Bafici

#PostBafici – (15): As Boas Maneiras

El cuento de hadas que narra As boas maneiras se apoya sobre un sobreentendido y un conocimiento preciso del mito del hombre lobo, a partir del cual se apoya para construir derivaciones menos previsibles y tradicionales. En el coqueteo con los géneros populares, la película solo se vale de lo necesario. Y rodea a ese verosímil de una coraza urbana que, a primera vista, podría entenderse como deslegitimadora del verosímil del fantástico. Por eso es interesante no lo que la película respeta respecto de la iconografía y representación sino como se vale de ese verosímil para producir desplazamientos de sentido hacia territorios y entornos espaciales que difícilmente puedan tolerar esa convivencia (y que sin embargo la película hace posible, como si en alguna medida el mito se inyectara en un tiempo y un espacio refractario a estos).

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#PostBafici 2018 – (14): Una storia volatile

Una storia volatile es uno de esos objetos extraños, inesperados, que cada tanto aparecen en esa entelequia amplia y difusa a la que por falta de mejor nombre solemos llamar cine independiente. Una señora de joviales 76 años, desconocida por fuera de algún pequeño círculo académico, decide ponerse a filmar lo que ve desde la ventana de su departamento en el centro de la capital italiana. Las intenciones están explicitadas desde el primer momento, así es que sin ningún orden aparente, siguiendo el ritmo de lo que le dicte su pensamiento “viajando libre”, desfilan gaviotas, cielos, monjas de clausura que cuelgan la ropa o descansan en las terrazas vecinas, una grúa levadiza transportando un objeto oscilante, obreros trabajando en un techo vecino, cúpulas de iglesias, la humareda cercana de alguna manifestación de indignados.

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#PostBafici 2018 – (13): A Horrible Woman

A horrible woman resulta desesperante porque sabe tocar las teclas adecuadas que reverberan en todas y cada una de las parejas monógamas que conocemos, porque traen al centro del huracán lo que vemos naturalizado (o naturalizamos en nuestras propias parejas) pero que en el fondo puede funcionar como el principio de una pesadilla. Y es que, quizás, lo más inquietante de la película de Christian Tafdrup es que describe algo que pocos quieren ver o decir: que detrás de todo proyecto de pareja, detrás de todo proyecto de armado de un mundo con otro hay tanto de construcción como de destrucción. Hay tanto de amor como de monstruo. O en todo caso: detrás de todo acto amoroso hay un acto monstruoso que se visibiliza solo cuando nos corremos levemente de lugar.

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#PostBafici 2018 – (12): Casa propia

Con Casa propia, Ruiz parece haber entrado en nuevos terrenos sin tener que salir de su ciudad. No sería descabellado hacer una primera y bastante obvia traslación entre el personaje principal y el propio cineasta. De ser así, toda la película no es más que el reflejo de un director que pretende instalarse en una nueva casa cinéfila propia. Las intenciones parecen estar claras desde la notable escena inicial, en la que un grupo de adolescentes ejercen a pleno su cordobesismo(el término es de Quintín): en la calle, mientras toman fernet con coca y arreglan los detalles de la salida nocturna con su acento patentado, Alejandro, al fondo del plano, golpea la puerta de la casa de Vero y comienzan una típica discusión de pareja. Cuando finalmente él se aleja sin haber arreglado el asunto nada se termina de entender demasiado, pero los efectos de la escena, su eficacia, son retroactivos: los jóvenes comentan en voz alta la situación, se mofan ligeramente, pero nada de esto le importa demasiado a Alejandro, que se marcha ignorándolos. Su mundo puede prescindir de ellos. Mi cine a partir de ahora también, parece decir Ruiz.

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#PostBafici 2018 – (11): Inferninho

Inferninho apuesta por un melo desaforado y sinverguenza protagonizado por una curtida y adorable trans (en este caso, de origen oriental), solo que en un ámbito ínfimo -el bar del título- y con sólo dos o tres personajes para lograr su noble cometido. Pero lo hace con una vitalidad paradigmática: una que sabe que es pobre pero no le importa, y que a la vez es consciente de que esa austeridad puede potenciar cada uno de sus elementos, pretendidamente inscriptos en el camp más juguetón, ese que puede llegar –como es el caso- a un lirismo tan repentino como impensado. En ese sentido, lo que se encuentra travestido es la película toda, que, disfrazada de lo que desea o siente ser, nos seduce de tal manera que no queda otra que creer en ella.

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