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Tiempo de lectura: 6 minutosDossier #ContraLaCorrecciónPolítica (III)

Amilcar Boetto

La vanguardia de la retaguardia

Por Amilcar Boetto

Leímos a Foucault? Leímos a Foucault, asi que no vamos a repetir lo obvio e inevitable. O si, sintéticamente, para aclarar el punto de partida. El siglo XIX no solo nos brindó victorianismo y una actitud puritana como administración del cuerpo, sino también nos regaló el anonimato y la masividad de las ciudades. De hecho ambas cosas no son antitéticas, mas bien complementarias: solo el anonimato (por ende cierta libertad que no provee la transparencia puritana) facilita las prácticas sexuales de todo tipo. Por eso la administración castradora de todo deseo, que estaba en el origen religioso de los viejos puritanos es también, curiosamente, una práctica científica que hermana esa necesidad clasificatoria con la que provee el espíritu positivista. No es un dato menor el que nos provee la cultura decimonónica: los extremos se tocan por lugares inimaginables.

El cine, arte vigesimónico por excelencia, también supo administrar. El código Hays, al final de cuentas, no hizo otra cosa: organizar los modos, maneras, tópicos y estrategias de representación del Hollywood clásico post 1934 (al menos hasta mediados de los 60s). Hay quien dice, por tanto, que el siglo XXI es el siglo del cuerpo, porque la demolición definitiva de los  grandes relatos a finales del siglo XX nos dejó solos, abandonamos las grandes formas  inamovibles para poder concentrarnos en nuestros cuerpos, estudiar nuestras posibilidades, (re)descubrir sexualidades y ampliar sensiblemente la experiencia material. Pensemos en O Fantasma (Joao Pedro Rodrigues, 2000) y Trouble Every Day (Claire Denis, 2001), que a su manera representaban  cierta novedad a la hora de explorar el cuerpo como misterio antes que como objeto. Es decir, el deseo sexual como algo más bien desconocido y de difícil acceso racional, indomable en oposición a una lógica estructuradora del deseo. En este sentido pienso en el  maravilloso e intrigante plano de la película de Rodrigues en donde el joven protagonista  encuentra a un policía encerrado. En esa imposibilidad de verle la cara al protagonista y solo ver  la del policía que está atado, convierte al plano en un objeto de extrañísimo acceso psicológico,  no sabemos que afección ni que percepción adjudicarle, y la duración, la construcción rítmica  que podemos concebir solo a través de la mirada del policía pasa en nuestra mente desde el  desafío sexual, la ira, la calentura, el miedo, y la película no se decide por ninguno. En el caso del film de Denis hablamos de un clima asfixiante, desesperado, donde la protagonista se ha dejado llevar tanto por su propio deseo que sólo devora (de nuevo, similitudes con O Fantasma) sin vivir. El personaje de Vincent Gallo quizás representa al humano de principios del siglo XXI, pero con un pie puesto en el siglo previo, un humano atraído por  estas búsquedas, pero todavía aferrado a la vida, al trabajo como elemento estructurante de su vida. 

Para el comienzo del nuevo siglo había desesperación y miedo, pero en cierta medida también había esperanza, como dije antes,  existía una posibilidad casi única en la historia, ante la caída de las grandes estructuras, la  libertad sexual era algo mucho más tangible, como mencione, la libre exploración de los cuerpos. Pero, aquí llegamos, finalmente, al dichoso tema de este dossier: qué pasó entre ese inicio y estos 20 años que pasaron en el medio? Una nueva ola conservadora, guiada misteriosamente por el progresismo (recordemos lo que dije al inicio: la idea de progresismo está asociada al concepto de progreso histórico, una noción fundamentalmente positivista en su raíz…), que aquí hemos llamado corrección política. En nuestro presente, la posibilidad de una nueva forma de representar (y de vivir, me atrevería a  decir) que nos proporcionaba la ilusión del nuevo siglo comenzó a ser administrada directa e indirectamente por grupos activistas que -en nombre de causas que  obviamente considero justas y dignas de librarse (el feminismo, el movimiento LGBT+, el movimiento blacklivesmatter, etc)- lograron imponer una agenda que determinara nuevas reglas de representación y de comportamiento. Volvimos al  puritanismo? En cierta medida si. Pero tampoco podemos decir que era algo imprevisible. Pero voy a ordenarme un poco y tratar de dividir ciertas ideas que tengo en torno a  esto.  

