Guasón (Joker)
EE.UU., 2019, 122′
Dirigida por Todd Phillips.
Con Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Brian Tyree Henry, Marc Maron, Dante Pereira-Olson, Douglas Hodge y Sharon Washington.

El descontrol calculado

Por Ignacio Balbuena, Federico Karstulovich y Rodrigo Martín Seijas

FK: Creo que Guasón abre una tendencia preocupante que ya habíamos observado en otros géneros, pero que en este caso en particular busca instalar en eso que podemos definir como “el cine de superhéroes”: construir un espectador aséptico. Pero uno que cumpla con una condición curiosa: que no tolere el color, la energía y la vitalidad de ese género pero que pueda tolerar “la oscuridad, la complejidad y el profundo comentario político”, como si en alguna medida retornaran los tiempos del Batman de Nolan pero empeorado, es decir, con mejores ideas audiovisuales, con desarrollo de personaje y con solemnidad extrema.

Veo esa cuestión curiosa en Guasón: se presenta como una película salvaje y desatada (que Scorsese, que la relectura de Taxi Driver y El rey de la comedia y demasiado bla en torno a las influencias), pero lo único salvaje es el personaje, porque el código (incluso en la suciedad neoyorkina de los 70s/80s, bien de diseño) siempre mantiene una estilización que no se apropia de ese salvajismo (digo: Scorsese si lo hacía en TD). El resultado preliminar es una fórmula peculiar: una película con un personaje salvaje pero a la vez desmitificado, al mismo tiempo que super estilizada en sus decisiones formales pero carente de riesgo en el tono (no hay hipérbole, casi, lo que hace que uno extrañe a los Guasones anteriores), y en última instancia, una película de superhéroes y villanos que está buscando desmarcarse todo el tiempo, como indicando “miren que yo no soy esas pavadas de colores, yo soy importante y adulta”. El resultado termina siendo el de un cine hecho para adultos pero a la vez bastante pueril, porque no habilita el juego, como si eso fuese una cosa de niños.

RMS: Concuerdo bastante con lo dicho por Fede. Creo que buena parte de lo cautivante del Guasón como villano y como personaje en sí pasa por el control. O más bien, la ausencia de ese control: es un personaje descontrolado, imprevisible, la representación del caos y la anomalía del sistema, como un espejo de Batman al que el Hombre Murciélago no puede romper. Y lo llamativo de esta película es cómo todo ese caos personal y social que se va desplegando no deja de tener connotaciones sumamente previsibles y planificadas. Ese derrotero de Arthur Fleck antes de asumirse como una especie de payaso loco y terrorista se va haciendo tan tortuoso como fácil de predecir, y no solo porque sabemos que va a terminar como el Guasón. Es porque vemos la operación de diseño, todas las piezas de un rompecabezas que está listo para encajar: lo trágico del personaje pasa porque hay efectivamente unos dioses -los guionistas-que ya tienen decidido su destino de antemano y prácticamente lo llevan de las narices. En eso me parece una traición al personaje, pero no una traición productiva, porque le quita pasión y explosión al relato.

Igual también veo una coherencia en el film respecto a la carrera de Todd Phillips: creo que siempre fue un cineasta obsesionado con el control y el descontrol. Por ejemplo, la estructura de ¿Qué pasó ayer? es básicamente una instancia en la vida de los personajes donde todo se sale de cauce, para terminar en una vuelta a la normalidad que era bastante forzada y pueril. No tanto en Aquellos viejos tiempos o Todo un parto, donde había mayor coherencia e incluso una ligera alteración del orden establecido. Pero siempre hay un dilema en el cine de Phillips: cumplir o no con las reglas, ser obediente o no al sistema, y rara vez sus personajes terminan por tirar todo por la borda. Y si lo hacen, ese acto se realiza en atmósferas previsibles, controladas. Su cine es un cine de control, de cálculo, donde hasta se explicita la disrupción para atenuarla.

