Las bifurcaciones de Netflix

Por Claudio Huck

Black mirror: Bandersnatch.En el año 1984, el joven programador de videojuegos Stefan Butler se presenta en la exitosísima empresa Tuckersoft con la propuesta de un novedoso juego interactivo que está desarrollando basado en el libro Bandersnatch de la serie “Elige tu propia aventura”. Allí conoce al famoso Colin Ritman, que ha diseñado los mejores juegos de la compañía. Entre ellos se establece una extraña relación en la que Stefan es guiado por Colin, una especie de gurú metafísico, por los meandros y bifurcaciones que provocan las elecciones personales realizadas por cada uno, y que provocan diferentes variaciones en el universo. Se acerca la fecha de entrega del juego de Stefan y mientras tanto queda atrapado en un estado de stress galopante, lindante con la psicosis, que puede llevarlo  a la locura y el crimen, como al autor de la novela en la que se basa su juego.

    Netflix lanzó este especial de Navidad de la serie originaria del Channel 4 británico con bombos y platillos, como si fuese la revolución en materia de entretenimiento televisivo. La novedad es que el espectador, en determinados momentos, puede optar entre dos caminos alternativos y, de acuerdo a la elección que tome, la historia podrá tener diferentes duraciones, complejidades y desenlaces. El anzuelo picó y la película se transformó en un éxito tremendo a nivel mundial. Todos los telemaníacos contemporáneos no hablan de otra cosa, de las rutas elegidas, de los cinco desenlaces, del final oculto al que se llega con trampa y es para unos pocos. El capítulo es bueno y no desentona con el resto de la serie, que desarrolla una ciencia ficción oscura y admonitoria. Charlie Brooker, el creador de la serie, ha demostrado gran destreza narrativa y originalidad al momento de abordar temas y la manera en que lo hace. Y también inteligencia. Si tenemos astucia y nos adentramos un poco, podemos llegar a ver que bajo de la parafernalia vistosa del género, los efectos especiales y los finales sorpresivos, la serie habla de nuestro tiempo, de las pasiones humanas y de la desconfianza que hay que tenerle a los adelantos tecnológicos que son independientes de cualquier progreso humano. 

Bandersnatch plantea interrogantes a varios niveles que parten de una pregunta esencial ¿Es esto una película o un videojuego? Un filme tal como lo conocemos presupone un autor que elige de antemano el camino que debemos seguir los espectadores, nos presenta un universo cerrado al que contemplamos pero sobre el que no tenemos ningún dominio ni alternativas de decisión. El poder de elecciones desde el control remoto otorga a este experimento televisivo cierta espesura. Si bien es cierto que hubo intentos anteriores en esta modalidad, Bandersnatch llega a una instancia superior. Pero, ¿A costa de qué? De la pérdida de la ilusión de realidad o mejor, como definió Coleridge (y ayudó a divulgar Borges) la suspensión momentánea de la incredulidad(Willing suspensión of disbellef). Cuando vemos una película (o leemos un libro), para poder disfrutar de manera visceral de la historia, “hacemos como que creemos” en ese universo descripto, por más que se encuentre plagado de vampiros o naves espaciales. Ese pacto que establece el espectador y la obra es aniquilado por Bandersnatch. La posibilidad de seleccionar entre dos caminos a seguir detiene la narración, nos obliga a intervenir, dinamita nuestra posición de espectadores para convertirnos en una especie de demiurgo organizador del mundo, y crea un Frankenstein a medio camino entre el cine y el videojuego. 

    La avidez de novedad propia de la modernidad nos puede hacer creer que esto es un avance notable en materia de entretenimiento, pero ¿Lo es tanto? La respuesta es No. Si miramos un poco hacia atrás podemos encontrar las múltiples referencias en las que abreva, de diversas maneras, Bandersnatch. No hay que desdeñar la sagacidad de Charlie Brooker para poner tantos ingredientes en la coctelera y que el trago resultante sea sabroso. A continuación señalamos algunos antecedentes y también datos curiosos que se desprenden de la película y que pueden ayudar a entender qué es lo que pretende este pastiche interactivo.

La dimensión desconocida. Black mirror es hija dilecta de la serie clásica The twilight zonecreada por Rod Serling y que se emitió en cinco temporadas consecutivas entre 1959 y 1964 con un total de 156 episodios. Esa dimensión desconocida describe universos que no son el nuestro pero que se le parecen bastante. La narración, omitiendo ciertos detalles,  nos hace caer en la trampa de confundirlos, para que en determinado momento aparezca, como un mazazo sorpresivo (o una revelación) la diferencia: Humanos que huyen de un planeta belicoso y en extinción hacia un planeta ignoto que resulta ser la Tierra, una mujer bellísima que es considerada un adefesio en un universo de monstruos, un hombre común y corriente que escucha a una muñeca que le dice Te odioTe voy a matar, unos extraterrestres muy amables que vienen a la Tierra a desvelar los secretos del cosmos pero en realidad pretenden servirnos como plato principal en la cena. Charlie Brooker toma la posta dejada por Serling y recrea en Black mirror el lema inicial que se repetía al inicio de The twilight zone: Todo es posible en el reinado de la mente, todo es posible en la Dimensión desconocida.



