30 noches con mi ex

Por Amilcar Boetto

Argentina, 2022, 93′
Dirigida por Adrián Suar
Con Adrián Suar, Pilar Gamboa, Gustavo Bermúdez, Rocío Hernández, Martín Campilongo, Fernando ‘Pichu’ Straneo, Elisa Carricajo, Elvira Onetto, Jorge Suárez

La norma y la moral

1. En All My Friends de LCD Soundsystem, James Murphy canta: It comes apart / The way it does in  bad films / Except the part / Where the moral kicks in (traduciendo algo así como: Se va  rompiendo / Como en las malas películas / A excepción de la parte / Donde entra la moral). Si escuchamos con atención, la tristeza de la canción no refiere sólo al hecho de la separación con sus amigos, sino, además, a la angustia de abandonar una forma de vivir previa para adaptarse a una forma de vida diferente. Ese modo de vivir, ese modo de ver el mundo, se va rompiendo, va alejándose de él, así como se alejan los amigos. Pero el modo en que se aleja no lleva consigo una reflexión o un arrepentimiento (la parte en donde entra  la moral), sino, por el contrario, la narrativa es la de la pérdida, como si fuera una actitud de rechazo a su nueva forma de vivir la vida, un llamado a volver a ser el de antes, volver a ver a sus  amigos (la coda de la canción acentúa esta angustia, esta imposibilidad de retornar). 

2. La diferencia que marca Murphy con las malas películas no es para nada sonsa, por el contrario, es un problema muy tradicional de la comedia romántica: ¿Cómo hacer para lidiar con el momento en el que entra la moral?. Es decir, cuando hay un personaje que tiene una visión del mundo y otro que tiene otra que es más cercana a la moral que gobierna las normas sociales…¿Qué sucede entre ellos? ¿La moral propia se adapta a la norma, o la otra persona decide integrar el mundo propio de aquel que crea sus normas? ¿Se produce una contaminación… o en  tal caso, una separación? Vacaciones en Roma es un ejemplo claro donde esos dos mundos se  vuelven inadaptables el uno al otro, sin embargo, la película termina con un travelling out de Gregory Peck caminando por una iglesia, su marcha es decidida y su cara es la de una persona conforme con su decisión, hasta que su marcha dismuye y su cara traduce preocupación, allí se  da vuelta por unos segundos y sigue su caminata. Con este simple gesto, Wyler y Trumbo  parecen comunicarnos que la vida del protagonista cambió para siempre, lo quiera o no. 

3. En la entrevista que le realizó Cahiers Du Cinema a Kiju Yoshida, el director japonés dijo que el cine de Kurosawa le resulta peligroso, porque es un cine donde la fe en la humanidad, el mandato  de que se debe ayudar al prójimo, ignora la realidad del Japón de aquel entonces, halagando a un sistema democrático importado de Estados Unidos (mi traducción es, en realidad, una traducción de una traducción -del francés al ingles y ahora al español-). Disintiendo con el anti humanismo  de Yoshida quisiera decir que en el contexto histórico en donde estamos parados, el estoicismo es un acto de rebeldía ante un sistema cada vez más individualista y divisorio. El estoicismo, por otra parte, no pretende ser obediente a un sistema (aquí no estoy hablando puntualmente del  cine de Kurosawa, que es algo que no voy a hacer en esta nota), sino por el contrario, muchas  veces pretende ser un acto de posicionamiento contra el sistema, como lo es en You Only Live  Once de Fritz Lang, donde la mujer le perdona a su amante hasta un asesinato y se lanzan juntos  a una carrera utópica y desesperanzada contra el destino.  

