Diario cinéfilo

Una despedida a Nicolas Roeg, una vuelta a Venecia Rojo Shocking

Nicolas Roeg hizo varias películas estupendas al comienzo de su carrera: Performance (1970), que codirigió con Donald Cammell, un thriller delirante y lisérgico protagonizado por Mick Jagger (y con un insólito cameo de Jorge Luis Borges), la aventura mítica australiana Walkabout, y El hombre que cayó a la tierra (The man who fell to Earth, 1976), con David Bowie encarnando al alienígena protagónico (segundo rockstar convocado por Roeg, ya que para Contratiempo–Bad timing, de 1980- elegiría para el papel principal al cantante a Art Garfunkel). Después, su carrera se iría diluyendo en la medianía, con resultados más bien decepcionantes y varias producciones televisivas.

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Algunas ideas acerca de El Padrino

Hace unas semanas pregunté a un conjunto de veinte alumnos que ejemplos de películas sobre la mafia podrían darme. El primer ejemplo que surgió, al unísono, fue El Padrino. O sea, ni Buenos Muchachos, ni Dillinger, ni Los Intocables, ni las Scarface de De Palma, ni la Scarface de Hawks, ni Enemigo Público, ni Los héroes olvidados, ni White Heat, ni Ángeles con cara sucia, ni The Big Combo ni ninguna otra película con James Cagney o Edward G. Robinson o Humphrey Bogart. Nada de eso. El Padrino era para ese conjunto de alumnos de cine (y sospecho para otros muchos conjuntos de alumnos, sean estos de cine o no) LA película sobre la mafia.

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The Devil and Father Amorth

El documental The Devil and Father Amorth viene a redondear un ciclo creativo en un espíritu de justa reivindicación. William Friedkin lo dirige con apenas un par de cámaras digitales y un aliento de veterano deconstructor de sus juguetes ópticos, cual Orson Welles de F for Fake. Vuelve así a propinarle un cachetazo al Hollywood millenial que lo excluye y lo considera un paria irreparable.

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Claude Lanzmann (1925-2018)

En todo caso, lo que sí me parecería un error grande es el seguir pensando al cine de Lanzmann como un modelo único e infalible para abordar un tema y a Shoah como su representación más perfecta. Es verdad que el propio Lanzmann contribuyó a eso, furioso cada vez que alguien osaba exhibir su película en otro orden que no era el que quería, convencido de que era prácticamente la única forma de representar el Holocausto. Pero creo francamente que caer en las demandas que tuvo Lanzmann respecto de cómo había que filmar ese hecho sería un error. Shoah no debe ser vista como una pieza de ingeniería que alcanzó un estado de máxima perfección. Detrás de su tremendo rigor, de su cuidadosa recolección de información y su aún más cuidadoso orden a la hora de exponerlo a lo largo de sus horas, hay también una desesperación y una furia que la lleva inevitablemente a ser discutible.

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Seco, primitivo, proletario: el cine de John Carpenter

Es posible pensar que Carpenter tiene desde hace algunos años una actitud agresiva hacia la mayor de las industrias cinematográficas. Puede incluso que exista en su persona el resentimiento propio de un paria. Después de todo, Carpenter es una ironía andante en el Hollywood actual, y representa un caso único en la industria de los últimos once años. Por un lado, en ese tiempo JC apenas llegó a filmar dos películas para el cine (en los 90 filmó cinco y en los 80 llegó a filmar siete). Pero insólitamente, en este mismo período se hicieron en Hollywood remakes de Asalto al precinto 13, Noche de Brujas y La Niebla , una precuela de La Cosa , y se habló de posibles relecturas de Sobreviven y Escape en Nueva York.

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