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Tiempo de lectura: 2 minutosBarb and Star go to vista del mar

Por Pedro Gomes Reis

EE.UU., 2021, 107′
Dirigida por Josh Greenbaum
Con Kristen Wiig, Annie Mumolo, Jamie Dornan, Wendi McLendon-Covey, Damon Wayans Jr., Kwame Patterson, Hank Rogerson, Reyn Doi, Tom Lenk, Michael Hitchcock, Mika Kubo, Mark Jonathan Davis

Nothing’s gonna stop us now

  1. Nada de lo que cuenta el cuento moral super feminista con corazón de copo de azucar que es la película escrita, pensada (y casi casi dirigida) por Wiig y Mumolo nos puede dejar afuera. Hay mucho amor puesto ahí, es cierto. También hay ideas. La película es pletórica en ingenio y en microgags que se pierden en el camino, como si lo suyo fuera la desesperación por meterlo todo en una misma caja, como si se tratara de una primer y una última película a la vez. Pero Barb and Star go to vista del mar es también, a su manera, una película fallida.
  2. Podemos culpar a quienes ponen todo de si sin la menor especulación? Porque a decir verdad nada pero nada de lo que narra esta película sobre dos amigas -que se amen tanto que deciden irse de vacaciones a un lujoso complejo y se ven envueltas en una red de espionaje que nada tiene que envidiarle al tono de las primeras dos Austin Powers– parece sintonizar con el presente. Pero tampoco con el pasado retromaníaco de los ochentas a los que aluden esos pelos, esos pantalones y esos modales de señoras cincuentonas con un agite sexual en plan de desquite.
  3. El problema mayor que tiene esta película es que su sensación de impersonalidad en la dirección (al final de cuentas lo mejor de la llamada Nueva Comedia Americana se valió siempre de eso: de la impersonalidad de sus directores, no de la mirada autoral) no se corresponde con la personalísima mirada autoral de sus actrices, que todo el tiempo le ponen el cuerpo a lo que sea, como si fueran pentatlonistas del humor. El problema es que esta comedia maníaca (porque la depresión no le llega nunca) es que no sabe cómo avanzar, entonces lo hace a tientas, con la ternura de los que caminan en la oscuridad cantando para si mismos, para darse ánimos. Entonces como la película no sabe para donde ir elige las formas que le vienen a la mano: la comedia absurda, el humor desatado y verbal, la comedia física que confía en el gag desmelenado y escatológico. Pero siempre la oscilación entre narrar algo y avanzar a golpe de ridículo.
  4. Pero Greenbaum, el director, no es Adam McKay. Ni las amigas que protagonizan y escriben tampoco. No está la libertad cubista de la saga de películas de Will Ferrell, en las que se observa que la misma Wiig está tan desatada como aquí. Porque en aquellas, como casi siempre en McKay, el gag parece un acto de locura e improvisación pero en el fondo es el resultado de una planificación milimétrica que aquí no se goza del todo. Entonces lo que vemos es una suerte de movimientos espasmódicos entre las formas de un humor que nunca termina de instalarse o funcionar y unas actrices (porque a Jamie Dorman mejor perderlo que encontrarlo) que sudan la gota gorda para llenar un balde con muchas intenciones pero al que le faltan litros de posibilidades de explotación.
  5. No obstante, ahí está, iluminada y eterna, mirándonos desde el 2021, llena de magullones y maltratos. Y le tenemos cariño, porque sentimos que pudo haber sido más de lo que fue. Pero le faltó. Barb and Star go to vista del mar es el fracaso en el que nos gustaría vivir. Pero a veces con eso solo no nos basta.

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