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Bafici 2022 – Diario de festival: El sistema K.E.OP/S, Cerdita, El campo luminoso, Lavandería Nancy Sport

Por Raúl Ortiz Mory

Ingresé al Bafici por la puerta de la comedia negra y al término del primer visionado tuve la sensación de que el festival arrancó bien para mí. Lo primero que vi fue El sistema K.E.OP/S, película de Nicolás Goldbart, el mismo creador de Fase 7.  Las múltiples referencias cinematográficas que contiene el trabajo de Goldbart y la variedad de géneros a los que acude -por más que en su segundo largometraje predomine el registro cómico con variante de sátira- hace que El sistema… sea un disfrute con giros inesperados, situaciones al límite y diálogos ingeniosos.  

Fernando (Daniel Hendler) es un director de cine que está desempleado, no tiene una buena relación con su esposa y tampoco con su hija adolescente. Una mañana, se topa con un suceso inesperado que lo hará navegar por Internet para conocer más acerca del misterio de una muerte. La búsqueda derivará en el descubrimiento de una sociedad secreta. Grande será la sorpresa de Fernando cuando quede evidencia de que es observado, escuchado y seguido por desconocidos de los que no podrá librarse. Con la ayuda de su mejor amigo, Sergio (Alan Sabbagh), emprenderá una investigación que pondrá a prueba el vínculo que los une.  

Hitchcock, spaghetti western, Blow Up, thriller, Kubrick, drama, Peeping Tom, Carpenter y un largo etc. conviven en la película de Goldbart a través de un equilibrio marcado por las características de Fernando y Sergio: uno, irresoluto y temeroso; el otro, decidido e impulsivo. Los trabajos de Hendler y Sabbagh imitan u homenajean de soslayo a Laurel y Hardy, Hill y Spencer, Asterix y Obelix. No hay cálculo ni disfuerzos en la mirada de Goldbart al momento de acercarse a los géneros o exponentes de diversas vertientes, más bien existe una armoniosa estructuración de momentos que responden a un guion sólido. 

El sistema… es una historia sobre la amistad donde dos tipos disímiles deben afrontar momentos apremiantes dejando de lado sus diferencias. También es una mirada divertida hacia el concepto orwelliano del Gran Hermano y la omnipresencia de una fuerza controladora. Para bien, El sistema… es una película “independiente” -¡qué difícil es definir y aplicar el bendito término en estos tiempos!- con posibilidades reales de exhibición orientada a las grandes audiencias. 

II

A causa de su obesidad, Sara se ha convertido en el centro de las burlas de un grupo de chicas, entre ellas una ex amiga suya de infancia. La joven vive con su padre, un parsimonioso vendedor de carne de cerdo; su madre, una mujer controladora que vive pendiente de la vida ajena; y su hermano menor, un púber espabilado que anda pegado al teléfono celular y a la pornografía. Un día, Sara sufre un acto extremo de bullying que tendrá efectos terribles para sus acosadoras, a pesar de que ella no sea quien ajuste las cuentas a nombre propio. 

Bajo una premisa que empieza a delinear el drama dominado por la crueldad juvenil, la directora española, Carlota Pereda, transforma una atractiva historia de personajes peculiares en un tratado de venganzas con espacio para el gore y la fatalidad. Cerdita es una película potente que sostiene sus fortalezas desde un discurso corrosivo a nivel de argumento y una narrativa audiovisual de impacto. 

Por ratos, la propuesta de Pereda se asemeja al cine de Jeremy Saulnier donde el personaje central puede ser un marginado que solo tiene una oportunidad para redimirse sin importar el precio que pagará por ser aceptado. Por otro lado, si hay algo referencial hacia Brian De Palma, en el trabajo de Pereda, es la intensidad de los actos atroces contra Sara. La humillación que sufre Carrie durante la escena del baile es un festín de burla para los demás jóvenes, mientras que el padecimiento de Sara en la escena de la piscina, donde es cazada “como una ballena”, parece ser el cénit de la satisfacción sádica para sus agresoras. 

