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Cannes 2017 – Diario de festival (10)

Por Fernando Juan Lima

Crónicas canninas (10)

Por Fernando E. Juan Lima

En attendant les hirondelles, opera prima de Karim Moussaoui nos reconcilia un poco más con la sección Un certain regard (más allá de que por allí pasaron también Western, La cordillera y la última película de Kiyoshi Kurosawa). Película de origen argelino (co-producción entre Francia y Argelia, claro está), sorprende para una primera película la solidez con la que se enlazan tres historias. Del hombre mayor que una noche ve cómo golpean a alguien en un baldío al médico que, justo antes de casarse, es confrontado por una mujer del pasado que reclama una oscura deuda olvidada, cada uno de los relatos conforman un universo propio, con el tiempo y los elementos para cerrar los cabos de lo que queda fuera de campo. Las fronteras, los engarces entre la narración discurren con elegancia, se deslizan sin tocarse del todo y la música ayuda para que ese pasaje se configure de manera natural y aceptable. Más que de estructura coral debería pensarse en una película conformada por relatos que entre sí poseen (cierta) independencia. Memorable el momento Bollywood, en el que, de la nada, en el medio del desierto, se arma un número musical llamativo y refrescante.

La novia del desierto, de Cecilia Atán y Valeria Pivato es también una opera prima presentada en Un certain regard. Coproducción entre Chile y Argentina, las dos directoras son de nuestro país. La primer representante argentina (La cordillera, de Santiago Mitre se incluyó después en la selección) llegó a Cannes de manera inesperada y cosechó muchos apoyos y aplausos. Pequeña historia, cercana al crowd-pleaser, la película se hace fuerte en el potente dúo central conformado por la siempre perfecta actriz chilena Paulina García (Gloria, Little men) y un Claudio Risi que está a su altura. La acción transcurre en San Juan, donde se venera a la Difunta Correa. La protagonista deja olvidado su bolso en el remolque de un vendedor ambulante, el gringo (Claudio Risi), y juntos emprenderán la posterior búsqueda por las cercanías. Contracara de Las Acacias, de Pablo Georgelli, en este caso el personaje hosco que compartirá los viajes en la cabina de la casa rodante es el de la mujer. Sabemos cómo terminará todo pero no por eso dejamos de disfrutarlo. ¿Será que otra vez esta película amable termina con la Cámara de Oro como en el caso antes citado?

Me quedo con el Ozon de L’amant double, antes que con el de la sobrevalorada Frantz. Aun reconociendo que parece un exceso su presencia en la Competencia Oficial (que dejó de lado películas mayores como las de Claire Denis, Bruno Dumont y Philippe Garrel, para pensar en una representación francesa más lúcida), el lúdico disparate tiene algo de remanso en el mar de crueldad reinante en muchas de las películas del festival. Se ha citado a Cronenberg y Almodóvar, pero creo que la referencia más directa es la de De Palma en este caso. No porque esté a su altura, pero el siempre ecléctico, heterogéneo y cambiante Ozon se mete con una historia cruzada de mellizos (pretendidos o reales). El tema del doble (Doppelganger) ha sabido fascinar al cine y siempre abre la puerta al misterio, a lo inasible, a lo oculto. Desde la primera imagen, en la que vemos algo que parece la incisión de una operación para luego, mientras la cámara se aleja y se cierra la “herida” descubrir que se trata del interior de una vagina (¡esto sí que es un plano ginecológico y no el del porno!) y, posteriormente, en el exterior, ver que ésta se funde en el primerísimo primer plano de un ojo de la protagonista, nos queda en claro que nada deberá tomarse demasiado en serio. Película menor, divertimento que funciona como cambalache; en el marco de la muy floja Competencia Oficial, hasta podría llevarse algún premio.

Bulhandang (The merciless), de Byun Sung-hyun. Otra sección de medianoche. Otra película surcoreana. Otra vez cine en estado puro y diversión garantizada. ¿Por qué será que estas películas siempre van fuera de competencia? El año pasado sucedió lo propio con la que en Argentina conocimos como Invasión zombie. Sí, es cine de género. Sí hay mucha sangre, asesinatos, peleas. Pero también las hay en todo ese otro cine de la crueldad y con una mirada cargada de misantropía y sadismo. Nos quedamos con el placer festivo de la acción de esta historia de crecimiento y llegada al poder mafioso de quien arranca como policía encubierto para terminar (quizás) como líder de la banda. La película va y viene en el tiempo, pero en todo momento es claro lo que se cuenta. La relación entre el jefe mafioso y el policía encubierto (al que adopta casi como hijo) es empática, creíble y hace que uno se vincule emocionalmente con la trama. Lo que se dice una manera feliz de terminar el día.

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