El irlandés (The Irishman) 
EE.UU., 2019, 210′
Dirigida por Martin Scorsese
Con Robert De Niro,  Al Pacino,  Joe Pesci,  Harvey Keitel,  Bobby Cannavale, Anna Paquin,  Jack Huston,  Ray Romano,  Kathrine Narducci,  Jesse Plemons, Domenick Lombardozzi,  Stephen Graham,  Jeremy Luke,  Gary Basaraba, Welker White,  Action Bronson,  Chelsea Sheets,  Kate Arrington, Sebastian Maniscalco,  Stephanie Kurtzuba,  Aleksa Palladino

Los muertos

Por Federico Karstulovich & Rodolfo Weisskirch

FK: Uno podría apelar a un cierto lugar comun escuchado en estos dias y decir que El irlandes funciona como canto de cisne del cine de gangsters. Por lo pronto no se si del cine de gangsters en general, pero sin dudas es el cierre de un modo de concebir ese subgenero dentro de la obra de Scorsese (la pentaogia gangsteril de Calles peligrosas, Goodfellas, Casino, Pandillas de NY y El Irlandes), donde la violencia lejos de ser estilizada, como en las anteriores, es mas bien un ejercicio melancolico, como si los personajes fueran vampiros, consumidos por una necesidad de algo que ni siquiera disfrutan, como si en el fondo la violencia se hubiera naturalizado de tal modo que lo que termino descomponiendo los rasgos de estilo. A ver, para decirlo de manera mas ordenada: si en el cine de gangsters de Scorsese la violencia siempre se comporto como un objeto de goce estetico, aquí el estilo termina por devolver a los personajes lo que la violencia puede significar en el cine del director hoy: un hecho del pasado, un hecho triste, del que no hay motivo alguno para enorgullecerse sino mas bien lo contrario. Aclaro: no estoy hablando de Scorsese moralizando la violencia, sino quizas, por primera vez, preguntandose sobre la relacion entre esta y las formas en su cine. Sera por eso que El Irlandes es una de sus peliculas menos virtuosas, mas relajadas. Una pelicula que en el fondo prefiere entregarse a la melancolia de sus personajes (no me parece casualidad que sea contemporanea con Il tradittore, de Marco Bellocchio, otra pelicula sobre la necesidad de bajarse del carro de la celebracion violenta del mundo de los gangsters en el cine). Es, a mi modo de ver, la Mas corazon que odio del cine del petiso. Es la pelicula que muestra el desacople entre una epoca en la que los personajes eran de un modo y otra epoca en la que esa violencia se vuelve inadmisible. Y no, no me refiero a la necesidad de censurar ninguna clase de violencia existente en los generos, sino que creo que hay aca un momento en el que un director fundacional para cierta tradicion para y se pregunta que lugar tiene hoy esa tradicion y que lugar tiene el como director inserto en ella. Bueno, en ese orden de cosas, El Irlandes tiene mucho mas para decir de lo que parece a primera vista.

RW: A diferencia de Coppola, Scorsese siempre se opuso a la vida del gángster. Nunca pintó la violencia con romanticismo o a los personajes como víctimas de su destino. Para Scorsese el gángster, por más empatía que uno pueda crear con ellos, es un criminal. Claro, uno puede empatizar un poco más con el personaje de Di Caprio, porque su motor en Pandillas… es la venganza y no el poder. Pero Scorsese siempre ha condenado el modo de vivir de un gángster. No importa cuanto humor o ironía impregne al relato, al final, todos terminan miserablemente y acá no es la excepción. Lo que diferencia a El Irlandés del resto de la saga (a la que sumaría por un tema de estilo visual y narrativo El lobo de Wall Street) es un dejo de melancolía y una autoconciencia de que ya es hora de dejar atrás un estilo. A diferencia de Il traditore, donde Bellocchio no deja huella de sus jóvenes 80 años, El Irlandés es una película de un cineasta maduro. La conciencia de la mortalidad está presente, especialmente en la última hora, pero también simbólicamente durante el desarrollo. Sin ir más lejos, la secuencia del propio De Niro prendiendo fuego una flota entera de taxis es casi una declaración: hay que destruir el pasado. Mientras que en el cine actual seguimos viendo a tipos como Ridley Scott o Steven Spielberg, que siguen reflotando a sus viejas criaturas, Scorsese las quema, las hunde.

