The Great Buddha+
Taiwan, 2017, 102′
Dirigida por Hsin-yao Huang
Con Cres Chuang, Bamboo Chu-Sheng Chen, Leon Dai, Shao-Huai Chang, Kuo-Lin Ting, Na-Dou Lin, Yi-wen Chen

Hay algo adentro

Por Marcos Rodriguez

La cantidad de ideas absurdas y de resentimiento de clase que circulan por The great Buddha+ no serían nada si no estuvieran sostenidas por una cantidad (casi) ridícula de ideas visuales, que hacen que cada plano de la película sea preciso, bello o inesperado. Todo junto y mezclado, siguiendo el hilo de varias historias de hombres abandonados y pobres, amigos entre ellos, en una ciudad del sur de Taiwán, aunque en principio la mayor parte de la película se estructura alrededor de dos personajes: Pickle y Ombligo. Ellos son los que se ven enredados de una (improbable) trama policial al volverse testigos involuntarios de un asesinato que queda registrado en la cámara del auto caro del jefe de la fábrica de estatuas en la que trabaja Pickle.

Pero no solo hay miseria y abandono en The great Buddha+ (el “+” está puesto al final del título porque la película está basada en un corto escrito y dirigido por el mismo Huan Hsin-yao en 2014 cuyo título era The Great Buddha), también hay amantes múltiples, políticos corruptos, policías complacientes con los poderosos, hay gente ridícula que maneja templos, hay templos ridículos (uno de los mejores momentos de la película: el templo que administra el tío de uno de los personajes, dedicado a la adoración de Chang Kai-shek), hay funerales y personajes mudos, una especie de nave espacial cubierta de peluches, hay angustia y humor y una idea hermosa de lo tan simple: en un momento, mientras se sientan a mirar en el televisor de la fábrica de estatuas la memoria de la cámara del auto del jefe, Ombligo dice: “La vida de los ricos es tan colorida”, y en contraplano vemos la pantalla en la cual la grabación es lo único que se ve a color en una película que ostenta un precioso blanco y negro bien contrastado y elegante.

Por momentos, al mirar The Great Buddha+uno tiene la sensación de encontrarse en un paisaje postapocalíptico. Ahí vuelve a entrar esa perspectiva de clase: los personajes, que son tratados como basura, viven entre la basura. Pero no son solo los pobres los que vemos revolcarse entre la roña, sino a todos los personajes de la película, que en mayor o menor medida se mueven por los pasillos de este basural. Cierto, los ricos también tienen autopistas y el jefe va a un albergue transitorio en un momento, pero su vida y sus negocios se manejan de forma corriente entre ruinas, en el cuarto de atrás de un kiosco polirrubro o en la comisaría, que no parece muy distinta de los demás edificios que vemos.

De entre estos desperdicios nace una nueva estatua de Buda, que esconde un muerto adentro.

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