Volver al Futuro

Podemos pedirle a Emmet Brown y a Marty McFly que nos lleve algunos meses atrás para decir lo que no dijimos oportunamente sobre algunas películas en su momento de estreno.
Si son esa clase de personas que llegan tarde, bienvenidos, nosotros también procrastinamos.

¡Te atrapé!

He hablado en más de una oportunidad (soy casi un especialista) sobre los problemas y el doble filo de las películas basadas en historias reales. Pues bien, ¡Te atrapé! elude todas estas trampas sin derramar una gota de sudor. Históricamente, Hollywood ha buscado inspiración en relatos ya creados, desde cuentos infantiles hasta tragedias reales. Es motivo de celebración que en esta ocasión se haya colado esta historia aparentemente absurda y chata, al menos en primera instancia, que no necesita ninguna clase de validación. Un aliciente para la tendencia de historias reales que tiranizan al cine con su dosis de importancia. Aquí no la hay.

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Ocean’s 8: Las estafadoras

¿Y qué cambia el hecho de que acá haya mujeres? En realidad, no demasiado. De hecho, ni siquiera puede leerse como un gesto de feminismo. Más aún cuando la película se ve en la necesidad de hacer que casi todas las mujeres ladronas terminen hacia el final vestidas como divas, siendo hasta en algunos casos un eye candy para el espectador. Tampoco parece demasiado feminista  que en el fondo el personaje de Bullock haga todo esto para finalmente salirse con la suya en un acto de venganza despechada hacia un ex-novio. De hecho, no sé si hay muchas películas en las que se note tanto que están usando el cambio de sexo de actrices a actores para no esforzarse en hacer algo nuevo y vender un producto similar (o peor) pero cambiando testosterona por estrógeno.

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Rescate en Entebbe

Rescate en Entebbe presenta, nuevamente, un problema endémico para el cine político contemporáneo: la equidistancia. Veamos: el líder de una organización terrorista es retratado casi como un chico confundido, por un lado; a su vez el primer ministro israelí es presentado como un tipo blando sin personalidad, por citar apenas dos ejemplos. Eso que podría parecer un posicionamiento “respetuoso” no es mas que una falsa ecuanimidad. El problema aquí es que no sabemos si estos acabados responden a una decisión de parte de Padilha (algo que sería extraño), si es fruto de su temor a ser señalado políticamente (algo que sería probable). O peor aún, si se trata de la vieja y querida pereza intelectual (lo que quizás termine siendo).

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Tully

Una de las supuestas novedades (y encantos) de Tully es que viene a retratar la maternidad de una forma en la que no se la había retratado antes. Digamos, sin mentiras, con materialidad y honestidad o desprejuicio. Y un poco de humor canchero. Hay horas sin sueño, angustia, una enfermera que le grita a la reciente madre porque tiene que comprobar que puede hacer pis para asegurarse de que la uretra no está obstruida después del parto y no es necesario volver a ponerle una sonda. También hay un rol femenino fuerte, de piba que se las sabe todas, o se las sabía. Un coctel más o menos estándar de lo que uno espera cuando se sienta a ver una película escrita por Diablo Cody.

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El Atelier

La banalidad que campea en El Atelier nos sale al cruce desde su primera imagen. Apenas arranca la película lo primero que vemos es un plano de un videojuego, en el que un personaje vagamente fantástico camina por la cima de una montaña nevada, al parecer sin rumbo, y en algún momento, sin razón aparente, sacude su arma (una espada) en el aire y sigue caminando. Videojuego. Los jóvenes juegan videojuegos. Más adelante vamos a escuchar al protagonista de la película, Antoine, decir que su actividad más frecuente durante el día es simplemente salir a caminar por el pueblo, sin rumbo, solo. Antoine, suponemos, era quien jugaba aquel videojuego inicial; lo vemos en otro momento jugar en plano, aunque también vemos a varios de sus amigos enfrascados en videojuegos, porque, se sabe, eso es lo que hacen los jóvenes. Y así, lo que parecía una imagen banal puesta en la puerta de entrada por un “hombre mayor/inteligente” que lo mejor y primero que tiene para mostrar de su personaje es que juega videojuegos, por obra y gracia de una operación cinematográfica se vuelve también metáfora.

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