Annabelle 2: La creación (Annabelle: Creation)
Estados Unidos, 2017, 109′
Dirigida por David F. Sandberg.
Con Stephanie Sigman, Talitha Bateman, Lulu Wilson, Philippa Coulthard, Grace Fulton, Samara Lee, Tayler Buck, Anthony LaPaglia y Miranda Otto.

La chantada

Por Hernán Schell

No, el título original no lleva ningún nùmero. Es Annabelle: Creación. Diferencia para nada menor si tenemos en cuenta que esta película no es una secuela de la película que fue un spinoff de El Conjuro sino la precuela de aquella. Más estrictamente, estamos hablando de un relato acerca de como se creó esa muñeca inquietante. Ya empezamos mal, porque se trata de una operación de marketing antes que de una película. Eso ya marca el rumbo de lo que sigue.

Se sabe que este tipo de estrategias comerciales son comunes en el cine cuando una franquicia empieza a tener éxito, sobre todo si esto pasa en el cine de terror. O sea, normalmente en la primera película basta la propia presencia del monstruo para generar un relato, pero después pareciera que se necesita un origen, una historia de como es que se creó ese bicho cosa de darle un contexto que, en verdad, nunca fue necesario. Sin ir más lejos lo mismo hizo este año Alien: Covenant de Ridley Scott. La diferencia de la película de Scott y Annabelle 2 de todos modos es bastante clara. El bicho del clásico de los 70 tiene un aura legendaria que esta muñeca claramente no tiene. Una tiene un mito que la precede, la otra una operación publicitaria y de marketing derivada de un potencial monstruo que tiene una participación mínima en una gran película. Por ende, la historia de creación de los Alien tiene también un aura operística que la chantada esta de Annabelle 2 no tiene. De hecho es interesante comparar las dos películas. Ahí donde la de Scott agrega diálogos pomposos y citas a poetas en una saga que al menos en sus primeras dos películas se caracterizaba por el terror y la acción física, en la película de Sandberg (director de la también floja Cuando las luces se apagan) asistimos a un spin off que jamás dialoga con su película de base y referencia (la mencionada El Conjuro), que no está respaldada por un mito ni un misterio y que solo puede sobrevivir gracias a una sucesión de estupideces efectistas.

De este modo, si las películas de Wang se caracterizaban por ser largometrajes basados en la creación de climas inquietantes que nunca terminaban de concretarse en una muerte, esta precuela (o falsa secuela, según la chantada de la distribución del marketing local) crea climas llenos de recursos berretas (el primer plano sonoro, las subjetivas, la estridencia musical, el diseño de producción por encima de la narración pretendiendo “oscuridad” y un clima lúgubre), ya mil veces vistos, que terminan a los pocos minutos para poder chocar con algún golpe de efecto que tienen la misma sofisticación que los sustos de un tren fantasma. De hecho si las de Wang cometían la osadía de no darnos un sólo cadáver, Annabelle 2 termina comportándose como un slasher adocenado, que reemplaza a jóvenes hipersexuados y asesino suelto por fantasmas/demonios y niños huérfanos. Como si el cine de terror no hubiera dado 40 años de historia, evolución y cambios.

En la pereza (ver la poca imaginación para los asesinatos: Darío Argento se muere muerto si ve esto), en la incapacidad narrativa, en la imposibilidad de construir un mito terrorífico es que muere esta película del montón. Y ese es su gran problema: pudo haber sido una de esas sorpresas anónimas, que al no tener historia detrás se podía permitir reformular todo. Después de todo, estamos hablando de terror, un género que puede hacerse de forma muy barata, sin estrellas, pero que al menos precisa ideas.

Si uno aguanta la película hasta el final, se va a encontrar con un chiste bueno hecho con un timing dueño de una precisión admirable. Teniendo en cuenta el nivel general de la película uno no puede pensarlo como otra cosa que como un feliz accidente.

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