Y como vos decis, la mirada retrospectiva sobre la violencia ya no tiene goce. Por eso es que El Irlandés tambien es la pelicula menos sangrienta de Scorsese. Aquí los matones quieren estar tranquilos. Disfrutar la vida, el poder, el dinero. Ya no está Henry Hill acelerado, desbordado de cocaína, con espíritu adolescente. Frank Sheeran es un hombre adulto, que solo desea que su hija deje de avergonzarse de él. En ese aspecto, el destino de Sheeran se parece bastante al de Michael Corleone.

FK: Yo ahí tengo una diferencia respecto a lo que contás en el contraste Coppola-Scorsese. Yo creo que en Coppola hay un componente metafísico, que hace que los personajes queden atado a un designio trágico. Mientras que en Scorsese en general los personajes parecen ser mucho más humanos, presos de sus contradicciones. Por eso el gangsterismo en Coppola tiene un lirismo que en Scorsese es más cínico, más desencantado, pero también más fascinado con el mundo de la mafia (no causalmente se han escrito kilómetros de palabras acerca del componente culposo de los personajes del cine de MS que, al abandonar al grupo, desatan la hecatombe. En general ese abandono es vivido con angustia, con la sensación de traición a los propios, con la idea de que el mundo exterior a la mafia es una bosta irredimible de la cual no se puede volver (es decir, la inversión de lo que sostiene Il Tradittore y lo que plantea en El Irlandés). Por eso creo que lo que sucede con el final del último largometraje de Scorsese es que hay una toma de conciencia estilística y moral: el estilo nos aleja de la celebración y la moral no condena. En Coppola si. Y en Calles salvajes, Buenos Muchachos, Casino, Pandillas de Nueva York (pero también en Los infiltrados, que se me había pasado), si hay una condena directa o indirecta, por medio de la situación a la que se somete a los personajes. El quiebre mas claro de esto sucede en El lobo de Wall Street, que parece ser un film de gangsters alla Scorsese pero revisado por el filtro de la Nueva Comedia Americana, como si en algún punto el humor (hay que retrotraerse a Después de hora para encontrar una comedia feliz en el cine de Marty) hubiera exorcizado la solemnidad normativa de sus otros films. Bueno, lo que logra por medio del humor para desactivar el camino sin salida en el que iba su aporte al cine de gangsters contemporáneo, en El irlandés lo logra por medio de un código de baja intensidad para el cine de gangsters desde dentro. En este punto no puedo dejar de comparar el plano secuencia virtuoso de la entrada al club Copacabana en Buenos Muchachos con el plano secuencia melancólico del inicio de El Irlandés (que juega con la clave del recurso del flashback en el geriàtrico como si fuera Joseph Cotten en El Ciudadano). Esos planos secuencia comparados indican el paso del tiempo: van a ser casi 30 años entre una y otra película. Lo que en una era celebración en otra es placidez. Marty: ya no necesitás mover tanto la cámara para que te digan que pudiste salir de Little Italy y romperla en el mundo exterior. Ya no tenés que demostrarle nada a nadie.

