Basada en hechos reales (D’après une histoire vrai / Based on a True Story)
Francia, 2017, 100′
Dirigida por Roman Polanski.
Con Emmanuelle Seigner, Eva Green, Vincent Perez, Noémie Lvovsky y Dominique Pinon.

Hacia una teoría de cine de autor (agotado)

Por Rodolfo Weisskirch

Basada en hechos reales es un ejemplo perfecto del cansancio de un autor cinematográfico que intenta repetir todos sus “hits” dentro de una sola obra, y el resultado, lejos de ser satisfactorio, termina siendo una imitación pobre, liviana y lavada de un artista, que no solo no tiene nada nuevo que aportar al cine mundial, sino que podría estar arruinando su propia filmografía por culpa de un “run for cover”.

Polanski no es el primero ni el último director que después de ser expulsado de la industria cinematográfica estadounidense –a veces por fracasos, en el caso del realizador francés de origen polaco, por cuestiones legales- que tras refugiarse en tierras europeas desea dirigir una película, que desde el exilio, le devuelva la fama perdida.

De hecho, casi toda la filmografía del director polaco se hizo en Europa. Estamos hablando de sus primeras obras de culto hasta la inolvidable Repulsión, y sus últimas tres décadas a partir de Búsqueda frenética. Sin embargo, en el medio, hubo un tiempo que Polanski fue mimado en Hollywood. El quiebre lo hizo El bebé de Rosemary. Posteriormente fue la masacre del clan Manson en su propia mansión, donde murió asesinada su esposa, la actriz Sharon Tate, y una etapa cinematográfica oscura, en la que dirigió MacBeth, pero también la absurda comedia “que?” con Mastroianni. Hollywood le volvió a abrir las puertas con Barrio Chino, pero después del escándalo, en el que fue acusado de violación a una menor de edad, Polanski fue etiquetado como un monstruo, y las puertas de la industria se le cerraron.

Hay que admitirlo: Polanski es un sobreviviente, y cada vez que se lo creyó muerto, resucitó. Por lo tanto, aunque ya tiene casi 85 años, podemos esperar que después de un film decepcionante vuelva a sorprendernos con una obra que trascienda la mera anécdota como sucede en su última película.

El cine del autor de El cuchillo bajo el agua siempre penduló del thriller a la comedia más ridícula, y muchas veces, su mejor trabajo, fue transgredir ambos. A Polanski no le importa burlarse de la ingenuidad de sus protagonistas. La marca del autor se suscita en encerrar a sus protagonistas en espacios reducidos y generar que vivan una verdadera pesadilla psicológica, a veces provocada por ellos mismo, otras por el entorno. De ahí que su ingenuidad les juega en contra, y el mundo que creían seguro no lo es tanto.

El autor ama los departamentos de arquitectura francesa, típica parisina, para generar los climas claustrofóbicos o, como completo contraste, enviar a sus personajes a sitios aislados –castillos, casas de campo, barcos- donde experimenten el mismo tipo de pesadilla.

La manipulación sobre la mente,  de un ambiente sobrenatural, es el motor que provoca la fluidez de la narración.  Y en este sentido, no hay duda, Basada en una historia real carga con el peso de cada clisé polanskiano. Pero como le sucedió al querido Brian De Palma con Pasión –su última película estrenada comercialmente- la marca de autor le termina jugando en contra a Polanski. El director se refugia en la fidelidad de sus fanáticos y les da a ellos lo que desean ver. Pero lo hace forzadamente. Ya no queda amor al cine de parte de Polanski. Sus escándalos lo terminaron distrayendo de lo que realmente sabe hacer: que es provocar. El fracaso del “run for cover” –término acuñado por Hitchcock cuando volvía a realizar thrillers en vez de dramas de época para conformar a sus seguidores- se da cuando lo que el director crea es una imitación de sí mismo. Pero una donde está solo la cáscara, y cuyo contenido es el vacío.

Basada en hechos reales fue pensada para que su esposa actual, Emmanuel Segnier, pueda destacarse. De hecho, ella le trajo el proyecto a Polanski para que lo filme. A cuatro manos con Olivier Assayas hizo la adaptación de la novela de Delphine De Vigan, nombre de la protagonista del film interpretada por Seigner, y por supuesto, este personaje es una escritora –como muchos de los personajes de su filmografía- que agotada creativamente recibe la ayuda de una “fanática” –llamada simplemente Elle e interpretada por Eva Green- que la estimula e influencia a la hora de generar su próxima obra.

