Aves de presa y la fantabulosa emancipación de una Harley Quinn (Birds of Prey: And the Fantabulous Emancipation of One Harley Quinn)
EE.UU., 2020, 109′
Dirigida por Cathy Yan.
Con Margot Robbie, Mary Elizabeth Winstead, Ewan McGregor, Jurnee Smollett-Bell, Rosie Perez, Ella Jay Brasco, Bojana Novakovic y Chris Messina.

Un cuarto propio

Por Ignacio Balbuena

Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de una Harley Quinn). Así, con este título larguísimo e imposible, la nueva película de DC intenta posicionarse como una película estrafalaria y poco convencional. En parte lo logra, pero tiene el problema de que además de este tono quirky también apunta a ser una película de múltiples géneros (policial ochenti-noventoso, acción a la John Wick, comedia, película de girl power queer), en un paquete que pretende reinventar y reposicionar a su personaje principal (la Harley Quinn de Margot Robbie) lejos de la infame Escuadrón suicida y de paso marcar un futuro posible para un universo DC que no es más que una serie de retazos sueltos. 

Son muchas cosas a considerar, muchas agendas en juego. Y además de este todo choque entre la agenda corporativa Warner/DC, la agenda cultural progresista (‘‘todas las mujeres son superheroínas’’, nos dijeron Brie Larson, Sigourney Weaver y Gal Gadot en los Oscars) y la necesidad de mover adelante un universo cinematográfico que es básicamente un quilombo, la película decide optar como dispositivo narrativo una cronología no lineal, con voces over que por momentos rompen la cuarta pared, llena de carteles y freeze frames, una herencia/detritus de Escuadrón suicida que está llevada aquí a un punto más razonable pero igual bastante feo. 

El tema es que esa pseudo-estética de aquella película desastrosa de David Ayer a su vez era una herencia mal entendida del cine de Guy Ritchie, de los elementos más superficiales del cine de Tarantino o incluso de Guardianes de Galaxia, con lo cual estaríamos aquí ante el caso de una fotocopia de una fotocopia, puro desgaste. Es lo peor de la película. 

Pero recordemos: estamos efectivamente ante una película aquí. Hay algo de cine en medio de este artefacto cultural raro. No es un experimento deforme -como la película que más veces repetí en esta nota- que quien sabe por qué terminó en la sala de cine y no en la papelera de reciclaje. Quizás el elemento que justifica el carácter medio frenético y agitado de la película es que es una película contada desde el punto de vista de Harley Quinn, que es básicamente un personaje chiflado. No termina de ser, como repiten por ahí, una Deadpool de DC, aunque si, hay algunos elementos en común. Ambos personajes son psiquiátricos (o bueno, locos en el sentido de una película de cómics, locos lindos, psicóticos pero no despreciables) y atraviesan el mundo en el que viven con una lógica de cartoon a lo Tex Avery. Harley Quinn de hecho empieza su día mirando dibujitos mientras come cereales, usa elementos como martillos gigantes y escopetas que disparan confetti y convierte cada pelea cuerpo a cuerpo en un ballet de acrobacias. Pero su estado mental no termina justificando de forma adecuada todo el ir y venir narrativo. 

Dicho de otra forma: cuando la película se pone física y apela a las piñas, y en consecuencia, a una cierta elegancia narrativa a la hora de mover los cuerpos y la cámara, es cuando más acierta. Ahí tanto Harley Quinn como el resto de las chicas superpoderosas de la película se lucen, desde Black Canary y la detective Renée Montoya, hasta la Huntress de Mary Elizabeth Winstead, una actriz que ya tiene un excelente currículum de películas de género que la jugaban sin humor (la fallida remake de The Thing, 10 Cloverfield Lane) o algunas más cercanas al humor o ese registro entre la parodia autoconsciente de sus propios tropos y el cartoon (Scott Pilgrim vs The World). 

Si bien la película se ocupa de enroscarse narrativamente de forma innecesaria, el argumento es bastante sencillo. Por un lado, Harley Quinn se separa del Joker (ningún rastro del Joker de Jared Leto aquí, por suerte), y básicamente todo el underground mafioso de Ciudad Gótica la quiere matar ahora que ya no tiene la protección del payaso asesino. Esto llama la atención de Máscara Negra (Ewan McGregor) y su secuaz Victor Zsasz, que le ofrecen a Harley Quinn protección a cambio de un diamante robado por una adolescente llamada Cassandra Cain, un personaje que tiene un background mucho más complejo en los cómics, acá básicamente la reinventaron, como señaló la autora emblemática de las Aves de Presa, Gail Simone. Sorprende también que en una película que apunta tanto al Girl Power, los villanos estén codificados con una estética ‘son o se hacen’. No termina de entenderse si es queer baiting, un comentario sobre la inseguridad y el homoerotismo en los varones, o simplemente si son típicos villanos gays y malvados. Un punto flojo allí.