RW: Discrepo. Para mí, Scorsese condena moralmente a Sheeran. Pero en vez de que el personaje abandone la vida gangsteril, es la vida gangsteril la que lo abandona a él. La condena es la soledad absoluta. Tener que ver la muerte pasar por delante de sus ojos y verse continuamente evadido mientras los demás mueren. Ni siquiera su familia lo quiere ver. La última hora del film es tan cínica como patética y melancólica al mismo tiempo. Concuerdo que el estilo nos aleja de la celebración, pero moralmente Scorsese lo condena a un especie de vida eterna (como un muerto vivo) postrado a una silla, esperando por un castigo mortal que parece que nunca va a llegar. El personaje eligiendo por sí solo su propio féretro y parcela en el cementerio es la demostración de hasta que punto, Scorsese lo ha dejado a su propia suerte. Todo esto me lleva directamente a dos cosas: por un lado al final patético de Buenos muchachos, donde Henry Hill prefefiría que le metan un tiro antes que vivir como cualquier ciudadano. Por otro lado, al final de Atrapame si puedes, cuando el personaje se vuelve a escapar con el único propósito de que lo vuelvan a perseguir, y Carl lo encuentra y le dice: “ya nadie está interesado en vos, nadie te está persiguiendo”. Después Spielberg le da un giro optimista y esperanzador a esa situación, pero Scorsese la reproduce y lo deja solo a Sheeran: “a quién quiere cubrir con este silencio, si todos están muertos”. Es cierto, que durante el desarrollo los personajes huyen de la vida gangsteril, pero al final, cuando todos mueren en la cárcel, y él sigue vivo, cuando ni siquiera su propia familia lo quiere volver a ver, lo único que espera el personaje es la muerte y Scorsese no le da ese gusto. No le da el gusto al espectador de ver a Sheeran muerto. Como bien dijiste, es un vampiro, viviendo en un lugar peor que una cárcel (ya en Buenos muchachos, Scorsese dice que para un gángster la vida de la cárcel es el paraíso a comparación de vivir mundanamente). Y con ese plano secuencia inicial, que por supuesto, es cercano al de Buenos Muchachos en el Copacabana o el de la madriguera de los conejos de Pandillas de Nueva York, Scorsese marca las similitudes y diferencias con el resto de su filmografía: lo que van a ver se parece a lo que ya vieron, pero no, acá no hay nadie a quién presentar, no hay nadie ni siquiera detrás de la cámara. Al final del plano está solo el protagonista. Ni siquiera hay un interlocutor a quién Sheeran le esté hablando. Este es el hombre mas solo del planeta. Y esa soledad se la ha ganado, porque mató a todo el resto: literal o metafóricamente. Traicionó a todos sin siquiera delatarlos. Solo con sus acciones, o cumpliendo órdenes. Si hubiese pensado más en sí mismo, quizás tendría una pequeña salvación moral. Salir con vida de esa vida, es la condena moral que Scorsese le pone en su cabeza. Envejecer, consciente de sus actos y no poder hacer nada.

FK: Es cierto que parece a primera vista que hay condena visto desde la perspectiva que decís. Pero no me parece una condena de esa índole, estrictamente, sino una condena ética. La condena moral es propia de una normativa que preexiste al grupo de los gangsters. La condena ética es de otro orden. Aquí no está el peso de la muerte sino del abandono de si mismo y de los propios. Es una culpa fordiana (El delator, John Ford, 1935) por otros medios. Es el evangelio de Judas pero sin el peso de haber entregado a ningún redentor, sino con el peso de haber desintegrado al grupo de los apóstoles. En este sentido Scorsese siempre ha construido mundos con personajes gregarios. Y siempre la desarticulación de los grupos es lo que se lamenta en su cine. La diferencia es que el padecimiento no es expuesto de manera estilizada, sino, como dijimos antes, de modo despojado, como respuesta a su propio cine anterior (o al menos anterior a El lobo de Wall Street, que no casualmente conecta con Atrapame si puedes). Tampoco es la moralina del abandono del grupo, de la traición. Sino que es la condena de la desarticulación del grupo de pertenencia. Es una condena más humana antes que una trascendental. Y ahí creo que si Scorsese hace el salto de ese peso metafísico heredado de las primeras películas (y de Paul Schrader) hacia un terreno cada vez menos superyoico, menos policial y más empático y humano. No está bueno morir solo y quedarse sin los propios. Más allá de que medie o no una traición moral. Por eso es una condena ética.

