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Belle

Por Luciano Salgado

Ryū to Sobakasu no Hime aka 
Japón, 2021, 122′
Dirigida por Mamoru Hosoda

Intersticios

Si alguien pronuncia el apellido Hosoda a mí me gatilla el interés de inmediato. El cine del señor Mamoru Hosoda me invoca casi de manera personal. Por todo esto voy a llevar a cabo el ciclópeo trabajo de correrme de cualquier fanatismo. Pero también de cualquier automatismo cómodo, que frente a determinados autores se nos instala.

Belle llegó a las salas abandonada a su suerte (de hecho no debería sorprendernos que a la segunda semana la hubieran levantado de cartel): privadas de prensa muy distanciadas de la fecha de estreno, poca publicidad (y mala) y horarios competitivos en asimetría con tanques. El resultado es cantado: un rápido estreno en salas para que todo vuele a plataformas, el procedimiento que vemos cada vez más naturalizado. Pero aunque el mundo de los estrenos se vaya cerrando cada vez más a posibilidades limitadas y nos clausure los caminos, no dejemos de hablar de las películas. Y Belle no es mas que una película hermosa, quizás no sea de las mejores del director por algunos problemas que presenta la necesidad de superponer los dos mundos confrontados (una de las obsesiones hosodianas: el encuentro del mundo de las representaciones/fantasías/sueños con el cotidiano). Pero ya nos concentraremos en esos problemas.

Si bien se ha dicho en una y mil ocasiones que la identidad de la obra del director gira en torno a esa condición de enfrentamiento entre mundos y sensibilidades, hay también matices a considerar de película a película. Hay en su obra distintas variaciones: la confrontación pura y dura entre los mundos, la penetración mutua, la penetración unidireccional, la proyección simbólica de uno sobre el otro. Lo que seguro no sucede es que haya una renuncia explícita de uno de ellos por sobre el otro. El cine del director suele ser un cine de transiciones porque decide que sus personajes las habiten. Por eso hay que salirse de la dialéctica. Para pensar en el cine del director -y en Belle en particular- hay que pensar en otra palabra: hiatos, intersticios, gaps. El mundo en donde palpitan las cosas en el cine de Hosoda nunca es un mundo pleno. La vida está en el in between. Ojo, no confundir con el fantástico todoroviano de la indeterminación. No: aquí no se trata de un problema de verosímil o de verdades. En Belle se habita un mundo en plural, de manera desdoblada, como si se respirara. Por eso el director se propuso pensar con el mayor vínculo con el presente: dónde encontramos esa cohabitación de existencias sin conflicto? La respuesta es sencilla: en la interacción entre la vida cotidiana y el mundo virtual de las redes sociales. Pero no, no se asusten: Hosoda no es Miyazaki ni nos va a entregar una monserga sobre los males del mundo moderno. En todo caso ese dispositivo elegido es una excusa para narrar con precisión, sin que la elección parezca arbitraria o demagógica.

En buena medida los aspectos más estimulantes de Belle (que puede leerse como una reinterpretación bastante libre de La bella y la bestia con Cyrano de Bergerac) pasan ya no por los hechos que suceden en el mundo virtual -en el que una adolescente común y exageradamente tímida se convierte (avatar mediante) en una cantante superestrella, que a su vez se propone dar con el misterio detrás del hombre lobo que la fascina por sus heridas y hematomas- sino por la manera en la que Hosoda dispone a sus personajes en el intersticio de ambos mundos, que es el lugar problemático y conflictivo por excelencia. En ese intersticio es en donde el director se siente más cómodo porque es en donde se juega la humanidad de sus personajes y la consolidación de su aprendizaje y crecimiento (de hecho no hay película de MH en la que no se produzca esa condición). Al finalizar, como siempre, el mundo interno se revelará, casi campbellianamente, como la verdadera aventura a resolver y de la cual retornar: el mundo interior como el verdadero mundo desconocido.

No hay que pedirle mucho más que eso al cine de MH. Él siempre nos va a dar. El problema es si volveremos a tener otra oportunidad de verlo en pantalla grande. Si no pudieron verla, lo lamento por ustedes. La aventura estará siempre, allá afuera.

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