A pesar de algunos pocos tiempos muertos que no suman a la historia, Cerdita es una buena película de horror que explora los extremos del bullying, el alineamiento que dicta la aceptación social y los enamoramientos retorcidos entre seres solitarios.  

III

Bajo las capas del documental etnográfico y el revisionismo histórico, Cristian Pauls recorre el mismo camino que hace más de 100 años tomó una expedición sueca para contactarse con la comunidad Pilagá, en la espesura de Formosa. Apoyado en un valioso material de la época, donde se puede apreciar las costumbres y la cotidianeidad de los indígenas, Pauls lleva al debate las consecuencias del colonialismo, especialmente la desaparición de las culturas autóctonas. Las reflexiones del director se intercalan con una locución en sueco que narra extractos del diario de Gustav Haeger, el militar al mando de la antigua expedición. Cada parada hacia el destino final le sirve a Pauls y su equipo para establecer contacto con los pobladores que actualmente viven en las zonas que antes eran inaccesibles y de alto riesgo para los colonos blancos y criollos. 

Pauls no hace de su trabajo un documento fílmico de denuncia como podría pensarse a primera vista. Más bien transita por las causas y los efectos que conlleva a un proceso de transculturización, reconstruyendo una historia fascinante que también puede leerse desde la perspectiva del cine de viajes y ciertas cuotas de suspenso. Al recrear el trayecto de Haegen, Pauls traslada al presente un pulso narrativo tenso, fiel reflejo de una posible confrontación entre los guerreros indígenas y la misión europea. 

Para comprender el valor antropológico del camino que emprende, el realizador centra la atención en los descendientes de la desaparecida comunidad y reconstruye un espacio de identidad a través de fotos, vídeos, conversaciones y entrevistas a líderes de diversos pueblos que ahora están diseminados a lo largo del río Pilcomayo y otras zonas del interior argentino. El campo luminoso muestra un mundo ajeno que muchos no han querido ver y que se entiende mejor cuando nos ponemos en los zapatos del otro, del desconocido que siempre estuvo invisibilizado.

IV

En su libro Los suicidas del fin del mundo, Leila Guerriero ensaya la tesis de que los suicidios, mayoritariamente juveniles, que se dieron en el pueblo de Las Heras, en Santa Cruz, se debían a múltiples razones, según testimonios de los lugareños: el desempleo crónico y los bajos salarios, el viento que arrancaba las ventanas, la poca perspectiva de vida, los espíritus de los indios enterrados en esas tierras, etc. Lo que no son hipótesis y sí una realidad latente es que en la Patagonia el tiempo pasa y, a la vez, nunca sucede nada. 

Lavandería Nancy Sport, la primera película en solitario de Agustín Gregori, está ambientada en un pueblo sureño donde tampoco pasa nada. A diferencia de lo que plantea la periodista en su libro y marcando la distancia entre la realidad y la ficción, Gregori plantea una historia cargada de humor dividida entre lo absurdo, lo improbable y la ridiculez. Sin embargo, el abordaje de la vida monótona sin posibilidades de alguna chispa de sorpresa funciona… por ratos.

Todo gira en torno a una mujer, Nancy, que tiene un negocio de lavado de ropa. Ella ensaya hilarantes guiones publicitarios sobre jabón líquido, a la vez que alucina viajes interestelares a través de una de sus lavadoras. Además, dialoga con la máquina. Todo se complicará, o se tornará más alucinante, cuando la muerte de un heladero por atragantamiento de galletas ponga en alerta al pueblo entero. Una pareja de jóvenes frikis que matan el tiempo tocando timbres y un par de policías mujeres que vigilan la inmensidad de la pampa y filosofan sobre el sentido de la vida completan el desfile de personajes estrafalarios. ¿Un guiño a los Coen? Sí, un poco.

Gregori encuentra una manera divertida de narrar el hastío del día a día, escapando de las fórmulas importadas de la comedia que normalmente copan las carteleras sudamericanas. No obstante, su originalidad también se convierte en su principal debilidad cuando la reiteración de momentos desbordados llegan a cansar. En Lavandería Nancy Sport hay experimentación respecto al género, se asumen riesgos, pero, igualmente, se desequilibra gracias a varias escenas que van de relleno.   

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