Black Rabbit

Por Rodrigo Martín Seijas

EE.UU., 2025, 8 episodios entre 44 y 68′
Creada por Zach Baylin & Kate Susman
Con Jude Law, Jason Bateman, Cleopatra Coleman, Sope Dirisu,  Amaka Okafor, Troy Kotsur, Hettienne Park, Robin de Jesús, Chris Coy, Dagmara Domińczyk, Abbey Lee, Don Harvey, Odessa Young, Gus Birney Forrest Weber, Morgan Spector.

La familia como maldición

La premisa de Black rabbit y los elementos que involucraba, si se los pensaba mínimamente, eran una receta para el desastre, un concierto de manipulaciones y miserabilidades. Sin embargo, ocurre un pequeño milagro: lo que terminamos viendo es un policial que combina distintas tonalidades y que en esa mixtura encuentra el equilibrio justo para que sea consistente lo que está contando, a pesar de sus casi infinitas vueltas de tuerca. La explicación para que esto ocurra está posiblemente en los nombres implicados en esta miniserie de Netflix: no solo Jason Bateman en uno de los protagónicos y la dirección de dos episodios, sino también Jude Law, Justin Kurzel, Zach Baylin y Kate Susman, que integraron el equipo de realizadores (protagonista, director, guionista y productora, respectivamente) detrás de La hermandad silenciosa, un thriller que estuvo entre lo mejor del año pasado.

Si se tuviera que usar una palabra para definir a Black rabbit, posiblemente sea intensa. Lo es desde el primer minuto, desde su secuencia inicial, donde vemos cómo se lleva a cabo un robo sobre el que no sabemos demasiado, excepto que no está saliendo muy bien. A partir de ahí, comenzaremos a ver un largo flashback que nos conducirá progresivamente hasta ese robo y luego a sus consecuencias. Lo que se nos presentará ante nuestros ojos será el relato de dos hermanos, que lucen opuestos entre sí, aunque en verdad no lo sean tanto: Jake (Law, en una gran actuación, donde posiblemente cargue con el mayor peso dramático) y Vince (Bateman). El primero es un empresario gastronómico en ascenso, que maneja su restaurante, llamado precisamente Black rabbit, con elegancia y carisma, y que se mueve cómodamente entre la clase pudiente neoyorquina. El segundo es un criminal de poca monta, adicto al juego, con comportamientos tanto inteligentes como torpes, que está siempre perseguido por la desgracia y que es, a la vez, una fuente constante de desdichas para todas las personas cercanas o que se le cruzan. Cuando, por una serie de vicisitudes, Vince regrese a Nueva York y los caminos de estos hermanos vuelvan a cruzarse, todo en la vida de ambos pasará a ser una bola de nieve cuesta abajo e imposible de frenar.

La intensidad de Black rabbit va de la mano de su ritmo, que es frenético y prácticamente no da respiro, llevando de las narices al espectador por una historia en la que se mezclarán estafas, hurtos, reencuentros problemáticos, romances truncos, traiciones y ajustes de cuentas, con una pequeña organización mafiosa ras los pasos de los hermanos. Pero también se sustenta en cómo, detrás de un policial negrísimo, construye lo que es en esencia un drama familiar, que incluye, pero también trasciende a Jake y Vince, al abarcar subtramas paterno-filiales y de pareja. Ahí está, por ejemplo, el personaje del jefe mafioso interpretado por un estupendo Troy Kotsur, que es un profesional del crimen temible, pero también un padre temible al que le toca lidiar con un hijo que siempre quiere y nunca puede estar a su altura. A la vez, no puede dejarse de lado cómo la miniserie apela cada tanto al sarcasmo -casi siempre con líneas a cargo de Bateman, alguien que sabe expresar la ironía como pocos-, no solo como respiro frente al crescendo dramático, sino también como una forma de hacerse cargo de que lo que cuenta es una suma hiperbólica de calamidades.

Si por momentos Black rabbit amenaza con descarrilar en sus giros argumentales, consigue siempre apoyarse tanto en su autoconsciencia como en la solidez de su puesta escena. Porque lo cierto es que aprovecha al máximo el paisaje urbano, le da sentidos expresivos tanto al carisma de Law como al desparpajo de Bateman, y, principalmente, nunca juzga desde un púlpito a sus protagonistas. De hecho, deja que sean ellos mismos los que tomen consciencia de sí mismos, lo que permite que eventualmente haya un reconocimiento mutuo por parte de Jack y Vince, para bien y para mal. Por eso el final, aún con toda su crudeza, es esencialmente amargo y hasta tierno, lo cual no le quita solidez ni una lógica de hierro. Black rabbit nos demuestra que lo afectivo se puede enlazar con lo terrible, delineando una tragedia inapelable y dejándonos con un nudo en la garganta.

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