué sucede con un montón de directores con los que …

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Little Fish Portada

Little Fish

Al iniciar la película sentimos un deja vu que nos retrotrae irremediablemente a Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, referencia explícita y sin tapujos por parte de esta película que juega a construir un lirismo que no pertenece a su época, acaso demasiado reñida con las formas del amor romántico representado en pantalla. Por otro lado, es inevitable pensar que algo de lo que plantea (la persistencia de una enfermedad con forma de pandemia o similar que genera estragos en los habitantes del planeta y los lleva a perder irremediablemente la memoria, o bien de golpe o bien de forma progresiva) esta en directa consonancia con el presente

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Tres documentales en los #Oscar: Campamento extraordinario/Mi maestro el pulpo/Time

Agotado por ciertos vaivenes de la semana, en la última semana de marzo me tomé el trabajo de ver o bien de rever algunos documentales nominados para los premios Oscar, de ceremonia inminente. A lo largo de tres jornadas me dispuse a completar la tanda de documentales que había iniciado con El agente topo y con la excelente Collective. Considerando que me quedaban tres más y no mucho tiempo extra, me dispuse a ver el resto del material que supuse estaría a la altura de los otros dos que había visto. Error.

No Va Más

#PostBafici 2021 – No va más

Filmada a seis manos y tres cabezas (algo que indican los créditos pero que por motivos que desconzco no aclara el director a la hora de subir la ficha técnica a sitios como Imdb o Filmaffinity), la concepción de No va más es plenamente fillipeliana. La confianza en el plano fijo y el montaje interno como forma de descubrimiento del mundo, de las acciones dentro y fuera del cuadro y, finalmente, dinamizador del espacio audiovisual es una de las armas más claras y definidas de su cine.

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Barb and Star go to vista del mar

Nada de lo que cuenta el cuento moral super feminista con corazón de copo de azucar que es la película escrita, pensada (y casi casi dirigida) por Wiig y Mumolo nos puede dejar afuera. Hay mucho amor puesto ahí, es cierto. También hay ideas. La película es pletórica en ingenio y en microgags que se pierden en el camino, como si lo suyo fuera la desesperación por meterlo todo en una misma caja, como si se tratara de una primer y una última película a la vez. Pero Barb and Star go to vista del mar es también, a su manera, una película fallida.

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Bafici 2021 – Diario de festival: Responsabilidad empresarial/Algo se enciende/El Baldío

Los amigos de Perro Blanco me encargaron una tarea interesante, una de esas que solo los extranjeros podemos llevar acabo respecto de los países que no son propios. Me pidieron que eligiera tres películas argentinas que aludan indefectiblemente a vuestra realidad. Y que hable sobre ellas sin tapujos, que es algo que a veces sucede con ciertos críticos locales respecto del cine del propio país. No temais, ojo: no planteo hacer ninguna clase de declaración rimbombante o explosiva, simplemente intentaré pensar por fuera de la caja. Para eso me voy a concentrar en tres casos: en el último largometraje de Jonathan Perel (de quien había visto El predio, Toponimia, Los murales, 17 monumentos y Tabula rasa), una ópera prima y una película pequeña de una realizadora con algo de experiencia encima como lo es Liliana Paolinelli. Veremos qué es lo que sale.

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Tenet

Para quienes vivimos del otro lado del Atlántico algunas cosas se nos hicieron mas accesibles mientras la pandemia atacaba a Latinoamérica sin la menor contemplación. Ahora la segunda ola viene por nosotros. Y de vuelta los cines -eso que ha quedado vedado para tantos países del mundo- nos dan la espalda. Pero en el medio, mientras la primavera duró, pudimos ver cosas como las que propone Nolan. Y debo decir que en tiempos de encierro, el retorno a las salas, a las pantallas grandes, a el gran espectáculo, quizás se vea mas espectacular de lo que realmente es. No obstate el cine de Christopher Nolan es eso: un cine con gigantismo, pero casi completamente incapacitado de identificar la dimensión humana del movimiento. Por eso su cine es una máquina cerebral que retorna a las formas de modernismo narrativo que en los 60s y 70s hacían ruido entre los espectadores (de Resnais a Roeg, de los directores checos -como Oldrich Lipsky, el responsable de esa locura olvidada que es Happy end, una película íntegramente contada de atrás para adelante- a los polacos -como Kieslowski-) y que hoy apenas puede ser mirado porque el espectador contemporáneo, asumo, tiene bastante menos paciencia que el de hace cuatro décadas.

