6. Adios entusiasmo

Adiós entusiasmo

Por Marcos Rodríguez

Adiós entusiasmo
Argentina-Colombia, 2017, 79′
Dirigida por Vladimir Durán.
Con Camilo Castiglione, Laila Maltz, Mariel Fernández, Martina Juncadella, Verónica Llinás, Rosario Bléfari, Valeria Valente, Vladimir Durán, Lucas Besasso.

No apto

Por Marcos Rodriguez

 

Me confieso incapaz de escribir una crítica sobre Adiós entusiasmo. No voy a ponerme a hacer juegos de palabras tontos con el título, pero puedo decir que la película no me despertó el menor interés. Y, creo, el interés es el requisito mínimo, pero mínimo mínimo, para escribir sobre una película, aunque sea en contra. Si la crítica de cine es un diálogo con una película, ¿qué diálogo podría establecer con una película que no me interpela? Me rehúso, por otro lado, a repetir lugares comunes, a incluir una sinopsis de la sinopsis o a entrar en ese juego fácil de ponerse a describir con palabras las exactas mismas operaciones que la película pone en pantalla, como si eso fuera una interpretación de algo y no simplemente repetición.

Tampoco creo que se trate de que no entiendo la película (o a lo mejor sí, no podemos concebir lo que realmente se nos escapa). A menudo quien no entiende una película no la entiende porque creyó entender algo (que le gusta o no) y la interpreta desde un lugar que no es el que pedía la propia película. En este caso, creo que puedo seguir por dónde viene la cosa: el juego levemente absurdo de la premisa que no se explica, la intimidad, los vínculos familiares extraños que funcionan como metáfora de los vínculos familiares de cualquiera. La película no se propone ser opaca (más allá de la cuestión argumental) y probablemente ese sea uno de sus mayores méritos, junto con un puñado de actuaciones, que están muy bien.

Captura De Pantalla 2018 03 26 A Las 11.33.40 P. M.

Hacia el final hay una escena que funciona más o menos como un espejo (evidente) de la película toda: después del festejo de cumpleaños en el pasillo, los invitados liberan un poco el lugar y se ponen a realizar un ejercicio/juego de exploración psicológica. La gran (siempre gran) Verónica Llinás modera la cosa y da instrucciones simples: caminen por el espacio, frenen cuando lo sientan, digan lo que sienten, describan con palabras lo que están sintiendo. Más allá de la función dramática que cumple esa escena, en la que se desatan todas las tensiones y hay portazos y gritos y esas cosas, lo que vemos funciona como una especie de exploración de los personajes. Unos se paran frente a otros, se dicen cosas, descubrimos algunas cuestiones del pasado y de sus vínculos. Hasta que los vínculos explotan, desatados por la madre ausente/presente que grita como una loca. Lo que tenemos en la pantalla es un juego explícito de explicitación de los vínculos de los personajes.

Captura De Pantalla 2018 03 26 A Las 11.32.45 P. M.

Ya lo confesé de entrada: nada de todo esto me interesó. Es posible que ese tipo de ejercicio sea más o menos útil y/o terapéutico para los involucrados, o (en el caso del cine) para quienes se sienten identificados con ellos, pero yo me quedé afuera. Lisa y llanamente. Imagino que el guión y las imágenes contaban con diferentes momentos y ganchos en los que uno debería quedar atrapado para verse involucrado con lo que pasaba en la pantalla. Pero se me escaparon, y al final lo que me quedé mirando fue un juego de personas que se mueven de un lugar a otro por un espacio cerrado hasta que quedan unos frente a otros y se dicen cosas. Cosas a medias. Cosas sutiles. Cosas cotidianas en las que uno, si se enganchó en algún momento, completa ese hueco que es lo que se dijeron sin decirse, lo que se supone que a uno lo involucra, el interés.

Captura De Pantalla 2018 03 26 A Las 11.31.38 P. M.

Es verdad que Adiós entusiasmo se propone narrar desde un lugar poco convencional. No puedo decir que la película en sí carezca de interés, o que esté mal hecha, o que dependa demasiado de una empatía que busca generar en el espectador y que puede, por supuesto, caer en el vacío. Es el riesgo de cualquier película. Y es el riesgo de la sutileza. Pero si vamos a hablar de sutilezas en películas sobre familias de clase media con vínculos fraternales, sobre encierros y figuras de autoridad ausentes, ahí está esa otra gran película con la que esta comparte más de un punto en común (además de una actriz), que es Abrir puertas y ventanas. No podría decir por qué el “clasicismo” y el detallismo de aquella me resulta mucho más interesante que la abstracción y el “juego” de esta, pero sospecho que tiene que ver con la construcción de un guión y de unos personajes que cobran forma y peso, que se “expresan” menos y viven más.

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