El primer hombre en la luna (First Man)
Estados Unidos, 2019, 141′
Dirigida por Damien Chazelle.
Con Ryan Gosling, Claire Foy, Jason Clarke, Kyle Chandler, Corey Stoll, Patrick Fugit, Christopher Abbott, Ciarán Hinds, Olivia Hamilton, Pablo Schreiber, Shea Whigham, Lukas Haas y Brian d’Arcy James.

Legados

Por Cecilia Martinez

No voy a decir que First Man es un poema visual porque no me gustan ni la frase ni los poemas. First Man es una obra maestra, una obra de la cual aprender, con la cual inspirarse. First Man es una elegía conformada por dos piezas: el virtuosismo y la frialdad que supone el tecnicismo extremo de la carrera espacial en contraste con el dolor más íntimo y desgarrador que supone la pérdida de un hijo. En ese ir y venir entre ambas historias se erige la historia particular de Neil Armstrong.

Como marca distintiva de ambas partes aparece la banda de sonido que también es una obra maestra, ese leitmotiv que va adquiriendo distintas intensidades y matices dramáticos dependiendo de la pieza. Una melodía que recuerda a la City of Stars de La La Land, una música capaz de evocar la más extraordinaria esperanza así como la más desoladora de las tristezas, con un simple cambio de tonalidad.

En ese ir y venir de la música, en ese confluir de sonidos que también son los sonidos mecánicos y latosos de la nave, además de los ruidos cotidianos del hogar, Chazelle compone esta ópera, que alcanza su clímax con la llegada a la luna, en el momento exacto del alunizaje, cuando la música explota hasta las lágrimas, conteniendo todas las melodías que nos dio hasta ese momento, fundiéndose con las imágenes, con los sentimientos, con las expresiones. Porque en ese punto, ya no hay más palabras, no existen palabras para describir esta nueva realidad; solo queda la sumersión absoluta en las imágenes y en la música. Y en el momento en el que Neil llega y observa, con los paneos laterales y circulares de una cámara que es la subjetiva de nuestra mente estupefacta, fusionando recuerdo con presente, en ese momento de observación, ambas piezas de la ópera y de la elegía se funden en una: el legado.

Porque First Man es eso también, una historia sobre legados, sobre cómo un hijo y una hazaña son obras extraordinarias que le dejamos a la humanidad. Si bien el contexto de la carrera espacial no siempre había sido auspicioso, con varias pérdidas anteriores, protestas sociales y el escenario de la Guerra de Vietnam, la hazaña de Neil es simplemente ineludible, menos como gesta heroica de una nación que como la aceptación y la culminación de un proceso de duelo. En ese pasaje de la Historia a la historia, de lo grandilocuente a lo íntimo, a contrapelo de lo que las biopics tradicionales suelen trazar, está la mayor hazaña y el legado de la obra maestra de Chazelle, al terminar una película con un hombre y una mujer, despojados de lo heroico, unidos por el desastre más terrible, reconectándose a través de un vidrio.

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