Deadpool 2
Estados Unidos, 2018, 119′
Dirigida por David Leitch.
Con Ryan Reynolds, Zazie Beetz, Josh Brolin, Morena Baccarin, T.J. Miller, Karan Soni, Brianna Hildebrand, Leslie Uggams, Jack Kesy, Julian Dennison, Eddie Marsan, Lewis Tan, Bill Skarsgård, Rob Delaney, Terry Crews, Shiori Kutsuna y Hayley Sales.

Jugate conmigo

Por Ignacio Balbuena

Deadpool 2 llega con Infinity War y sus aventuras cósmicas todavía en salas, y funciona como una bocanada de aire fresco (como ojalá también funcione la esperada secuela de Ant-Man). No solo por la autoconciencia, el humor, los tiros y el gore (que de eso hay, y mucho) si no también por contar una historia pequeña que implica a los personajes desde lo individual. En Deadpool 2, cada uno de los personajes lucha por sí mismo antes que por el destino del universo. Esto no quiere decir que la película sea cínica: debajo de todas las capas de humor meta y de todos las ambiciones de franquicia y crossover (obvio que hay de eso, últimamente todos los superhéroes devienen Vengadores), hay una gran cuota de corazón que sostiene la película. Eso también implica que a veces Deadpool 2 se apoya en su  costado más convencional, y acaso es su único y más grande defecto.

En la primera, además de las constantes rupturas de la cuarta pared, la actuación maníaca de Reynolds y la acción sangrienta, teníamos una origin story convencional con un villano sin mucha imaginación,  que hasta ponía a la novia de Deadpool en el lugar de la damisela en peligro en un tercer acto ruidoso y lleno de CGI. En esta secuela pasa un poco lo mismo, dado que la trama se pone en marcha a partir del uso de un cliché anticuado, que incluso debe su nombre (fridging) a las historietas. Es cierto que, a diferencia de otros superhéroes, Deadpool es un personaje particularmente difícil de escribir. Justin Harrison de Birth.Movies.Death dice en esta nota: ‘Inclinarse en el lado cómico del personajes puede volverlo insufrible, y eventualmente anticuado, por la cantidad de referencias pop. Inclinarse demasiado en el costado dramático lo puede volver taciturno, un típico machote enojado y aburrido. Si lo hacés demasiado violento, es básicamente una persona horrible haciendo cosas horribles, lo que dificulta sostener la comedia. Y tampoco es un personaje que, dado su origen, puede ser completamente heroico y noble’. Entonces, dadas estas dificultades, que Deadpool 2 deba apoyarse sin autoconciencia en algún que otro cliché sin elaborarlo demasiado o hacer de eso un chiste, es comprensible. Principalmente porque todo lo demás está muy bien. (Give or take un chiste sobre dupstep salido del 2012).

David Leitch (John Wick, Atómica) reemplazó a Tim Miller, director de la original, y la capacidad de este director para dirigir secuencias de acción claras y estilizadas se nota desde el comienzo, con un montaje de escenas de acción que muestran a Deadpool enfrentando gángsters y matones en diversas locaciones alrededor del mundo. Las puestas de cámara y el montaje acentúan la vitalidad y lo físico, y hay una abundancia de headshots certeros que nos recuerdan al asesino interpretado por Keanu Reeves. Después de este prólogo, Deadpool llega a su hogar para reunirse con su novia Vanessa, que le propone tener un hijo. Y bien, la verdad es que es imposible considerar la película sin explicar esto: Vanessa es asesinada, y Deadpool pasa el resto de la película con un deseo suicida, tratando de redimirse de esa muerte con la suya propia. Hay algo muy ingenioso en esta escena: cuando la actriz Morena Baccarin empieza a hablar en cámara lenta sin darse cuenta, Deadpool toma esto como una señal de alerta de un momento dramático y se prepara para la acción. La autoconciencia del personaje no está solo al servicio del humor. Es, como en los cómics, casi como otro poder, que le permite hacer uso del entramado formal a su alrededor para su beneficio. Finalmente falla, sin embargo, y su querida novia muere (y con ella, su proyecto de familia, algo que es central para el resto de la trama).

