Bafici 2024 – Diario de festival : Fox and Hare save the forest, Snot and splash, Nina et le secret du herrison, Linda veut du poulet!

Por Marcos Rodríguez

Por esas cosas de la vida, me tocó asistir finalmente a algunas funciones del Baficito, esa sección que siempre hojeé con curiosidad pero que nunca frecuenté. Este año, pude ver los cuatro largos que componían la sección (a los cortos no llegué) y casi que podría decir que fue lo mejor de mi Bafici 2024, con lejos lo más placentero. No sé si será así todos los años, pero en este festival descubrí en la sección no solo películas bellas sino también propuestas vibrantes que cuestionan y exploran el cine mismo.

De las cuatro películas, podría distinguir dos grupos: lo que podríamos llamar propuestas más “clásicas” y las que eran formalmente más desafiantes. Dentro de este primer grupo se encuentran la finlandesa Snot and Splash y la holandesa (con visibles tonos internacionalistas y voces en inglés) Fox and Hare Save the Forest. Ambas trabajan, en mayor o menor medida, sobre el esquema del cuento tradicional. En el caso de Fox and Hare, de manera explícita: los animalitos parlantes y amables que habitan un bosque virgen podrían vivir en cualquier cuento infantil tradicional, y se trata de la película que apuntaba al público más joven de todos. Nada de todo esto, por supuesto, dicho en detrimento de la película: es una propuesta encantadora y preciosa, que conoce y entiende perfectamente los elementos con los que trabaja, tanto en términos de argumento como en superficies de animación. Todo está bien en Fox and Hare…: desde la sencillez de su historia y de las motivaciones de sus personajes al humor absurdo e inesperado, sin olvidar el uso fundamental de la música, que llena de vida y de ritmo la película.

El caso de Snot and Splash es un poco más desquiciado, pero no deja de ser clásico: historia de aventuras de dos hermanos que se van a pasar las vacaciones en la casa de la abuela. Un viaje al corazón helado de Finlandia, donde la gente es rara y uno (desde acá, del otro extremo del mundo) no puede terminar de entender por qué no termina de entender lo que va pasando. A partir de este inicio, sin soltar nunca la tersura de un relato fuerte, todo empieza a salirse de sus goznes: al principio puede parecer que el sinsentido entra solo por el lado del humor, pero la apuesta de la película se la juega a fondo. Ciencia casi mágica, control mental odontológico, angustia existencial aparatosa, montañas de pancitos dulces que la abuela nunca deja de hornear aun si nadie se los come. Snot and Splash nunca subestima a su espectador, no da un paso atrás y sabe mirar a sus personajes a los ojos, para que podamos creer en su carnadura, sus problemas y sus dilemas, por más peregrinos que puedan parecer.

Las otras dos películas tienen bastantes puntos en común. Se trata de Nina et le secret du herrison y de Linda veut du poulet! Ambas están protagonizadas por las chicas de sus respectivos títulos, jóvenes imaginativas, valientes y potentes, ambas francesas, ambas ambientadas en pueblos o ciudades de provincia, ambas con un trabajo muy fuerte sobre los aspectos formales de una animación en dos dimensiones (no llego a distinguir con certeza ya si se trata de dibujos tradicionales hechos a mano o no, pero definitivamente parece eso, y, si no es el caso exactamente, remiten a ese trabajo artesanal de forma explícita), ambas carcomidas por angustias fuertes, ambas atravesadas por la realidad socioeconómica contemporánea, en ambas aparecen huelgas y conflictos gremiales (en un caso, como contexto que obstaculiza la trama, en otra como parte esencial de la trama).

Todo esto las vuelve particulares en un contexto en el que la animación para chicos parece ya definitivamente regida por las leyes de un verosímil/inverosímil rígido e invariable: a partir del avance tecnológico, toda animación parece obligada a buscar el realismo, incluso si se lo debe entender dentro de los parámetros más o menos estrafalarios en los que se plantean los mundos mágicos creados (digamos: nada puede ser absurdo, nada puede llamar la atención sobre el propio proceso de animación y su frágil constitución, todo el esfuerzo está puesto en desarrollar los detalles del mundo nuevo para amueblarlo, para que sea suave al tacto); al mismo tiempo, ese mundo debe estar siempre rigurosamente separado del nuestro: en un pasado, en un futuro, en un universo paralelo, pero nunca rozado por las asperezas de una realidad compleja y dura. Nina… y Linda… apuestan exactamente a lo contrario: su forma de animación es inestable y bella, llama constantemente nuestra atención y abre posibilidades inesperadas, mientras que sus historias están manchadas por problemas “de grandes”, de angustias que no se pueden resolver (la muerte del padre, incluso si se la desarrolla en un número musical, es algo que nunca se podría cerrar). La animación de Linda…, montada sobre manchas de colores y rayas que se forman y pierden frente a nuestros ojos, siempre es clara, nos trae siempre a lo que está contando, pero al mismo tiempo no nos ofrece bordes claros, una lectura fácil. Hay personajes, hay parlamentos, hay un desarrollo argumental, pero al mismo tiempo constantemente sentimos que un magma en movimiento carcome cada plano: los personajes hacen y dicen, pero parecen siempre al borde del desborde. En este sentido, los números musicales que cada tanto aparecen en la película pueden resultar inesperados pero son, en realidad, perfectamente coherentes con este mundo que propone Linda… En cambio, Nina… propone una animación diferente: las líneas están por todos lados, trazan un mundo lleno de detalles (gremiales y animales) y busca una clara inspiración en los inicios de la animación (homenajeados de forma explícita en los segmentos de los cuentos del erizo que el padre le cuenta a Nina), a la vez que se entrega a una libertad de la línea que, por ejemplo, recuerda la perspectiva de los cuadros de Cezanne. No hay canciones acá, la imaginación tiene formas definidas y preciosas.

Al poner el acento en el procedimiento, estas películas nos recuerdan que la animación no solo tiene una libertad absoluta que le permite explorar formas inesperadas (incluso cuando esas formas sean las de lo cotidiano) y nos llevan a preguntarnos por el sentido del cine.

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