Es muy posible que la relación Polanski/Assayas sea una metáfora de la que tienen las protagonistas casi absolutas del film. Nuevamente el encierro, los pasillos de los viejos edificios de la ciudad francesa sirven en la mital del film como contexto creativo para explotar los miedos e inseguridades del personaje. Acá el bebé es una novela. El diablo es esta misteriosa mujer que solo ella pueda ver, y con quién ella sola habla. Por primera vez, Seigner cambia de roles y se vuelve víctima de su marido, en vez de un demonio que le hace la vida imposible a sus protagonistas masculinos. Lo que constituye la única novedad para su filmografía.

Pero acaso, la actriz casada con el director hace casi 30 años, se olvidó que son los demonios los que más se destacan en la filmografía del director. Llámense Cassavetes o ella misma –el trabajo que hizo en la obra anterior, La piel de Venus, era extraordinario- y por ello, lo más destacado de Basado en hechos reales es Eva Green.

En la mirada de la actriz de Los soñadores y la serie Penny Dreadful, está el fuerte de la película. Esos ojos que enloquecieron a James Bond, son los que no dejan de seguir a esta escritora extraordinaria, y la seducen hasta hacerla caer en la trampa y poseerla. El demonio vestido de mujer es otro de los clisés que Polanski no abandona, y podemos decir que es lo más interesante de un relato, que fluye, pero no atrapa. ¿Por qué? Porque no es convincente. Porque Repulsión se hace una sola vez, porque no se puede seguir creyendo que el público es tan ingenuo como su protagonista y va a caer en la trampa lúdica de un cineasta fagocitado.

Podría dar la sensación que al personaje le pasa de todo, pero nada es realmente amenazante o peligroso. Ya no asusta la amenaza de una vieja o una caída que la deja inmovilizada. También el personaje podría estar siendo envenenado como le sucedía a Mia Farrow en Rosemary. Pero la inteligencia del cine de Polanski, era la representación de violación, la crítica de la mirada burguesa a las drogas, y como lo sobrenatural era una metáfora precisa y natural a todos estos temas tabúes de los 60. Repulsión y El bebé de Rosemary trasgredieron la moral, en un tiempo donde los códigos recién empezaban a romperse. Y Polanski con ingenio los rompió todos. Ahora ya no tiene códigos para romper, no tiene géneros para trasgredir. Y a eso, hay que sumarle la notable ausencia de sensualidad y sexualidad, que es la única marca autóctona que aún puede resultar provocadora para un público conservador.

Por momentos amaga, y psicológicamente habría sido muy interesante como sucede en El inquilino (1976), que Delphine y Elle construyan algo más que una amistad o una relación simbiótica. Y teniendo en cuenta la sensualidad que emana de ambas actrices se siente que Polanski ha desaprovechado una vertiente. O sea, resulta extraño que no haya concretado algo más por ese lado, pero quizás su miedo a ser acusado nuevamente de misógino haya sido más grande. Tampoco le habría aportado demasiada provocación, pero quizás era necesario para llevar el relato más allá, para desplegar una capa más.

En la segunda mitad el clima se vuelve aún más íntimo, dentro de una casa que tiene la misma arquitectura, que aquella casa de campo de La muerte y la doncella, pero acá la tortura –física y psicológica- es demasiado liviana. Polanski todo el tiempo amaga con ser más transgresor, con ser aquel niño malo, que en otra década supo impactar por su crudeza, por su malévolo sentido del humor.

Ahora trabaja en piloto automático. Entrega un producto fiel a lo que se espera de él, pero con poco de su espíritu. Es cierto, que no llega a ser tan decepcionante como su adaptación de Un dios salvaje, pero le falta ironía, de por ejemplo El escritor fantasmas –lo mejor que hizo en los últimos tiempos- o quizás deba volver a arriesgarse y filmar algo más épico como El pianista u Oliver Twist, que se desprendían bastante bien de lo que solía filmar, manteniendo amor por el material original, y encontrando puntos en común con su propia vida.

Polanski ha enfrentado múltiples batallas a lo largo de su filmografía. Algunas las ganó y otras las perdió. Últimamente viene perdiendo bastantes. Quizás todavía le queda aliento para una lucha más, una más personal y menos pensada para la poca masa que aún lo banca. Por ahora el cansancio y agotamiento, enemigo de los grandes artistas, le viene ganando. Probablemente es hora de tirar los guantes, de jubilarse, de no forzar un último round que lo tire a la lona, que una película lo terminé por enterrar. O quizás Basada en hechos reales no sea su cul-de-sac, sino solo un tropiezo más, y el próximo paso sea volver a levantarse. Todo es posible con este hombre.

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