Annihilation
Reino Unido-EE.UU., 2018, 115′
Dirigida por Alex Garland
Con Natalie Portman, Óscar Isaac, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, Tessa Thompson, Benedict Wong, David Gyasi, Sonoya Mizuno, Crystal Clarke, Kumud Pant, Tuva Novotny, Cosmo Jarvis, Mairead Armstrong

En los designios de la mutación sigilosa

Por Miguel Peirotti

Acá estamos frente a otro autor del género de la Ciencia Ficción que nos entusiasma con apenas dos películas estrenadas, Alex Garland. Un caso parecido al de Duncan Jones, quien con En la luna y 8 minutos antes de morir nos trepó a la montaña rusa del arrebato cinéfilo por arte de magia de Méliès, aunque luego asistimos a la tragedia estética de su descenso a los infiernos de las leyes duras del mercado. Alex Garland, al igual que Duncan Jones, es inglés y nació con la década de los setenta y acabó en las mazmorras de Netflix por obra y (des)gracia de los nuevos lineamientos en el consumo del cine adulto.

Acá se acaban las coincidencias.

En esta precisa coyuntura, es probable, y hasta recomendable que sintamos más excitación por lo que puede generar de aquí en más Garland que Jones, aunque sobre Jones pesa un factor afectivo, su origen paterno (y el grosor de En la luna, claro). ¿Quién es más idóneo para viajar al intraespacio exterior que el hijo de Ziggy Stardust? No obstante, Garland está dando muestras de haber capitalizado positivamente su experiencia como guionista dentro de las coordenadas del Fantástico (Exterminio y la enigmática y subvalorada Sunshine: alerta solar, ambas de Danny Boyle, y Dredd, de Pete Travis). Cuando dio a conocer Ex-Machina en el 2014 dejó sus huellas marcadas en la vereda del género sin pedirle autorización a ningún tótem del género. JJ Abrams y otros ya tenían compañero en el aula. En su opera prima, Garland relataba lo que ya se describía en Blade Runner (todos los caminos de la ciencia ficción contemporánea conducen a las aventuras de Deckard, el hijo predilecto de Philip K. Dick) y, mucho tiempo atrás, reclamaba Mary Shelley en su novela Frankenstein: la línea que divide la vida natural creada por el vientre del ser humano y la vida sintética manufacturada por un laboratorio lleno de humanos se está difuminando en los tiempos modernos y la paradoja que origina esta confusión de vida llegó para quedarse: no aceptarla es una derrota evolucionista mientras que fomentarla irresponsablemente es el camino corto a la autodestrucción. En el limbo que existe entre ambas decisiones posibles se recuestan los artistas para soñar con ovejas eléctricas o imaginar nuevos ultramundos.

 

Acá empiezan las coincidencias. Quizás podamos elaborar una hipótesis, encontrar referencias y autorreferencias. Ex-Machina hablaba de una nueva vida inteligente, creada desde lo que sabemos del género humano por ser humanos. Aquella vida, como dejaba entrever el título, evolucionaba del metal a lo carnal, una máquina que ya no lo es, un ser nuevo, una “ex-máquina”. El (¿sub?)texto vuelve en Aniquilación: la nueva vida es el nuevo miedo. Lo nuevo no se entiende y nada tememos más que aceptar lo que no podemos explicar. La inserción de lo ominoso en el ámbito de la normalidad biológica.

En esta nueva película de Garland estamos ante una bióloga que junto a un equipo de profesionales mujeres es enviada a una región aislada por el gobierno estadounidense después de que su esposo desapareciera durante años y volviera hecho una seda, una versión fumada de lo que solía ser, como si lo hubieran desterrado a una isla junto a Tommy Chong.

Que las protagonistas sean mujeres podría dar pistas sobre esta aproximación tópica a una suerte de neo-génesis, devenida de un apocalipsis orgánico. La fertilidad congénita de la mujer es necesaria para este fin del mundo contra natura, germinado desde un creacionismo críptico y acaso extraterrestre, y no desde la destrucción total. ¿Una reactualización de “La invasión de los ultracuerpos” (1956), la película fundacional del gran Don Siegel en la que los alienígenas absorbían nuestra fuerza de vida, nuestro “chi”, dirían los chinos, para calcar nuestro apariencia? Parecido argumental, hay, pero la sincronía de estas dos películas colisiona en sus teoremas: la de Siegel respondía al miedo al comunismo y la de Garland, al miedo a una nueva Tierra, al llamado de alerta ambientalista. La naturaleza nos chupará como sachets de jugo. Y seguimos creyendo que el planeta es nuestro esclavo. La verdad nos doblegará. Se montó ahí afuera, debajo de un domo.

Otro día hablamos de la devastadora derrota cultural que supone que Paramount haya desistido de estrenar esta película fuera de los Estados Unidos y la haya vendido a Netflix porque su final era indeterminado, un poco errático y no totalmente claro. La involución del cine siempre obedece al conformismo de la demanda. La pobreza de la oferta nace allí. No solo comemos basura sino que ahora también queremos que nos la den en la boca haciendo avioncitos.

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