Categoría: TV y Series

Computadora, cama, fin de semana o noche de corrido. Mirar una serie (actual o no tanto) implica un salto al vacío en muchos casos.
Acá intentamos hacer algo con esa duda existencial que carcome, si, pero desde una perspectiva personal: ¿Qué hay para ver?

#Diálogos: Luis Miguel, La serie

Si alguna vez vieron esos programas estilo American Idol o Américas got talent habrán notado que cada tanto aparece algún tapado al que uno no le confía nada de nada, como le pasó a Susan Boyle hace algunos años. Bueno, en la larga lista de series que nos va tirando el mundo audiovisual apareció Luis Miguel, la serie (que hasta el nombre sonaba feo, ya que no se había preocupado por denominar a una biopic de otro modo que no fuera por el nombre y apellido de la figura…encima coronando el mismo nombre con la aclaración “la serie”). Naturalmente nos esperábamos lo peor y varios de nosotros nos sentamos a verla casi con el fin de burlaros de ella, como si en efecto entrara al escenario para hacer el ridículo. No solo nos tapó la boca, sino que demostró ser una de las grandes series del año, tocada por una varita mágica que logró una transversalidad de públicos que los productos audiovisuales latinoamericanos no siempre consiguen. Lo que viene lineas abajo es el resultado de un diálogo apasionado entre tres grandes entusiastas, que se sentaron a hablar sobre relaciones con el cine clásico (y no tanto), con el melodrama y las telenovelas, con las biopics y sobre muchas cosas más. Como siempre en Perro Blanco, las ideas son producto de la pasión. Y creemos que lo que van a leer vale el tiempo de lectura. Pasen, lean y vuelvan a la serie, que realmente es una de las sorpresas del año.

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Tabula Rasa

El cuento moral que nos narra Tabula Rasa, en cambio, ya no necesita exponer ningún artificio. O en todo caso si muestra algo parecido no viene por el lado de las formas ni por la reflexión sobre el lenguaje, sino por el desenmascaramiento de ciertas instituciones cada vez menos consolidadas, como lo son el matrimonio y la familia. Al disponer de todos los elementos en escena solo para construirnos una idea ingeniosa de ocultamientos selectivos la serie juega a ese juego irritante de juegan algunos guionistas, que no es otro que el de manipularnos a puras vueltas de tuerca, como si el mero retorcimiento narrativo pudiera formular una idea. Y el punto es que, por fuera de su voluminoso exhibicionismo, la serie está tan vacía como la cabeza de su protagonista. Ese movimiento, que en algunos casos no es más que el disfrute lúdico por las formas y por el vacío mismo como ejercicio (vg Intriga Internacional, otra vez Hitchcock, a ver si lo entienden mejor la próxima) aquí no es otra cosa que un vacío impar, una jugada rápida, un gesto canchero.

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The good place

Una chica, Eleanor Shellstrop, termina en el cielo por equivocación. Si, es una premisa limpia, sencilla, sin muchas vueltas, pero es apenas un punto de partida. No obstante, en los primeros capítulos, me encontré con los típicos finales cliffhanger de último minuto y fue casi una decepción que me hizo pensar si valía la pena seguir. Me parecía un mecanismo barato, de esos que las series usan para enganchar espectadores. Por suerte funcionó, de todas formas, y me enganché hasta el final. Y en efecto me equivocaba. Porque nuestra serie en cuestión también se permite pensar y desarmar mecanismos clásicos de guión propios de las series como lo son el cliffhanger, el plot twist, los sub conflictos románticos, los lugares comunes de un género y de sus personajes. Meta serie? No necesariamente, pero ojo con el envase y con las primera impresiones, nos dice.  

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Cobra Kai

Cobra Kai se ubica treinta años después de la primera Karate Kid, con Lawrence todavía traumado por la derrota y Daniel convertido en un exitoso empresario de autos. Más aún, mientras Lawrrence está en una situación empobrecida, convertido prácticamente a la clase social de la white trash americana, Daniel es ahora un buen burgués, establecido en un negocio que lo ha vuelto prácticamente millonario. La relación se invierte en este sentido de modo notable respecto al largometraje.

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Evil Genius

Evil Genius parte de un mismo origen, que es el del mal como ejercicio placentero, el del daño como un juego, el de las motivaciones como un enigma que tiene más que ver con el goce que con otra cosa. Algo de todo esto se preguntaba en su momento Wes Craven (y su guionista Kevin Williamson) en la primera de las Scream (Wes Craven, 1996), película en la cual, la revelación final de los asesinos y de sus motivos nada tenía que ver con otro fin que no fuera el goce, la más absoluta y profunda de las gratuidades. No demasiado lejos de aquellos podemos situar a los protagonistas de Funny Games (Michael Haneke, 1997) o a los de Los extraños (Bryan Bertino, 2008). Todos y cada uno de esos asesinos podrían pensarse como la perfecta contracara de buena parte de los asesinos seriales del cine de terror.

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