Cine Argentino

Una vasta producción anual nos obliga a dedicarle un apartado especial al cine argentino, a veces no demasiado afortunado en su visibilidad a la hora de la distribución y exhibición. Intentemos reparar algo de eso.

Soledad

Asi y todo, en su prolijidad casi qualité, la película de Agustina Macri (deberíamos permitirnos pensar a las películas sin establecer vínculos de parentesco, que lo único que hacen es cargar, si fuera el caso, una nube de resentimiento alrededor de la obra en cuestión) no deja de tener algunas ideas visuales aisladas, que aparecen cuando elige el detalle de la persona antes que el dato ilustrado del mito. Cuando se concentra en la adolescente tardía, en su cabeza despertada, en el movimiento vitalista de alguien que no tiene la más puta idea de qué hacer consigo y con su vida, la película avanza con prolijidad. Si, también con algo de asepsia, pero es prolija y hasta precisa. Pero esto es aleatorio.

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Acusada

Seré más claro: estamos frente a una película que aparenta ser una policial y una película de juicio. Más aún, aparenta por momentos a que uno piense que esto puede llegar a ser un whodunit y que las cosas que vemos puedan conducir a pistas que nos lleven a una verdad determinada. Sin embargo Acusada no pasa por allí. Su juego es, digamos, similar al de dos grandes películas del SXXI: Memorias de un asesino de Bong-Joon Ho y Zodíaco de David Fincher, policiales que van dando cuenta que sus resoluciones son mucho menos importantes que la necesidad de mantener su misterio, y en donde la exposición de una pista se antepone en importancia a la necesidad de saber si conducirá hacia alguna parte. En las tres películas además parece haber un interés que excede la cuestión del caso, como si al director en verdad le terminara importando ya no sólo su resolución sino que está usando el crimen en cuestión para hablar de algo que le interese mucho más.

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La Quietud

Hay algo que está pasando con el cine de Trapero y es que parece ir por caminos que uno no sabe hasta que punto son producto de un afán de experimentación o simples decisiones muy erradas. Quizás en algún punto sean las dos cosas. Quizás, en resumidas cuentas, La Quietud no sea otra cosa que una película muy fallida, con vueltas de tuerca innecesarias, trazos gruesos varios y escenas poco creíbles hecha por un realizador que sabe como preparar escenas y planos secuencia atractivos. Después de todo, las dos cosas no tienen porque ser excluyentes, y hay veces en las que ante una situación así simplemente hay que aplicar esa lógica de aquel buen fraile franciscano que propuso que ante un dilema complicado, muchas veces la solución más probable es la más simple.

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Los vagos

Hay una historia que se cuenta en Los vagos: estudiantes del interior que están a punto de alcanzar ese punto en el que se termina la joda y empieza otra cosa, una historia de amor/noviazgo y sus tensiones. Se podría trazar un hilo a través de la superficie tersa de la película (fluida, narrada con un naturalismo suave) y, al tirar de él, encontrar un argumento de esos de “cuando empezamos a ser grandes y dejamos atrás esa maravillosa juventud libre de preocupaciones”. Eso está, pero lo que hace que Los vagos sea una película interesante es la medida en la que ese hilo queda sumergido en una atmósfera que es mucho más importante que lo que se supone que nos quiere decir la película.

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La otra piel

Lo que se ve en La otra piel es un laberinto, que encierra a sus protagonistas pero también al film en sí mismo. Si los personajes emprenden viajes exteriores e interiores pero no llegan por completo a encontrar las salidas que necesitan, algo parecido sucede con la película, que quiere salir de la realidad ficcional de origen creando otro tipo de ficción pero vuelve a encontrarse con otro callejón sin salida. A diferencia de unos cuantos cineastas argentinos, no puede decirse que Inés de Oliveira Cézar sea perezosa: podrá repetir métodos básicos, pero siempre como marco de nuevas búsquedas y exploraciones, con la experimentación y el ensayo como normas dominantes. Sin embargo, en La otra piel no hay hallazgos concretos y las ambiciones solo quedan en pretensiones.

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