IB: El principal problema de Guasón no es que busca adaptar un personaje de historietas despojándolo de los aspectos juguetones queriendo acercarse a una suerte de realismo (realismo extremadamente mentiroso: el diseño de producción es, como decía Fede más arriba, puro cálculo y asepsia). Un approach ”realista” para el cine de superhéroes puede ser una decisión estética deliberada, pero acá el problema, como decía Rodrigo, es que el Guasón es un personaje que no tiene mucho sentido humanizar. El Guasón es un personaje sin humanidad alguna: es un psicópata asesino extremadamente violento con el que no se puede razonar. Es, como bien decían en la versión de Nolan, un personaje que ”sólo quiere ver el mundo arder”. Y además, es un personaje que funciona mejor al oponerse a la figura de Batman. Y acá se plantea un Guasón solitario y solemne en extremo (dicho de otra forma: hay momentos que son un plomo), pero que tampoco se termina de alejar por completo de la mitología de los cómics. Explíquenme sino esas escenas ridículas con el pequeño Bruno Díaz deslizándose por el tubo, o la escena del asesinato de los Wayne en el callejón, con el arrebato y caída de las perlas incluido. Realmente quise gritar cuando vi esa escena, que ya vimos chiquicientas mil veces. Ahí está la prueba de que la película no se termina de jugar por nada. Parece que quisieron poner el pie en el mundo de los comics como para que los nerds que se están encontrando con un thriller psicológico / estudio de personaje se vayan contentos con los easter eggs. Pero si la película le hubiera hecho caso realmente a sus raíces comiqueras, iría por otro lado: la herencia de los cómics es más que esa escena de las perlas. Así como sabemos que Taxi Driver y El Rey de la Comedia eran referencias nombradas y explícitas, es imposible no pensar en La Broma Asesina de Alan Moore al ver Guasón. Pero Moore construía el origen del Joker como el recuerdo de un loco, dotándolo de una ambiguedad y una incertidumbre que son fundamentales para el personaje. Y además, contraponía ese origen a una historia en la que el Guasón intentaba probarle a Batman que todos estamos a un mal día de convertirnos en locos violentos. Batman y el Comisionado Gordon, lo refutan, claro. Ese contrapunto entre el origen incierto y la trama policial del presente era fundamental. En Guasón solo queda una historia de origen extremadamente lineal: del bullying y el padecimiento a la violencia y la psicopatía. Sin contradicciones ni ironías. Tanto el final de Taxi Driver como de El Rey de la Comedia recontextualizan sobre todo lo anterior de una forma que en Guasón no ocurre.

Coincido con Fede en que hay algo pueril en la película. Debajo de la gran actuación de método y el cuerpo esquelético y bailarín de Phoenix, no hay nada. O más bien, hay muy poco. Apenas esa reflexión sobre quien decide que es gracioso y que no. Quizás ese es el único comentario político de peso en Joker: hacer una película dramática y seria para ganar premios parece ser el último ñañaña de un gran director de comedia quejándose del exceso de corrección política. Another one bites the dust.

FK: Me parece interesante lo que dice Rodrigo con respecto a los “temas” de las comedias de Phillips. El asunto es que aquí me resulta un poco forzado porque no lo siento como una apropiación para su propio cine sino más bien lo contrario, como una entrega para que la película se convierta en material impersonal. De hecho no la siento personal bajo ningún aspecto, algo que me pasó con Vice (Adam McKay) y con Green Book (Peter Farrelly). No es casual: el proceso de domesticación de tres (grandes) directores de la en algún momento llamada Nueva Comedia Americana convertidos en material impersonal. Tres directores que desplazan el eje de identidad de su cine previo hacia costados más conceptuales y funcionales a modas del momento. Al mismo tiempo es cierto lo que dice Nacho (y yo no podía dejar de pensar en eso): esto no es el Guasón, porque no hay ni juego ni salvajismo ni sentido del humor. Es un personaje de referencia macerado para cabezas que no pueden lidiar con ese imaginario. Por eso es interesante que como la película no sabe qué hacer con el mito y con el vacío psicológico que el mito mismo conlleva precisa llenarlo de obviedades, de backstory y de justificativos que desarmen y humanicen falsamente a Fleck. A su vez es terrible el modo en el que la película relee a Scorsese, como si en efecto no hubiera entendido las dos películas que cita. O como si las hubiera comprendido desde su estricta superficialidad, desde la imitación de sus recursos y de su presunto tono visual. Todo el componente de “el mal es hijo de la hijaputez social de la época” no solo es una verdad de perogrullo insoportable (y falaz) sino que en la película termina por convertirse en una pesadilla psiquiátrica antes que en una origin story. Esa pesadilla habla más de una necesidad contemporánea de pararse frente a ciertos temas y su tratamiento en el pasado y reescribirlos que de la posibilidad de repensar a un personaje desde perspectivas mas inquietantes como lo hace Moore. Todo esto compone un gesto grandilocuente que tiene muy poco para decir sobre el cine de superhéroes, casi nada sobre el cine de Phillips pero mucho sobre la relaciòn entre el mainstream actual, la corrección política (el clasismo de la película expresado en el odio a los ricos es otro lugar común que no logra resolver) y la administración regulada del salvajismo sin salvajes

RMS: Para mí Phillips está en la película, no deja de ser un relato suyo, por más que su visión esté fiiltrada por la necesidad de conectar con el mito de DC y la estética scorsesiana. Es un relato personal, del mismo modo que lo es Vice o Green book -para bien y para mal-, porque lo que hace Phillips es darle más peso a componentes de su cine que en películas previas estaban un poco más escondidas. Como dije antes, Phillips siempre fue un cineasta de cálculo, que solo en momentos puntuales se deja llevar por el caos. Guasón es precisamente eso: un film calculado, impecable técnicamente, que solo en algunos pasajes entra en territorios realmente inestables, como la secuencia que construye un gran chiste alrededor de un enano.

