TV y Series

Computadora, cama, fin de semana o noche de corrido. Mirar una serie (actual o no tanto) implica un salto al vacío en muchos casos.
Acá intentamos hacer algo con esa duda existencial que carcome, si, pero desde una perspectiva personal: ¿Qué hay para ver?

El proyecto Williamson

Sin vigilancia y sin castigo reina el caos, reza leviathanicamente el aire que rodea el pequeño poblado de pesadilla en donde suceden los hechos que atraviesan la trama central de El proyecto Williamson, que si bien circunscribe los hechos a un pueblo, a una localidad en particular en realidad hace extensiva la pesadilla a otros estados y otras localidades americanas. En definitiva ese pueblito que acusa, que mira y que encierra a sus ciudadanos está en uno y muchos lados a la vez.

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Élite

El problema de fondo de Élite es, esencialmente, la culpa que arrastra desde el minuto uno, que la lleva a negarse a sí misma. No quiere ser una telenovela para ver en las tardes –qué horror, habrase visto, caramba, algo tan trivial-, le falta autoconsciencia y quiere venderse como un drama trascendental, pero planteado a las apuradas y sin elementos consistentes. Ahí establece una conexión –preocupante por cierto- con otros productos españoles como La casa de papely una vertiente importante de la televisión argentina –con representantes como Entre caníbales, Vidas robadasy Edha- que se venden desde la impostación constante, queriendo aparentar algo que no son.

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The Sinner – Temporada 2

En Wild Wild Country, de manera parsimoniosa pero con una violencia adictiva, nos metíamos de lleno en la locura de los grupos que construyen estados dentro de estados, como si en el fondo no se propusieran una contrapuesta con respecto a aquello que desprecian sino que, en el fondo, parecieran replicar los modos de poder de sistemas de mayor escala. Bueno, en esta dirección que incluye sectas, pero sin ánimo de dar cuenta de una época y de una sociedad, sino concentrándose en sus personajes, avanza la segunda temporada de The Sinner, ya sin Jessica Biel a la cabeza como personaje pero si con Bill Pullman y con un comienzo bien arriba, como para dejar pegado a lo que sigue hasta al mas desinteresado. El punto, en todo caso, es cómo avanza a partir de semejante comienzo.

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El método Kominsky

Cuando uno termina la serie, es difícil creer que haya salido mayormente de la cabeza de Chuck Lorre, creador de sitcoms como Two and a half men y The Bang Theory (que este año tiene su última temporada), y conocido por hacer programas más bien livianos y sin demasiadas ambiciones. Sin embargo, no es muy difícil ver aquí un territorio conocido para él. Después de todo, los capítulos de El Método Kominsky son, como los de una sitcom, de menos de media hora de duración, y en el fondo, la muy endeble estructura dramática de la serie, le permite a Lorre hacer una serie de capítulos relacionados entre sí, pero capaces de saltar de una situación a la otra como lo hacían las otras series mencionadas anteriormente.

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Ray Donovan

Ray Donovan, en este sentido, no aporta nada nuevo, ya que se inserta en un contexto en el que la TV ha aprendido a desarrollar personajes, una facilidad que hoy por hoy la televisión ha naturalizado. Pero al mismo tiempo da un pasito más y se establece como un melodrama de acción, por lo que la evolución de los personajes es hiperbólica. No es casualidad que ambos géneros respondan, correspondientemente, a los puntos más notables que puede ofrecer una serie: personajes y entretenimiento.

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