Brooker encontró la punta del ovillo. Los mundos narrados en Black mirror son como el nuestro pero en general tienen un poco más de tecnología. Un plus que parece un avance, pero que en realidad se vuelve contra los personajes para destruirlos. En el capítulo que nos ocupa el universo que describe es el de la década del 80 (el formidable capítulo San Juniperotambién ocurría, en apariencia, en ese tiempo) lo que le permite explotar cierta nostalgia ochentona en auge. Brooker aprendió de su maestro una serie de puntos que respeta a rajatabla: La exhibición de prodigios, las narraciones trepidantes, los finales sorprendentes y nunca abandonar cierto tono pesimista con respecto al ser humano, que por más que se mueva en mundos con adelantos científicos que nos encandilan con una idea de prosperidad, sigue sujeto a los mismos temores y las mismas pasiones desde tiempos inmemoriales.

Orwell. Que Bandersnatchse desarrolle exactamente en 1984es una referencia evidente a la novela de George Orwell que describe una de las distopías más célebres y pesimistas que se hayan escrito, y que es en realidad un alegato humanista que nos advierte sobre los caminos equivocados que elegimos constantemente los seres humanos. Al inicio del filme se nos ubica en tiempo y espacio. Si nos percatarnos del detalle de la fecha orwellianavamos a poder suponer que la historia que se va a desarrollar no va a ser una comedia, precisamente.

Borges. En 1941 Borges escribe El jardín de senderos que se bifurcan, que se encuentra en el volumen Ficciones editado en 1944. Dentro de una trama policial, tal cual delimita el propio Borges en el prólogo, se hace referencia a un poderoso chino que renunció a todo y se retiró durante 13 años a construir una novela y un laberinto. En realidad la novela era un laberinto con ambición de infinito, una historia que se ramifica constantemente planteando porvenires diferentes sujetos a las elecciones que se fueran tomando. Este segmento del cuento lo clarifica: Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma…El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros

Bandersnatch ahí nomás.


Bioy y otros. Adolfo Bioy Casares no permaneció indiferente a las bifurcaciones espaciotemporales. En el cuento La trama celeste (publicado en el libro del mismo nombre en 1948) un soldado pilotea un avión en fase experimental y sufre un accidente. Mientras se recupera, sus superiores creen que ha fraguado el incidente y puede tratarse de un espía. Él llama a varios amigos como testigos, pero ellos no lo reconocen. Al principio cree que es una broma de mal gusto. Pero cuando sale a caminar por Buenos Aires se da cuenta que no es el mismo que conocía, hay ciertas desmarcas que le llaman la atención: calles con nombres extraños, otras que dejaron de existir, templos celtas donde antes había iglesias católicas. Alguien lo ayuda con una explicación sorprendente: Quizás no haya aterrizado en la ciudad de la que partió sino en otro Buenos Aires que existe paralelamente en otra dimensión coexistente. Y puede ser que múltiples pilotos iguales a él partieran de otras Buenos Aires que se encuentran en mundos paralelos. La película Más allá del solJourney to the far side of the sun, Robert Parrish, 1968- presenta (sin aclararlo) una historia notablemente parecida.

    Julio Cortázar con Rayuela (1963) propone una lectura interactiva. De acuerdo a la voluntad del lector, la novela se puede leer de diferentes maneras: de corrido, hasta el capítulo 56 prescindiendo del resto, con una secuencia que se da en el inicio, o en el orden que el lector lo desee. 

    La serie de libros para adolescentes Elige tu propia aventuraque se editó con éxito a partir de la década del 80, plantea una elección al final de cada capítulo, invitando a optar por caminos diferentes de lectura que arriban a un abanico de finales alternativos. Bandersnatches, de acuerdo a lo que dice el personaje de Stefan, parte de la serie de novelas interactivas. Este detalle le trajo a Netflix un dolor de cabeza, ya que la editorial Chooseco, que tiene los derechos sobre la franquicia de las novelas, presentó una demanda contra la señal por 25 millones de dólares por considerar que viola la propiedad intelectual. Más le valiera a la editorial pedir disculpas a los jóvenes lectores por publicar novelas tan malas.

   Charlie Brooker metió estos componentes en un Kohinoor y una vez obtenida una trama consistente le adicionó nuevos ingredientes.

Multiverso. Ciencias modernas como la cosmología y la física cuántica postulan que hay universos más allá del que conocemos, lo que se ha definido como multiverso. Éste incluye todo el espacio y el tiempo, toda la energía y la materia y todas las leyes físicas que los rigen. Una imagen del multiversopodría representarse con un magma en el que flotan infinitas esferas. En algunas de esas esferas existen universos que se parecen, incluso con las mismas personas, pero en los que existe un desfasaje que provoca que no sea del todo idéntico. Estos científicos se toman en serio estas cosas y aplican saberes duros y concretos como las matemáticas para comprobar la existencia de universos fantásticos. Parecen habitar el planeta Tlön, un mundo imaginario creado por los habitantes de Uqbar, donde se cree que la realidad es científicamente incomprobable y la metafísica es una rama de la literatura fantástica (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Borges, op. cit.).