Black Canary (acá una actriz de color, reemplazando la típica representación del personaje como una mujer blanca pero insertándose en la curiosa tradición de ser un superhéroe de color con el título Black como apéndice) pasa de ser cantante de un club de Máscara Negra a su chofer después de demostrar que sabe pelear cuerpo a cuerpo y así termina involucrada en la búsqueda del mencionado diamante. A su vez, se vuelve la informante de la detective Renée Montoya, que viene investigando el caso de Máscara Negra y tratando de atar los cabos sueltos entre esos personajes y el de Mary Elizabeth Winstead, que pulula en escenas inconexas del resto de la trama asesinando mafiosos con una ballesta. Eventualmente hay una serie de flashbacks que explican como su familia fue asesinada por la mafia y ella entrenó para convertirse en una mujer letal de armas tomar y etc. De la misma forma que Harley Quinn comenta cada plot point de la película señalando los lugares comunes de la trama policial Hard Boiled (‘Ningún policia hace algo útil hasta que los suspenden’’, dice Margot Robbie), el personaje de Huntress bien podría estar sacado de alguna secuencia de entrenamiento de una película pulp al estilo de la primera Kill Bill, y compensa el drama cliché con bienvenidas secuencias de humor incómodo en torno al misterio de su nombre, algo para lo que Mary Elizabeth Winstead tiene talento. 

Uf, todavía sigo contando la sinopsis? Bueno, sí, evidentemente es una película con muchos personajes, mucho plot, muchas historias de origen a la vez. Por suerte cada tanto, hay una secuencia de acción larga, brutal y precisa para despertarnos un poco. Quizás por eso no termina de funcionar. Mientras por ejemplo, la saga de John Wick tiene secuencias larguísimas de acción cada 20 minutos, el personaje es sencillo y la trama siempre es ‘‘Ir del lugar A al lugar B’’ o ‘‘Matar a C’’. Aves de Presa hace todo lo contrario y termina siendo medio insoportable, aún con el carisma que puedan tener sus múltiples protagonistas y la estética colorinche. Finalmente, uno está ahí para ver la money shot de todas las chicas, algo así como el traveling circular que reunía a los Vengadores por primera vez en la película de Whedon del 2012 o el infame paneo con las chicas del Universo Marvel en Endgame. Y eso tarda en llegar aquí y la película se diluye bastante en el camino.

Toda la gran secuencia climática en que finalmente todas las chicas se juntan y se cagan a piñas (y tiros y martillazos y gritos) contra los esbirros de Ewan McGregor es un éxito, eso sí. Y luego de la pelea final, hay apenas un epílogo con ellas juntas, una secuencia medio de hangout movie que revela una dinámica interesante, una dirección posible para la película que podría haber funcionado más. Obviamente también hay setup para futuras películas porque el cine de superhéroes funciona así hoy. Los que siguen un poco la escena comiquera saben que el line up clásico de las Birds of Prey se completa con Batichica, que quizás se una en el futuro. Vienen agitando una posible película de Batichica hace años, y tendría sentido unirlas con estos personajes. Sería una forma razonable de seguir sumando girl power y de mantenerse en el universo de Batman sin mostrar a Batman.

Justamente, y en relación a lo de Batichica y Batman, esta película tal cual está ahora carece de una gran figura de peso, no hay aquí ningún cameo de esos que hacen titilar a los fans, hasta los villanos son medio de la D. Sí, Margot Robbie es una presencia cinematográfica enorme, y un personaje secundario del universo Batman que juega en primera pero que todavía está buscando generar su propia iconicidad en el cine. De hecho, ese es el gran tema de la película, el de un grupo de mujeres encontrando diversas formas de libertad. Harley Quinn busca liberarse de la sombra del Joker de Leto (tanto en la ficción como a nivel de franquicia) pero no es la única: el resto de las arbitrariamente llamadas Aves de Presa busca su propia independencia también. 

Contar la emancipación y la subsecuente amistad femenina que surge entre las Aves de Presa, Harley y la pequeña Cassandra, la ladrona callejera que queda bajo la tutela del personaje titular, es el objetivo modesto de esta película. Nadie quiere salvar el mundo acá, y eso es bueno. Ya sea de un trabajo que no reconoce su talento, de un pasado traumático o de un jefe abusivo, todas las mujeres de Aves de Presa buscan esa independencia y a la vez serán personajes que, en paralelo, harán avanzar el universo DC.

Esto marca una diferencia respecto de otros personajes femeninos que están anclados en el pasado (Wonder Woman transcurría en la primera guerra mundial, su secuela en los ‘80s, y recordemos que la película de Capitana Marvel solista es una precuela noventosa). Es cierto, queda ver qué pasa con esta continuidad (la misma del Batman de Ben Affleck, recordemos) a la luz del pronto estreno de The Batman, de Reeves y de Pattison. Pero a su vez existen las películas como Guasón, que son un mundo aparte, y las aventuras más PG-13 de Aquaman y Shazam!. Un quilombo, bah, como dijimos antes, pero un quilombo en el que las Aves de Presa y Harley tienen la intención de desarrollar una voz propia.

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