4. En cierto sentido, la comedia romántica puede ser favorable a sus personajes, que habitualmente son irreverentes, desinteresados por la ley (pienso, por supuesto, en esas dos obras maestras de  Hawks, Bringing Up Baby y His Girl Friday) o favorables al sistema, como acusaría Yoshida, si es  que el momento en donde entra la moral es tan profundo como para disciplinar a los personajes. Y en este sentido me gustaría hacer una aclaración: no es lo mismo una película conformista, que  las hay muy buenas (muchas de las de Frank Capra) y una película opresiva, disciplinante. Una  cosa muy distinta es un personaje que es feliz con lo que lo rodea y se da cuenta de eso (Qué  Bello es Vivir es el ejemplo más gigante de este descubrimiento) a un personaje que es llevado a  abandonar su personalidad para vivir en sociedad. 

5. Entonces llegamos a la película de Suar. El personaje de La Loba en 30 Noches con mi ex es, para ser sincero, un muy lindo personaje. Diría, incluso, que es uno de esos personajes que le faltan al cine argentino. Es obscena, grosera, indomable y graciosa, verbal y físicamente. Recordemos (si la vieron…y sinó imaginen) la escena del restaurant, donde se enoja con alguien que le debe plata a su ex marido, por lo que lo insulta y degrada. La actuación de Gamboa tiene algo de lo que carece Natalia Oreiro en Re Loca ( por mencionar un caso) no tiene. Y esto es que, simplemente, conoce las palabras que usa y se las apropia, parecen suyas. Suar encuadra un plano general donde se ve la gente sentada en las mesas de restaurant, se nota el contraste entre un mundo determinado (que es  encarnado, en general, por el personaje de Suar) y un personaje distinto. Ahí hay algo más que otra entrega del mainstream industrial vernáculo repitente de ideas (o de falta de ellas). 

6. A pesar de este gran logro, Suar es un auténtico dotado con un poder: es un destructor de escenas. Y su manera de destruirlas es, justamente, haciendo entrar la moral (su moral). Pocas películas que yo haya  visto tienen una idea rítmica parecida a la que propone 30 noches con mi ex: luego de un momento cómico viene un momento donde se demuestra la distancia entre ambos personajes, un golpe emocional que nos  saca de la comedia y nos devuelve al pensamiento de que son dos personas inadaptables. Es como si el montaje de la película nos estuviera aclarando todo el tiempo que no se puede convivir con una loca. Aquel proceso de contaminación mutua, que se daba en las mencionadas películas de Hawks -donde el gag no se explica y los personajes se pierden en la acción misma- se  convierte aquí en un reclamo constante, en una anulación de la acción (la acción también puede  ser diálogo, estamos hablando de Howard Hawks) en favor del recuerdo de lo normativo.

7. Pocas veces la película se deja contagiar por la locura del personaje más importante que logró crear. Y cuando lo hace emerge la película graciosa que podría haber sido (la escena con el oficial de policía). Lamentablemente, la escena que más le interesa a Suar es esa discusión a  los gritos a pleno llanto en la calle. Ahí es donde él ve el potencial, el centro de la película: en el  desentendimiento a pesar del amor, en lugar de en el amor a pesar del desentendimiento. 

8. La psiquiatra, que se sienta con ambos y les habla de vínculos, de aceptación y finalmente les dice que deben empezar a separarse de verdad, es un personaje del que Hawks, Sturges,  Bogdanovich, o incluso Levine, para dejar de nombrar muertos, se hubieran mofado. Sin embargo, Suar hace un travelling out y muestra a los personajes felices con la decisión de la psiquiatra, incluso almorzando con ella, para finalmente elipsar y ver a La Loba caminando por la calle, ya sin pánico a las personas (el plano lo aclara: extras cruzan frente a cámara, esta repleto de gente) y sonriendo, aceptando la disciplina psiquiátrica. Dicho esto, me parece que a varios colegas que he leído les pasó algo parecido que al arco del personaje de la loba: eligieron conformarse, como si estuviéramos obligados ante un mainstream que nos entrega desastre tras desastre (Pipa, Granizo, La Ira de Dios) a defender a una película que tiene ciertos aciertos, minúsculos, pero que están, pero está lejos de ser una película por la que valgan la pena elogios fatuos o adoraciones de ocasión por el milagro de llenar los cines.

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