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Crol

Por Marcos Rodríguez

Crol
Argentina, 2017, 97′
Dirigida por Verónica Schneck

Aguas abiertas

Por Marcos Rodriguez

Cabe aclarar de entrada que Crol se presenta como una experiencia multidisciplinaria, que incluye un documental, una obra de teatro y un trabajo musical. De estas tres manifestaciones, solo hemos accedido al documental, lo cual implica una mirada limitada pero que creemos que en definitiva debería ser suficiente.

Hay un valor innegable y noble en el trabajo que se propone Crol al salir a registrar y rescatar la memoria de los nadadores amateur de Coronda, una historia perdida río arriba en un país en el que, como tantas otras cosas, la memoria se echa a perder fácilmente. Sin una exploración exhaustiva del tema, suponemos que no deben ser demasiados los registros audiovisuales que se proponen, por lo menos, registrar esa historia de un deporte que, de entrada, tiene poca entidad institucional (menor que la natación en pileta, deporte al que tampoco se le presta demasiada atención) y parece tener una conciencia aún menor de aquel pasado voluntarista y primitivo que antecedió a la época profesional, y de la que todavía quedan testigos que pueden contar sus recuerdos.

Ese costado histórico podría explicar, suponemos, una cierta rigidez a la hora de plasmar los testimonios de quienes forjaron ese pasado: gente hablando a cámara sobre lo que era su vida, lo que era la natación, sobre cómo nació la Maratón de Coronda y una serie de elementos que hacen a una historia rica y múltiple. Gente mayor en geriátricos, hombres con el pecho al sol, toda una forma de recordar y de extenderse por el espacio y el tiempo que hace a un modo de ser mesopotámico.

 

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Sin embargo, hay una trampa que nace, paradójicamente, de la riqueza de esa historia (casi) olvidada que busca contar Crol. Había muchos elementos para rastrear, muchas historias, todo un entramado salvaje que merecía rescatarse, pero que puede terminar por enredarse. No se trata de que Crol no pueda exponer con claridad, eso lo hace recurriendo a formas simples. El problema es que la ambición por narrarlo todo termina por disgregar un poco el esfuerzo cinematográfico que parece intentar la película.

Crol, en efecto, no se propone simplemente registrar testimonios para arrancarlos al olvido, busca crear, busca transmitir, quiere acceder a un costado poético de lo cinematográfico. Pero también quiere contar esta historia y la otra. Registra el presente de Coronda, nos lleva a nadar con una nueva edición del maratón, filma geriátricos, el desmantelamiento de un negocio tradicional de la ciudad, cuenta la historia de un pionero y de otro, toma testimonios de nadadores actuales que siguen nadando por ese mismo río (que ya no es el mismo), incluye explicaciones de los diferentes estilos de natación, incluye anécdotas que parecen casi imposibles, homenajea pero busca transmitir sensaciones. La sumatoria de ese exceso de ambiciones narrativas nos deja con algunos momentos hermosos, pero también con una superficie más bien dispersa, aguas agitadas que muchas veces no consiguen llevar al clímax las ramificaciones que propone la película.

La historia de los pioneros que ya no están nos permite intuir un relato fascinante, contado por la voz de quienes los conocieron, plasmado con imágenes de archivos. Esa historia incluye un pasado amateur en el que se mezcla el esfuerzo sobrehumano de estos nadadores, la absoluta desprotección (y, a veces, incomprensión) de la disciplina, con momentos hermosos de peronismo y persecución política, con multitudes que hoy ya no seguirían las hazañas de un nadador como lo hacían en aquel entonces.

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El registro del presente, de la Maratón de Coronda, es un tanto más complicado y salpicoso, no nos deja ver demasiado del deporte (que es difícil filmar), pero sí nos permite los testimonios de Pilar Geijo (de muy interesante presencia frente a la cámara) y también unos cuantos planos hermosos (aunque fugaces y, tal vez, no suficientemente explotados) de toda la gente de Coronda que se acerca al río para ver a los nadadores, gran momento de acumulación popular y deportiva, que parece salido de otra época.

Por otro lado, tenemos la presencia de quien podríamos considerar la protagonista de este documental, si no se tratara de una película, como dijimos, tan múltiple: Teresa Plans, la sirena corondina. Su figura parece exigir ser el centro de la película, aunque en definitiva no lo es. La fuerza de su historia, de sus anécdotas, de su presencia y su decadencia física anclan la película. Esta fuerza es la que explica, por ejemplo, la presencia geriátrica y la historia familiar (asociada al negocio de los Plans), que ocupan una buena cantidad de metraje. Es esta mujer, pionera carismática, hija a la que le coartaron su pasión, la que nos permite acercarnos a un contacto más directo con aquel pasado que ya no existe pero, sobre todo, es la que nos acerca directamente a la pasión, al fuego de aquellos pioneros que se tiraban al río y hacían cosas imposibles.

Su perfil, su cuerpo, su voz son la encarnación de uno de los momentos más terribles de Crol, que ocurre durante el testimonio a cámara de Eduardo Tato Pavlovsky, quien después de visitar su propio pasado como nadador, concluye explicando que la natación es un deporte cruel. Como el tiempo.

Momentos como ese son los que nos dejan vislumbrar la fuerza que esconde Crol, que un poco termina por perderse.

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