¡Ayuda!

Por Luciano Salgado

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Estados Unidos, 2026, 113′
Dirigida por Sam Raimi.
Con Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edyll Ismail, Xavier Samuel, Chris Pang y Dennis Haysbert.

El joven Sam

Hay una serie de variantes en la obra de Sam Raimi. Como en casi todo director formado en las mieles del cine ultraindependiente -máxime cuando pegan el salto a los grandes presupuestos- algo delas viejas cenizas, del viejo amor, queda todavía humeando. Digo que hay variantes porque es el mismo Raimi el que se encargó de hacer mutar a su propio cine a lo largo de cuatro décadas. Y sin que esto suponga un juicio de valor sobre sus películas, su identidad autoral también siempre estuvo ligada a su eclecticismo: no es igual el Raimi de los 80s pre Noche Alucinante(1987) que el que llega hasta Rápida y mortal (1996) como inicio de una transición hacia un mainstream mas definido que finaliza con Premonición (2000). El Raimi del pleno mainstream (2002-2008) no es el mismo que el que tuvo que reinventarse entre Arrástrame al infierno (2008) y Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022), siendo los últimos 20 años los mas impersonales de su obra (algo que el mismo Raimi intentó contrapesar con su rol como productor, como si por esa veta lograra una vida creativa vicaria que iba perdiendo como director).

Quizás por todo lo anterior la mera y remota posibilidad de que Raimi volviera al ruedo con: a)ideas de la primera etapa, b)prestigio de la segunda y c)dinero de su versión mainstream, en definitivas cuentas, es lo que terminó por enamorar a los esperanzados. «¡Vuelve el Raimi del pueblo!». Bueno, malas y buenas noticias. ¡Ayuda! recupera lo mejor de la comedia negra que siempre estuvo en el cine del director (de hecho podría pensarse que casi todo su cine estuvo siempre alimentado por el espíritu de lo cómico y nosotros no supimos verlo). Pero…¿es para tanto?

Pedirle a Raimi algo parecido a una forma festivalera de autoralidad es justamente lo que no va a pasar. Asi que no podemos sino festejar que en ¡Ayuda! no hay nada mas lejano a la domesticación de la bestia. Sin ir más lejos somos testigos de verdaderas salvajadas, acaso teñidas por un código que no permite tomarse el juego demasiado en serio (la película ha sido leída como un panegírico feminista, cuando mas bien parece su parodia). Pero al mismo tiempo sentimos que a todo el asunto parece faltarle un golpe de horno, como si la pareja dispareja (una suerte de versión oscura de Insólito destino, de Lina Wertmuller) hubiera podido llevar el juego hacia un terreno todavía más desatado e incómodo (algo que incluso se nota en la forma, con un Raimi menos manierista y más «clásico» en sus formas y decisoiones) pero se hubiera quedado a la mitad.

Así las cosas, el retorno de Raimi -incluso aunque no sea el mejor, pero si con las armas de distintas etapas de su ecléctica carrera- no deja de ser un acontecmimento auspicioso. Más en un contexto en el que la corrección política supo hacer estragos. Quizás en la siguiente la vara quede aún más alta. Y el salvajismo quizás lo traiga de vuelta a la juventud desbordada de los primeros años.

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