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Truth Seekers

Truth Seekers, es, por decisión propia (y en parte también por defecto, ya que algunas de las cosas que se plentea quedan a medio camino debido a la incapacidad de transitar el formato entre la autonomía de las antologías y el continuo propio de los seriales) una serie sobre arcos dramáticos, con personajes que deben resolver cuentas pendientes. Esa sensación de fragilidad que exhiben a lo largo de 8 episodios, no obstante, precisa de las conspiraciones y tramas sobrenaturales, si, pero al mismo tiempo bien podrían prescindir de ellas. En ese punto es que uno se pregunta si la serie se maneja con la misma precisión -con el género que aborda- que los dos creadores supieron demostrar en otros tiempos. Porque si bien es cierto que hablamos de personajes queribles, la sensación que trasciende es que algo del formato de los géneros como excusa comienza a desgastarse de a poco. Por eso también se siente el peso de la ausencia de un autor que encarrile ese recorrido ya sea por el policial, por el terror, por el fantástico o por la ciencia ficción, como los trabajos compartidos con Edgar Wright.

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Trying

La operación de Trying es sustancialmente distinta a otras porque su relación con el mencionado costumbrismo es al mismo tiempo que directa, elíptica. Para lograr eso es que precisa abrazar a los lugares comunes (hacer radiografías de familias y amistades, de generaciones y consumos, de gustos y elecciones vitales). Pero cuando los abraza y los reconoce comienza a horadarlos por dentro a puro gusto por el detalle, que es lo que hace personas a los personajes. Ese registro por lo mínimo, por el valor dramático de los objetos, esa capacidad de reconocimiento de lo minucioso como orden diferenciadora entre las personas es, curiosamente, un gesto muy similar al de los guiones de Norah Ephron, en particular el de Cuando Harry conoció a Sally.

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Al diablo con las noticias

He vuelto a ver la última gran película de Adam McKay antes de convertirse al lado oscuro de la seriedad y la legitimación pública. No fue igual el efecto: en 2013 la película parecía pertenecer a una forma de humor inextinguible. Hoy por hoy, en cambio, es una rémora del pasado. Por eso, en este segundo visionado, Al diablo con las noticias se vuelve una película urgente.

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El Baile

El mundo real, el mundo material, es uno plagado de dolor, de problemas, de contradicciones, de inconvenientes varios, en donde hay que negociar, en donde no todo queda sometido al deseo como motor primario (e incluso cuando el deseo no puede cumplirse no podemos posicionarnos como víctimas: se gana y se pierde, de lucha y se negocia: es al principio de toda experiencia adulta). El mundo que describe The Prom (no confundir con El Baile de Etore Scola, por eso la llamo con su nombre original) no es un mundo adulto ni un mundo ideal (aunque esté repleta de puntos de contacto con Disney), es un mundo de ideas y un mundo de jardín de infantes. Pero bueno, al final de cuentas, todo musical no tiene un poco de eso? Si y no.

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Tenet

Para quienes vivimos del otro lado del Atlántico algunas cosas se nos hicieron mas accesibles mientras la pandemia atacaba a Latinoamérica sin la menor contemplación. Ahora la segunda ola viene por nosotros. Y de vuelta los cines -eso que ha quedado vedado para tantos países del mundo- nos dan la espalda. Pero en el medio, mientras la primavera duró, pudimos ver cosas como las que propone Nolan. Y debo decir que en tiempos de encierro, el retorno a las salas, a las pantallas grandes, a el gran espectáculo, quizás se vea mas espectacular de lo que realmente es. No obstate el cine de Christopher Nolan es eso: un cine con gigantismo, pero casi completamente incapacitado de identificar la dimensión humana del movimiento. Por eso su cine es una máquina cerebral que retorna a las formas de modernismo narrativo que en los 60s y 70s hacían ruido entre los espectadores (de Resnais a Roeg, de los directores checos -como Oldrich Lipsky, el responsable de esa locura olvidada que es Happy end, una película íntegramente contada de atrás para adelante- a los polacos -como Kieslowski-) y que hoy apenas puede ser mirado porque el espectador contemporáneo, asumo, tiene bastante menos paciencia que el de hace cuatro décadas.

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