Asesino sin memoria

Por Gabriel Santiago Suede

Memory
EE/UU., 2022, 114’
Dirigida por Martin Campbell
Con Liam Neeson, Guy Pearce, Monica Bellucci, Taj Atwal, Harold Torres, Ray Fearon, Ray Stevenson, Louis Mandylor, Stella Stocker, Lee Boardman, Antonio Jaramillo, Rebecca Calder, Kate Nichols, Atanas Srebrev, Daniel De Bourg, Sigal Diamant, Josh Taylor, Scot Williams, Mia Sanchez, Doug Rao, Trevor Van Uden, Petar Kirilov, Kalina Stancheva, J.R. Esposito

Al olvido

En la última década, con un promedio estable de dos a cinco participaciones (desde cameos hasta protagónicos absolutos) por año, es decir, un promedio de tres y medio, por lo tanto, una filmografía que en los últimos dos lustros sumó más cantidad de títulos que en casi toda la carrera previa, Liam Neeson se convirtió en el adversario más potente que haya encontrado Nicolas Cage. Ambos, no obstante, jamás podrán llegarle a los tobillos a Rugter Hauer, un adelantado en el arte de hacer una carrera patinando sobre el fino hielo del trash y la sofisticación sin escalas intermedias. Y así las cosas ahí está Liam, que sigue haciendo películas con variantes sobre un mismo personaje, casi sin inmutarse.

Asesino sin memoria, a diferencia de otros exponentes recientes del neesonxplotation, no guarda ningún as sobre la manga, no tiene grandes ideas. Pero si, en alguna medida, supone alguna conexión con el cine directo a video de los 90s, en particular con los exponentes de los neonoirs de frontera, que reunían todos los lugares comunes de las películas hechas con resabios: actores en decandencia con varios años sin pantalla, argumentos que implicaran a la política y a los negocios metidos de lleno en negocios turbios (en este caso es la pedofilia), justificación de la coporoducción con estrellas oxidadas importadas para unas contadas escenas, tres o cuatro momentos de espectacularidad (habitualmente con estallidos de alguna índole).

El problema que expone Asesino sin memoria no radica solo en su carencia absoluta de ideas, ni en su ausencia de autoconciencia. Ni siquiera es un problema de Neeson, que en otras circunstancias logra salir airoso con esta clase de papeles. Ni del pobre Guy Pearce, a quien se lo ve más perdido que de costumbre, casi extrañando los inicios de su carrera. El problema aquí es Martin Campbell, que no parece tener la menor conciencia de los materiales, frente a los cuales opera con un automatismo que asusta, apegado a un guión que, en otras manos, pudo haber sido al menos un ejercicio testamentario, un noir más cercano a las novelas de Lee Child, donde la violencia, las fronteras d ela ley y varias de las obsesiones del policial negro todavía tienen alguna clase de función. Pero no le podemos pedir nada al pobre diablo de Campbell, que todo lo arruina a golpe de ridículo involuntario.

Al finalizar Asesino sin memoria nos preguntamos qué hubiera sucedido con este proyecto en manos correctas. Y confiamos que, en la melancolía de ese final, el bueno de Liam pueda encontrar la paz para elegir con más tino la próxima. A lo sumo que el dolor del duelo y las deudas lo estén tapando, vaya uno a saber.

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