Con la que sigue damos la bienvenida a nuestra cobertura post-Bafici. Como ya saben nuestros lectores a algunos festivales nos gusta marcarlos de cerca y contar la previa de los mismos, el durante y el post. En este caso, en nuestra segunda cobertura del Bafici nos concentramos menos en escribir sobre la experiencia cinéfila que solemos contarles en los diarios (que es más inmediata e impresionista) y más sobre las películas que destacamos, que nos llamaron la atención (lo que no indica necesariamente que tengan que contar con algún premio encima). Con ustedes la primer parte de nuestra cobertura post-festival. Esperamos que les guste.

Kuso
EE.UU., 2017, 93′
Dirigida por Flying Lotus
Con Byron Bowers, Hannibal Buress, Shane Carpenter, George Clinton, Regan Farquhar, Tim Heidecker, Bob Heslip, Anders Holm, David Firth, Arden Banks

La hora del espanto

Por Ignacio Balbuena

Kuso es de esas películas con reputación. Como está pasando ahora en Cannes con la última de Lars Von Trier, el debut como director del rapero vanguardista Steven Elison -a.k.a. Flying Lotus-, causó que mucha gente abandonara las salas del festival de Sundance, donde la película se estrenó originalmente en enero del 2017. Decir que es grotesca es poco, hay escenas que podrían llegar a inducir el vómito en personas sensibles o poco acostumbradas al delirio que propone esta película. O al pus, los culos, las pijas y las cucarachas, todas cosas que forman parte del imaginario visual de la película, ya sea aisladas o en una combinación surrealista. Apenas hay un hilo narrativo entre las historias que la forman, en vez de una trama, hay una profunda preocupación por lo escatológico: Kuso es, literalmente, una película de mierda. Y obviamente la tenía que ver cuando vi que pasaría por el BAFICI.

No hay una historia, y los personajes prácticamente no tienen caracterización. En cambio, se impone una cuestión más sensorial, y una exploración de varios motivos visuales recurrentes, vinculados a los fluidos corporales, a lo genital y anal, a la podredumbre, la decadencia y el deterioro físico y mental. El punto de partida es un gran terremoto que sacude Los Angeles y causa una epidemia en la población. Todos los personajes de la película tienen el cuerpo y el rostro cubierto de pústulas (háganse el favor de no entrar a google images con este término, como hice yo), pero en medio de toda la oleada infinita de cosas asquerosas, el problema dermatológico de los protagonistas termina siendo la menor de las preocupaciones. Ya quería alejar la mirada de la pantalla en los primeros diez minutos de película. Después de un número musical que marca el tono epiléptico (música jazzera frenética, texturas glitcheadas y analógicas, montaje staccato), propio de la programación alternativa ochenti-noventora de MTV, o de canales como Adult Swim, hay una escena de sexo en la que los personajes se acarician la cara y les revientan los granos, llenándose la cara de pus. De ahí en adelante, es todo en subida. La película nunca mira atrás y cada escena se supera a sí mismo en gore, abundancia de fluidos o situaciones extremas.

Por suerte, no sólo en cuanto a lo asqueroso y horrible, sino también en la estética vanguardista y en un retorcido sentido del humor. En medio de los fluidos corporales, hay momentos de gran belleza, principalmente en varios interludios animados que separan los diversos segmentos de la película. Hay una variedad de texturas: collage, cut-ups, animación 3D low-poly, colores psicodélicos de alta definición, y una sensación constante de estar haciendo zapping, como en el segmento ‘televisión interdimensional’ de Rick and Morty, o el programa Robot Chicken, ambos de la mencionada cadena Adult Swim. Y a propósito de la cadena que es como la versión adulta y drogona de Cartoon Network, también hacen su aparición Tim Heidecker de Tim & Eric (saliendo de adentro de un inodoro mientras una chica le dice algo así como ‘¿Y que onda la perimetral?’), y Hannibal Buress (en voice over) de The Eric Andre Show, insertando a esta película de Flying Lotus en la tradición de la sketch comedy surrealista y stoner, así como también en la de autores como David Cronenberg, David Lynch y Jodorowksy. Kuso es una especie de licuadora contracultural diseñada para ser consumida en forma de segmentos virales en YouTube, antes que como una película completa. Es difícil imaginar un público para esta película. Tal vez podríamos ubicar una audiencia posible en la intersección de los aficionados a la animación arty y los fans del cine de horror más extremo posible. O tal vez se puede reemplazar alguno de esos dos items por fans de cosas que se parezcan a anos expulsando cosas de su interior. Sería un diagrama de venn muy raro.

Por lo menos el film se hace liviano en tanto se ríe un poco de su condición de desafío trashero. En un momento, la protagonista de uno de los segmentos (una chica que vive con dos aliens peludos que tienen por rostro una pantalla de colores) dice ‘Odio esta película.’ Los bichos le responden ‘Esto es arte’. Ella retruca: ‘Esto es basura. El arte es basura’. Este diálogo ocurre mientras miran un programa de tv en el que apuñalan una pija. Después la chica en cuestión va a una clínica a hacerse un aborto, y otro personaje, que le tiene miedo a los pechos femeninos, termina siendo tratado por un médico (un cameo de George Clinton) en una sesión que consiste básicamente en tragar los jugos que regurgita una cucaracha del tamaño de un perro que le sale del culo. Si, lo que leyeron. Los otros segmentos son igual de bizarros: un grupo de niños de edad escolar le refriega sus heces a un bicho/planta con forma de ano gigante en el medio del bosque. Una mujer mastica cemento y queda unida por las piernas a otra, mientras una cucaracha habla con voz solemne. Y una pareja termina protagonizando una de las escenas de sexo más asquerosas que vi en mi vida. Pero al mismo tiempo que me daban arcadas, también me mataba de risa. Es el efecto de muchas escenas, una mezcla de asco pero también de sorpresa ante lo que se ve en pantalla. Al mismo tiempo que alejaba la mirada con cara de asco, también me resultaba imposible y sorprendente la audacia de la propuesta. Si bien no hay una coherencia por el lado del plot, y apenas en lo temático, el viaje sensorial compensa esa ausencia. Las composiciones del propio director, y de músicos como Aphex Twin (también conocido por su propio imaginario surreal) alternan entre los blip-blops del hip-hop futurista y los drones ambientales. Esta banda sonora, la sensibilidad de sketch fumón, sumado a la estética tumblr-friendly de las animaciones, hacen de Kuso una película muy contemporánea, al margen de su afinidad por tensar hasta el máximo la paciencia del espectador. Debajo de todo el shock, sin embargo, hay una voz idiosincrática y singular a la que prestar atención. Flying Lotus ya dejó una marca en el hip-hop contemporáneo, tal vez su estilo esquizofrénico pueda dejar una marca también en el mundo del cine. Ojalá la próxima no haga falta tener una bolsa para vomitar a mano.

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