Aun así, creo que Phillips quiere a su protagonista (no a la mayoría de los otros personajes), le reconoce un marco de existencia y hasta libertad, y eso es lo que salva a la película de caer en el territorio del peor Iñárritu. Y por eso también es un film de Phillips, un tipo que suele manipular sus narraciones en función de los discursos que quiere plantear, pero que nunca deja de querer a las criaturas deformes que presenta.

IB: También me quedé pensando en lo que decía Rodrigo sobre como Guasón es una película sobre control y descontrol a la manera de otras. Pienso en Que Pasó Ayer? que se suponía una película de bromance, joda salvaje, arrested development en estado puro (como Old School) pero que finalmente era una película que iba revelando un misterio central con una construcción del suspenso casi hitchcokiana. Había algo de mecanismo de relojería ahí, la película dejaba los strippers y la cocaína para el fuera de campo la secuencia de los créditos. Por eso me gustó mucho menos la secuela, que dejaba todo exactamente igual pero redoblaba en la oscuridad de los acontecimientos sin hacer nada en particular con eso. Quizás Guasón en ese sentido es plenamente una película de Philips, pero con los aspectos menos interesantes del director. Quedo solo la parte fría y minuciosa, y un comentario social muy bobo (ya sea el que habla del panorama político o el diálogo con la corrección política). Y esto pasa además con el personaje que pedía más cosas incómodas y salvajes. Vuelvo a Moore. En el cómica la broma asesina había una construcción formal también fría y calculada, con una disposición de paneles equivalentes y simétricos, un dibujo anatómicamente perfecto. Pero la película terminaba con una risa absurda (tanto del Guasón como de Batman) que indicaba que con el Guasón no hay remate posible, no hay backstory ni psicología ni resolución favorable. Solo risa maníaca y muerte. Guasón no parece querer hacer una relectura de esos temas, ni de Scorsese ni de nada, en realidad. Es solo una película que se sitúa en la batalla cultural de los superhéroes y el cine prestige, contesta de estar ahí pero sin tener mucha cancha para el small talk con los otros invitados. La película levanta mucho en las escenas violentas, como el asesinato con tijeras o el disparo en la cabeza a De Niro. Pero es too little, too late. Son escenas que disfruté de ver, me parecieron ”copadas” en el contexto de una película dramática que ya se estaba adormeciendo. Pero no quiero celebrar la violencia en una película del Guasón. Quiero incomodarme, quiero salir perturbado. El gore también está calculado y controlado, y tendría que ser mucho más desatado, muchísimo más psicótico y absurdo. Como a la ciudad, le falta mugre. Me pasó un poco lo mismo con esa escena del final también, cuando el Guasón sale caminando de haber matado a la tipa que lo está entrevistando en el psiquiátrico. A medida que pisa deja unas huellas de sangre, que ya al segundo o tercer paso ya están desdibujadas y difusas. Esa escena (toda la película) pedía que el Guasón chapoteara en sangre. Que dejara huellas marcadas, gruesas y salpicadas hasta el fondo del pasillo.

FK: Creo que en esto que mencionan está el gran punto de todo esto. Hay una identidad de autor, ok. Y así las cosas hay asepsia. Hay tensión entre demanda industrial, guiño retro scorseseano y mirada personal de un director que siempre supo construir con humor pero que aquí se pone particularmente solemne? Si. Pero también hay una administración burocrática del salvajismo que, una serie como Mindhunter supo entender: nada más salvaje que la brutalidad abstracta, que el mito vacío, que el arquetipo del mal encarnado en un cuerpo sin pasado (hola Michael Myers). Aquí está todo puesto en función de una tridimensionalidad respetable, de un realismo comprensible, de unas decisiones formales estilizadas pero nada nada de eso parece respetar a un personaje que pedía exacerbación, hipérbole, vacío de background y vaya uno a saber cuántas cosas más. Es pedirle mucho? No, la verdad es que no. En todo caso es pedirle lo justo, el punto de partida. Y aquí el salvajismo es un techo tolerable, premiable, asimilable y, en buena medida, tranquilizador. El mal sin nombre ni cara ni política es el más inquietante. Y aquí no hay nada de eso. De hecho, como todo producto boutique, esto será debut y despedida, es decir, un nuevo ejemplo de cómo los nichos de consumo ven la circunstancia, la aprovechan y luego la tiran. De mito, nada. Mientras tanto, en otra parte de la galaxia, un género que todavía da sus primeros pasos, sigue entregando épica, algo que una película como Guasón jamás podría darnos

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