Bumblebee
EE.UU., 2018, 114′
Dirigida por Travis Knight.
Con John Cena, Hailee Steinfeld, Pamela Adlon, Stephen Schneider, Jorge Lendeborg Jr., Jason Drucker, Kenneth Choi, Ricardo Hoyos y Abby Quinn.

El robot que cayó del cielo

Por Rodolfo Weisskirch

Para los que nacimos en los años 80 y nos criamos con la serie de los Transformers, la transposición cinematográfica era un sueño convertido en realidad. En mi caso particular, no solo era fanático de la serie, sino que además tenía todo tipo de merchandising, incluidas cartas y el album de figuritas -mi primer album- por lo que poder ver a los Autobots enfrentarse a los Decepticons en pantalla grande me generaba una expectativa extracinematográfica.

Por supuesto, que cuando se anunció que el mediocre de Michael Bay se haría cargo, aún con la supervisión de Steven Spielberg, cualquier tipo de expectativa se fue a la basura. Sin embargo, y lo admito, la primera entrega no estaba tan mal. O sea, sí, las interpretaciones eran malas, los diálogos pésimos, el humor de cuarta, pero los Transformers estaban buenos.

Pero ya a partir de la segunda parte, y sin la sorpresa inicial, le dieron mayor libertad a Bay para desperdigar sus vicios grasientos por toda la pantalla, y así las siguientes tres entregas eran el anticine. Peleas incoherentes, narración inconsistente, incomprensibles efectos especiales; extensas, monótonas, reiterativas, patrioteras y misóginas. Entre las chispas y las actrices vestidas como calendario de gomería, la sensación era la de pasar tres horas dentro de un taller mecánico, pero mucho menos divertido. Por suerte la quinta entrega fue tal fracaso económico que decidieron echar a Bay de su puesto y apostar por una nueva cara.

Este spin off o precuela de la saga, no solo tiene a nuevos protagonistas, sino también a un novel director en la dirección de una película con actores. Travis Knight, uno de los animadores más interesantes de la compañía Laika, acaso la única productora estadounidense que sigue apostando por la animación cuadro x cuadro con figuras de plastilina, da el salto a la ficción tradicional después de haber ganado renombre con Kubo y la búsqueda del samurai (2016), esa obra un poco sobrevalorada (narrativamente era bastante pobre) pero que se convirtió de culto en algunos círculos de fanáticos de la animación.

Lo positivo, al menos para los fans del producto de Hasbro, es que Knight, al contrario de Bay, es mucho más respetuoso con el material original. La destrucción de Cybertron, el planeta de los Autobots es tal cual la historieta. El diseño de los Transformers remiten a los originales dibujos, las transformaciones se perciben cuadro por cuadro, denotando el carácter artesanal de su realizador. En dicho prólogo, además queda al frente lo que sería el tema central de la película y que coincide con la búsqueda filosófica de los autores estadounidenses de ciencia ficción de los años 70 y 80: la ausencia de la figura paterna. Bumblebee es una especie de hijo -no literal, sino a nivel figurativo- de Optimus Prime, quién lo envía a la Tierra, poco antes de que el planeta explote, no soloo para salvarlo, sino para continuar el legado de los Autobots en una nueva Tierra.

La referencia es bastante clara, pero Bumblebee no es Superman. Tampoco Moisés. Ni bien llega a la Tierra -año 1987- es perseguido por dos Decepticons y un grupo de milicos bastante inutiles, liderados por un John Cena que emula a Josh Brolin -se nota que no alcanzó el presupuesto o Brolin estaba demasiado ocupado con Thanos para intepretar al personaje- el típico enemigo que más tarde se volverá aliado de los protagonistas. Después de una pelea, en la que el robot amarillo queda desmemoriado y prisionera en dentro de un Volkswagen escarabajo, es encontrado por Charlie -Hailee Steinfeld con más carisma que todo el elenco de las películas de Bay junto- una joven, que sigue de duelo tras la muerte repentina de su padre, y vive peleada con su madre, resentida porque ella ya construyó una nueva vida con otro hombre.

Como no podría ser de otra manera, Charlie, trabaja en un parque de diversiones, donde mira al “chico lindo”, pero evade al “chico latino y solitario” que gusta de ella. Solitaria y objeto de bullying de parte de las “chicas populares”, Charlie, pasa su tiempo en un astillero en donde encuentra al autobot protagonista, y con el que comienza una amistad bastante spielbergiana. De esta manera, Knight y su guionista, Christina Hodson, construyen un personaje fiel a la idiosincraisia ochentosa, pero al mismo tiempo, alejado de los estereotipos femeninos de Michael Bay, políticamente acorde una la mirada actual, pero, por suerte, sin hacer demasiado alarde de ello.

Fiel a la tendencia de moda de rendirle tributo a los años 80, Bumblebee no deja ninguna referencia cultural, discográfica y cinematográfica afuera. Desde Bon Jovi a The Smiths, desde Volver al futuro hasta Cortocircuito, la película de Knight compite Stranger Things en lo que respecta a cantidad de citas y “homenajes”. Sin embargo, lo más curioso, es que ni Spielberg, ni Joe Dante son los más citados, sino el espíritu de John Hughes es quién más aparece a lo largo de las casi dos horas que dura el film.

Porque lo cierto es que más que una historia de amistad, termina siendo un coming of age sobre dos personajes que deben redimirse con su pasado -Charlie debe enfrentar un trauma con el agua, Bumblebee perder el miedo a los humanos- y regresan al núcleo familiar. Algo así como ET pero con más humor. El viaje incluye referencias que van desde Vacaciones -el auto de los Grisworld tiene un rol esencial- hasta Mi pobre angelito. Ambos clásicos escritos por Hughes. Pero también están Ciencia loca, Ferris Buller’s Day off y El club de los cinco, que es citada literalmente.

El problema es que la acumulación de referencias y subtramas termina siendo contraproducente, no al punto de perjudicar toda la diversión de la película, pero sí en el sentido que muchas situaciones son algo forzadas. Pero, por otro lado, hay tal grado de autoconciencia por parte de Knight y la interpretación de Steinfeld es tan genuina, acorde con los personajes de las películas de Hughes que es imposible no sentir algo de empatía con el personaje. Por primera vez en una película de Transformers, el conflicto humano tiene algo de profundidad y le importa al narrador, más que el conflicto robótico, que funciona como una especie de espejo. También es notable cierto grado de violencia semi gore que no estaba presente en la saga original (los Decepticons hacen explotar humanos como si fuesen burbujas de agua o parten en dos a un Autobot).

Es verdad que al film le falta un poco de cohesión, que el personaje de Memo, el seudo objeto romántico de Charlie, carece de profundidad y a las escenas de acción le faltan brillo, pero por otro lado se agradece la calidez y honestidad de la propuesta, la posibilidad de ver personajes representados con mayor fidelidad visual, y empatía autoral del realizador por sus criaturas, algo inexistente en toda la filmografía de Bay.

Como los directores de los 70, Knight es un parricida que niega la influencia de su precursor, para reencontrarse con la figura de su abuelo (el nono Steven), y esa conciencia abramesca va a ser mucho más recordada que el producto final.

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