Categoría: Inactualidades

Por siempre amigos

Nada más lejano de eso que Little Men (me niego a usar el horrible título de la distribución en latinoamérica) que no encaja en ninguna de esas definiciones o grupos (que no son erróneos, aclaramos), pero si pensamos en otras definiciones (como la de Ángel Farreta: “la genialidad es cuando el azar tiende a cero”) podríamos hacer justicia al referirnos a esta pequeña película, donde, como dijimos, todo paso está predicho por uno igual de firme, donde las omisiones son exactas y no se cuenta nada que adorne pero a la vez no falta nada imprescindible, donde los detalles se dejan descubrir en el momento oportuno, como si toda su arquitectura fuera obra de un clasicismo en clave menor.

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Una segunda oportunidad

en Una segunda oportunidad le toca el turno a quienes están entre los cuarenta y pico y los cincuenta y pico, como si le directora hubiera ido aumentando la edad de sus personajes acorde con la melancolía de la adaptación a una nueva etapa de la vida. Pero ahí donde una película conformista optaría por un mundo en el que los personajes tuvieran objetivos de máxima y se sometieran a no aspirar a más, ahí donde los códigos de la comedia romántica forzarían encuentros que fueran contra el realismo, Holofcener nos asienta en un lugar incomodísimo, sobre todo cuando nos mete en la cabeza de la protagonista, capaz de decisiones deleznables pero a la vez consciente de la mierda que esas decisiones suponen.

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Francotirador

Es precisamente en el vicio de la ecuanimidad en el que la película no puede caer, sencillamente porque no es la propuesta narrativa. Por el contrario, aquí la propuesta vuelve a algo que el director había hecho previamente: narrar clásicamente pero focalizarse en la cabeza de su protagonista, como si el mundo fuera un hecho secundario. Sin ir demasiado lejos, esto ya había sido probado por el viejo en diversos biopics: parcialmente con Bird, con Cazador blanco, Corazón negro, algo más focalizado con Invictus y definitivamente centrado en el sujeto con J. Edgar. Mientras en la primera y en la última primaba la necesidad del biopic tradicional, en la segunda y la tercera el trabajo se focalizó en un tiempo más concentrado y definido. Bueno: con Francotirador se produce una síntesis entre el biopic de un tirador profesional y la concentración en un puñado de misiones que cuentan el desarrollo de un trauma: el de la guerra metiéndose debajo de la piel y bien adentro en la columna vertebral. La guerra haciéndose carne silenciosamente mientras la máquina de matar se construye.

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La araña vampiro

La araña vampiro, como dice la letra de la potente canción de cierre (alguna vez habrá que escribir sobre la musicalización en las películas de Gabriel Medina, quien posiblemente sea de los grandes directores especialistas en musicalizar dentro del cine argentino) da cuenta del cuento moral de un puñado de personajes enfrentados a una historia extraordinaria, que salidos de sí mismos, vuelven, pero “para ser uno más”. Perderse en la multitud de la ciudad, cambiado, confundido entre muchos, estar extraviado, parece decirnos Medina, es el mejor antídoto contra la identidad y la importancia

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Los amantes pasajeros

Almodóvar vuelve a la comedia hecha y derecha. Más allá de que, en realidad, nunca la abandonó por completo (incluso en La mala educación (2004), su película más oscura, no faltan los momentos de humor), lo cierto es que, tras Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), el acento en el melodrama, aun disparatado, había relegado a un segundo plano aquel componente. El acento en la guarrada y cierta desprolijidad podrían hacer pensar en un regreso a los tiempos en que el manchego encabezaba la movida madrileña.

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