Después de este prólogo y una escena que parodia las canciones solemnes de créditos de apertura de James Bond, Deadpool se toma una bolsa gigante de cocaína (o más bien, se la explota en la cara) e intenta suicidarse volando por los aires. Sus poderes curativos le impiden morir, y Coloso, el X-Men ruso y metálico de la película anterior, lo invita a unirse a los X-Men. En su primera misión se encuentran con Russell, un niño mutante con poderes incendiarios que es maltratado en un orfanato anti-mutantes. ‘Los X-Men son una vieja metáfora para el racismo de los 60’s’, dice Deadpool mientras se acerca al orfanato en cuestión, que es algo así como una metáfora para los centros de conversión anti-LGBT de ciertas regiones ultra-católicas de EE.UU. Pero Deadpool 2 no está muy interesado en el subtexto político de los X-Men, sino que aprovecha la sensación de soledad y aislamiento del personaje de Russell para situar a Deadpool como una especie de figura paterna. Lo mismo pasa con Cable, el soldado del futuro que llega para matar a Russell. En otras películas de superhéroes, Cable llegaría de un post-apocalipsis para encontrar y neutralizar el origen del fin del mundo. En esta secuela, simplemente quiere matar a Russell porque de adulto éste le mata a la mujer. Es decir, sí, hay un doble fridging, pero al menos la película es consistente en la caracterización de estos dos antihéroes que terminan enfrentados. Ambos luchan por intentar recuperar aquello que perdieron, ambos personajes tienen familias incompletas, ambos están motivados por causas personales antes que por conflictos de destrucción planetaria. Cable intenta alterar el curso de la historia para revertir la muerte de su familia. Deadpool, aconsejado por una visión de su novia, decide buscar una familia sustituta en Russell, y también en la X-Force, un grupo de mutantes outsiders que opera por fuera de los X-men y que además, son responsables de los mejores momentos de comedia de la película. El tráiler vende mucho la inclusión de este grupo encarnado por personajes que son algo así como deep cuts de la mitología mutante (como Shatterstar).

 

Tampoco quiero seguir con los spoilers, pero bastará decir que no se encariñen mucho con ellos, que llegan a un destino tan fatal como cómico en uno de los mejores gags de la película, que involucra vientos fuertes y paracaídas. Eso sí, sobrevive Dominó, la mutante con el sencillo pero más que efectivo poder de la buena suerte, que debería ganar el premio a mejor personaje del género superheroico de la década. Un personaje badassy tremendamente sexy, con un poder original, complementando por una agilidad propia del personaje de Viuda Negra de Marvel (incluso hay un chiste al respecto, como también hay referencias al casting de Josh Brolin en Infinity War, o la oscuridad del universo DC). Además, es la actriz negra Zazie Betz, que se suma a un casting diverso y multicultural: hay una pareja queer de chicas que incluye a la mutante japonesa Yukio, un actor de origen maorí, otro hindú, alguna que otra referencia a la sexualidad fluida de Deadpool. El propio Deadpool señala en la película que el nombre X-Force es más progresista que X-Men (hombres X), por ser neutro. El gesto es transparente, y se nota el cálculo de Fox al incluir la diversidad como un mero token del cual sentirse orgullosos por estar IN en el aspecto progre, pero la verdad es que los personajes funcionan desde lo visual y argumental y no hay nada de panfletario en ellos.
Tal vez la otra decepción de la película es la necesidad de incorporar al monstruoso Juggernaut, como para justificar la inclusión de una pelea grandota entre personajes CGI en el último acto (anunciada en cámara por el propio Deadpool). Pero todos los estruendos del último acto no alcanzan para socavar la intimidad de las últimas escenas, donde se re-enfatizan las temáticas que funcionan como núcleo de la película: los lazos familiares, y la posibilidad de generar vínculos afectivos nuevos en personas que siempre estuvieron allí para uno, o personas nuevas e inesperadas. Parece atípico para una película sobre un asesino vestido ‘como un juguete sexual’, pero lo cierto es que la película se anuncia a sí misma como una película ‘familiar’ desde el comienzo. No hay engaño. Deadpool es un personaje flexible, que hace del espacio de ficción, la continuidad y de sus propios huesos, elementos maleables y lúdicos, pero el corazón no se negocia. Incluso a fuerza de plot-holes: las escenas post-créditos se encargan de revertir algo del drama, como si el personaje se diera cuenta de que está cerrando la película de forma cursi y quisiera reventar un poco más la cuarta pared, ya agrietada de tantos cabezazos. Que lo sentimental no quite lo cartoon.

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