FIC Mar del Plata

Mar del Plata 2018 – Diario de festival (8)

El día que resistía funciona bien siempre y cuando deje fuera cualquier tentativa de anclaje en el mundo histórico real. Asi y todo la película se desespera por extender un apoyamanos al espectador. Y lo que durante buena parte de su trayecto parecía una mezcla de oscuro cuento de hadas con película de terror elusiva, poco a poco logra dar una serie de pautas que la vinculan con el cine argentino metafórico, seque supo poblar nuestras pantallas durante años y que por lo pronto no parece haberse ido del todo.

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Mar del Plata 2018 – Diario de festival (7)

Tercer día de festival. Empiezan a aparecer las primeras señales de cansancio. No deja de llover.
Nada que se pueda hacer al respecto.
Por recomendaciones, por intuición y por horario, fui a ver Asako I & II, forma maravillosa de empezar un día. La película japonesa cuenta algo así como una historia amorosa, o más bien un triángulo en el que dos de los extremos son idénticos físicamente. Hice una prueba: intenté contarle a un amigo después el argumento de la película y es prácticamente imposible. Tuve que contar casi cada detalle de la película y aun así no creo que se haya entendido.

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Mar del Plata 2018 – Diario de festival (6)

La nostalgia, ese sentimiento tan noble como ineludible, puede transformarse en un estadío de parálisis si se la adopta como actitud sistémica hacia la vida. Encerrarse en la creencia que todo pasado siempre fue mejor es el camino más fácil para eludir los desafíos del presente, siempre provisorio, siempre efímero, siempre complejo. Desde su primer largometraje, Nadar solo(2003), Ezequiel Acuña tuvo a la nostalgia como elemento constitutivo de su cine. Los mejores momentos de sus películas fueron aquellos en que el cineasta lograba dar vuelo cinematográfico a las historias de sus conflictuados personajes, seres desvalidos atrapados en las frustraciones de lo no alcanzado.

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Mar del Plata 2018 – Diario de festival (5)

Por razones laborales, este año mi estadía en el Festival de Mar del Plata fue muy breve y se redujo a una sola jornada completa de proyecciones (el primer domingo), un par de funciones el sábado por la noche y una llegada el viernes que me encontró en medio de una tormenta con frío y lluvia que no me abandonó hasta mi partida un par de noches después. Un fin de semana es siempre poco para una ciudad del tamaño de Mar del Plata, y menos aún para un festival de sus dimensiones. Pero ya puedo ir adelantando que en ese par de días la arquitectura me brindó más satisfacciones que el cine; dato que, teniendo en cuenta que soy un arquitecto frustrado, no me tomó por sorpresa.

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Mar del Plata 2018 – Diario de festival (4)

Mi festival de Mar del Plata en este año fue inusual por donde se lo mire. Por un lado fue feliz, porque por segunda vez participé como jurado en representación de Fipresci. Por otro fue duro, por motivos que contaré en otro momento. Sea como fuere, en la primer jornada lo inusual persistió. Y se extendió hacia la competencia que me tocaba analizar como jurado, dado que este año, a diferencia de los anteriores, la Federación Internacional del Periodismo Cinematográfico no premiaba la competencia latinoamericana en Mar del Plata, sino que nos dedicamos a premiar al mejor largometraje argentino de todas las competencias, categoría algo extraña, que me hizo sentir como en esos partidos de futbol amistosos en los que jugaba argentina contra un conjunto improvisado llamado “resto del mundo”. Bueno, esto de premiar “la mejor película argentina de todas las competencias” tenía también aire de Copa Conmebol.

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