William Castle.El productor y director fue el mago del truco publicitario. Innovó la manera de promocionar las películas con gimmicksde lo más estrafalarios. Algunos de los más chispeantes: En Macabre(1958) entregó una póliza de seguros en caso de que el espectador muriera de miedo, en The house of the Haunted Hill(1959) en determinado momento caía un esqueleto fosforescente sobre la platea, en The tingler(1959) había dispositivos eléctricos bajo las butacas que provocaban vibraciones y el propio Castle avisaba que la criatura se encontraba en la sala y que toda la concurrencia debían gritar para salvar sus vidas, en Mr Sardonicuslos espectadores entraban a la sala munidos de un cartel que tenía dibujada una mano para indicar, en determinado momento, pulgar hacia arriba o hacia abajo para salvar o condenar al protagonista (el propio Castle hacía el recuento desde la pantalla. No era más que una broma, ya que era parte de la película y sólo existía un final filmado). Queda en evidencia que la novedad interactiva de Netflix no es más que un ardid promocional, apenas un poco más sofisticado que en la época de Castle.

Inocentes.Que el llamado “Especial de Navidad” se estrene un 28 de diciembre explicita lo que sospechamos desde un principio. La innovación tecnológica descomunal no es más que una tremenda broma del Día de los inocentes.

Tucker. Tuckersoft, la empresa que lanza el videojuego de Stefan, nos hace acordar de Preston Tucker, el joven ingeniero estadounidense que lanzó en los años 40 un automóvil revolucionario en tanto confort, diseño, velocidad y seguridad. 

    Un innovador que fue frenado por el sistema y apenas pudo hacer algunos modelos experimentales, pero quedó como un referente adelantado a su tiempo. La historia de este personaje fue contada por Francis Coppola en Tucker, un hombre y su sueño(Tucker: The man and his dream, 1988). 

Netflix.La plataforma de entretenimientos más grande del mundo se ha convertido en un monstruo que marca agenda. Se mueve en muchos niveles y crea productos seriados para telemaníacos de todos los géneros y ahora se ha especializado en telefilmes que son éxitos arrasadores con megaestrellas como Sandra Bullock –Bird box, 2018-. No escatima en gastos, contratando directores afamados como los Hermanos Coen -La balada de Búster ScruggsThe ballad of Buster Scruggs, 2018- o terminando la película maldita más anhelada por los cinéfilos de todo el mundo –Al otro lado del vientoThe other side of the wind, Orson Welles, 2018-. Con Bandersnatchno sólo se autoproclama como el súmmun del entretenimiento televisivo contemporáneo sino que utiliza la propia obra para autopromocionarse. Netflix es parte constitutiva de la trama de Bandersnatch. Es la propia TV quien le advierte al protagonista, como si fuese el Oráculo de Delfos, que es parte de un universo virtual interactivo. Y es una descendiente de Colin que trabaja para Netflixquien desarrolla el programa en el que se mueve Stefan. Netflixes quien produce la película real y también quien produce la película en la trama. En todo (como El Gran Hermano orwelliano) está Netflix.

Finale. Bandersnatch cumple su cometido. Es un producto bien pensado y estupendamente presentado que no va a revolucionar nada pero que se suma con dignidad como otro escaño de una de las mejores series televisivas contemporáneas, que ya no tiene la pátina de producto artesanal que ostentaba en el Channel 4, pero ha ganado en espectacularidad norteamericana con su pase a Netflix. Hay que notar que hasta este momento no hemos citado al director del filme, David Slade. Con un currículum eminentemente televisivo (que incluye el excelente capítulo Metalheadde la cuarta temporada de Black mirror)  y que suma un par de películas de interés como Hard candy(2005) y 30 días de oscuridad30 Days of Night, 2007-, cumple eficientemente su rol de artesano. Pero la impronta de la serie pertenece únicamente a Charlie Brooker, de la misma manera que la Dimensión desconocidatiene la autoría de Rod Serling.

     Más allá de los jueguitos novedosos, que serán fagocitados por el tiempo, la película funciona. Los que no estén suscriptos a Netflix pueden acceder a una copia lineal que está circulando, de 90 minutos, por las redes. En ella no hay posibilidad de elecciones, es un capítulo cerrado que se mira de forma convencional, que está muy bien editado y se sigue con interés. Queda en claro en este montaje que Stefan se enfrenta a múltiples futuros posibles, muestra resumidamente el abanico de posibilidades y se anima a cierta espesura metafísica expuesta por Colin (premoldeada y subrayada, por cierto, como suponiendo que al espectador televisivo se le deben machacar las ideas para que le entren). Es de esperar que con el paso del tiempo aparezcan más ediciones lineales de la película con otros desenlaces. 

Y esperemos que Charlie Brooker ya esté estrujándose la sesera para sorprendernos con un nuevo capítulo de Black mirror.

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