RW: Cambiando un poco el eje (y relacionando con Spielberg, ya que veníamos por ese lado), también es interesante como Scorsese termina siendo, a su manera, un revisionista de la historia estadounidense. Si Spielberg desea demostrar el heroísmo norteamericano a través de figuras icónicas como Adams (Amistad), Lincoln (heroísmo no ausente de corrupción, claro, en Lincoln) o la tropa de soldados desconocidos que buscan a Ryan (en Rescatando al soldado Ryan), a Scorsese le interesa lo opuesto. Los que hacen el trabajo sucio, los que construyeron es de violencia que hoy en días es Estados Unidos, pero desde los bajos fondos: la mafia de los inmigrantes, el soldado que debe obligar a cavar una tumba a un nazi y después lo fusila sin remordimientos, el tipo que es indispensable para hacer el trabajo para-institucional que regula, desde el crimen, lo que las instituciones no logran.

El Irlandés es irreprochable, pero no es la película que la gente espera ver. No es tan épica, ni tan dinámica como las películas que conforman la saga que fuimos describiendo previamente. Se detiene en extensos diálogos, y en un momento pone el foco mucho más en la figura histórica (la actuación de Pacino merece una discusión aparte) que en su protagonista. Celebro a este Scorsese paradójico: es más clamo y menos épico pero a la vez más arriesgado y consciente de su lugar dentro del género. Muchos temían que El Irlandés fuera la película de un imitador (como sucedió con Los infiltrados) y no una nueva creación, un paso más allá de su propia obra de parte de Scorsese. No obstante, yo creo que es un Scorsese genuino el de ahora. El que añora la ingenuidad de Meliés (por que Hugo a su manera también es una película de despedida de mismo Scorsese) antes que el divismo simbólico de Jake La Motta y su crucifixión; el que ve la espiritualidad como una condena (Silencio) y no como una alternativa (Kundun), el que siente que la vejez lo devora, y por lo tanto sus últimos cartuchos los prefiere tirar con actores de su generación, aquellos con los que arrancó su carrera y junto a los que se quiere despedir, en vez de con figuras más jóvenes que lo adoran como a un mito viviente. Scorsese ya no está para locuras. Esas dejénselas a Bellocchio que te pone literalmente de cabeza.

FK: Bueno, el tema es que no sé si llamaría revisionismo a lo que hace Scorsese. Creo, en todo caso, que es un eje en el que decide poner el foco. Creo que no revela nada que no conociéramos previamente, pero creo que si, en todo caso, El Irlandés funciona como un contrapunto de revisión con la propia obra, como dije antes. El revisionismo suele ser portador de un discurso moralizante, que tiene que ver con “la revelación de la historia escondida, que no quiso ser contada”. Y creo que esa condición excede a las capacidades y propuestas del cine de Scorsese. Digo: hay toda una larga historia de cine de gangsters que han sabido vincular la bases del desarrollo institicional y social del EE.UU. de la primer mitad del siglo XX al mundo del crimen. En este sentido non creo que lo que aporte sea revelador a esa perspectiva. Si, en cambio creo que es revelador a su propia cosmovisión porque supone un alejamiento, una despedida definitiva de la glorificación narcisista del mundo que lo vio nacer como realizador: el de los compadritos, el de los matones que en algún momento se vuelven poderosos. En este sentido hay una renuncia al egocentrismo que proporciona la celebración de la propia obra. Por eso si estoy de acuerdo con lo que decís cuando hablás de un director que empieza a revisar a su propia obra en distintos frentes y desde distintas paradojas dispuestas, como si hubiera llegado a un momento de su carrera en el que tomó conciencia que ya no podía seguir corriendo hacia adelante como si el pasado no existiera sino que tenía que revisarlo y, de algún modo, cerrarlo de manera elegante. Bueno, en esa despedida elegíaca, creo que hay más de mirada introspectiva que revelación o crítica social hacia el exterior de su propio mundo como autor. De hecho, me atrevería a decir que Scorsese funciona mucho mejor cuando logra que sus personajes representen a un mundo antes que esos mismos personajes hablen o pontifiquen sobre el nuestro.

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