La protagonista 
Argentina, 2019, 65′
Dirigida por Clara Picasso.
Con Rosario Varela, Macarena Suárez Dagliano, Ignacio Rogers, Jimena del Pozo Peñalva y Facundo Aquinos.

Lo neutro (*)

Por Luciano Salgado


La protagonista es el segundo largometraje de Clara Picasso (El pasante, de 2010, fue su primer largometraje en solitario), que, a diferencia de Salem, proviene de una tradición más distante, más anclada en ciertas formas del minimalismo que Rafael Fillipelli ha logrado instalar en las generaciones que se formaron con él en la FUC (la gesta del film colectivo A propósito de Buenos Aires, de 2006, dirigida por Martín Kalina, Matías Piñeiro, Malena Solarz, Cecilia Libster, Nicolás Zukerfeld, Juan Ronco,  Manuel Ferrari, Francisco Pedemonte, Andrea Santamaría, Alejo Franzetti,  Clara Picasso, es una declaratoria de principios que atravesó a buena parte de esa generación de directores, como si los hubiera marcado un código del que es muy dificil salirse). Hija de ese minimalismo, pero al mismo tiempo con un ojo particularmente puesto en los personajes (al igual que en su ópera prima siempre hay una premisa desencadenante relativamente clásica, pero que luego se disuelve en el orden de los personajes, quienes son los reales portadores del foco: cualquier tentativa de conflicto central se disuelve en lo accesorio, en lo situaciones hasta hacerlo desvanecerse), en La protagonista todo parte de una confusión, de una fama efímera que adquiere un personaje por haber formado parte de manera fortuita de un hecho que la vuelve famosa por unos días.

Pero lo interesante es cómo Picasso indaga sobre esa inercia inicial, sobre ese punto de partida para luego desvirtuarlo, llevándolo al terreno de un resentimiento que se instala como si se tratara de una película de suspenso: cuánto puede aguantar una persona que se siente frustrada consigo misma frente al hecho de ver que quienes la rodean pueden construir una vida que los hace más o menos felices? Algo de esa idea, que puede retumbarnos en la cabeza porque responde a una experiencia más o menos universal, es lo que mejor funciona en esta película sin estridencias, ni gran exhibicionismo formal, sino bien por el contrario, casi depurada en la mayor parte de las decisiones formales que toma, como si lo que le interesara contar solo precisara de un par de paredes, un par de personajes y un par de miradas intercambiándose. Picasso parece conocer los materiales con los que trabaja y no da la sensación que le interese mucho más que eso. Indagando sobre la estructura del yo por otros medios logra, curiosamente, ser narrativa (el eje narrativo, como dijimos, no es inexistente, sino que se localiza en el arco dramático de la protagonista antes que en cualquier potencial trama, por eso el desplazamiento es hacia lo microconflictivo).

Pero asi como hay logros en La protagonista también hay algunos problemas, acaso elegidos. En ese recurso generacional que es el del método de traer la deriva analítica de los personajes hacia el terreno de la deriva física (y posterior vagabundeo), Picasso encuentra un límite. Como si lo que la película tuviera de depuración narrativa lo perdiera en ambiciones. Como si todo aquello que pudiera despuntar potencialmente fuera contenido. O aún peor: reprimido. No puedo dejar de observar este aspecto generacional porque en buena medida -exceptuando el caso del cine de Matías Piñeiro, que en pocos años adquirió un lenguaje propio sin necesidad de deberle nada a nadie- buena parte de los directores mencionados previamente sumados a otros que circundan en esa programática fuquense (de la FUC: una universidad con una perspectiva de guión más bien uniforme, casi sin variantes, particularmente en los años superiores) parecen sufrir este mismo problema. Pero no lo llamemos problema, porque en efecto quizás siempre haya sido una elección: la potencialidad narrativa tiene que ser eso, una potencia. Un gesto electivo. Poder es poder hacerlo pero elegir ir en otra dirección.Puede leerse como un gesto político (porque toda poética autoral es también una política autoral) que no concede a las formas narrativas habituales. Habrá que preguntarse con qué finalidad, con qué grado de inscripción en la contemporaneidad (ese es otro aspecto determinante para este cine de egresados de la FUC: ser contemporáneos como clave de pertenencia, como gesto escriturario que sella una identidad estilística) Picasso elige aquí desplazarse de las potencialidades narrativas de una trama hacia los bordes más deshilachados de su personaje, que en cierto punto se vuelve redundante, justamente por no resolver la potencialidad, por no acelerar ningún estallido.

Me pasa algo raro con esta clase de películas que estimula esta clase de críticas: ese cine de la represión y el disimulo narrativo pareciera hacernos entrar en la trampa de leerlo críticamente en función de lo que pudo ser mucho más de lo que es. Como si en el fondo ese vaciamiento dejara un hueco tal, un vacío hegeliano tan neutro y potencialmente rellenable, que uno pueda completarlo con lo que quiera. Sobre esa neutralidad, como operación política e intepretativa, arma su trampa esta película, que parece inofensiva, pero que carga sobre si algunas de las tensiones del cine argentino más reciente: construir un futuro sobre la represión narrativa.

(*) Una versión preliminar de esta nota fue publicada en el diario de festival de Mar del Plata, en Noviembre de 2019

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