Des-objetivizar o desexualizar? Una de las consignas que muchas veces leo y discuto es la de desexualizar los cuerpos femeninos. Entiendo que la palabra pretende hacer referencia a desobjetivizar el cuerpo femenino, es decir, abandonar esa postura patriarcal de que el cuerpo femenino es un objeto de consumo-deseo. Por supuesto que la cosificación de los cuerpos es algo que aborrezco y que esta estrictamente relacionado con la scientia sexualis y con su noción de sexualidad estructurada y ordenada, pero la palabra sexualidad está mal empleada, no es un problema menor. Desobjetivizar los cuerpos sería, justamente, darle  condición de posibilidad a ese cuerpo de que se vuelva un cuerpo sexual, es decir, otorgarle a  ese cuerpo vulnerabilidad, la vulnerabilidad y la finitud que nos caracteriza como humanos. El porno, el cuerpo de las vedettes, los programas que hacía Tinelli hasta hace unos años, ese tipo de consumos atentan contra la sexualidad, a mi modo de ver, porque presentan cuerpos cosificados pero a la vez perfectos. Alguien podría argumentar que el film noir, con sus femmes fatales tiene un problema similar. Pero no: el film noir, al presentar estas relaciones de una forma tan precisa, abraza las contradicciones del exceso del deseo, no lo somete a la fascinación feticihista distante sino que se zambulle en esa pulsión. Al mismo tiempo el film noir devela el lado oculto de esa fascinación al denunciar el lugar de la mujer en esa sociedad y el miedo del hombre a su fetiche con, la mujer libre de hacer y decir lo que se le cante. Es curioso: el neopuritanismo actual, en su plan de señalar la fetichización actúa, censura de por medio, administrando la libre disposición de los cuerpos a mostrarse como se plazca.El resultado termina legitimando a las ligas de la moral mas reaccionarias. Censurar antes que empoderar.

Liberación o Catalogación? Hubo estos años una necesidad de catalogar los distintos tipos de sexualidades, en esa famosa y larguísima sigla LGBTTQ+. Esa necesidad surge, por supuesto de la opresión y del encierro de las posibilidades de la sexualidad biológica, de una necesidad de identidad de género libre. Pero, lo que hasta  ahora no he visto a nadie comprender, es que una catalogación comprende una nueva forma de pensar a la sexualidad desde una perspectiva científica y estudiable. La eterna paradoja es que  para trascender barreras se crean nuevas, porque catalogan las identificaciones sexuales en  diversos grupos, por lo que la diversidad, entonces, pierde algo de su carácter fundacional, no  hay personas, sino grupos de personas. No planteo ninguna solución, pero esta contradicción entre catalogo, normativa, diversidad e identidad parece tender hacia una nueva regularización de lo sexual. 

Ética común o normas de una nueva moral? En los modernos estados nación vivimos bajo el imperio de la ley, que nos regula a todos queríamos o no, respetemos o no las leyes e instituciones que nos preceden. Pero en el marco de los imperativos morales de la norma hay un mar enorme  de posibilidades. Si la moral puritana vino a ordenar esas posibilidades entre actitudes morales e inmorales. Como reversión a eso, la moral neopuritana también implica un código y nuevas reglas de qué está bien y qué está mal. Como mencione al comienzo, regular el comportamiento humano implica dejar a los individuos incapaces de decidir y entenderse entre si. La regulación neopuritana, contraria a desplegar libertades se percibe como una lógica ausente de contradicciones (y cuando las hay las anula). Hoy en día, en las redes  sociales vemos estos panfletos en forma de edits de pictoline o publicaciones de Instagram que nos señalan que comportamiento debemos tener si un amigo hace un chiste desubicado o ante  determinadas circunstancias. Lo que empezó con buenas intenciones ahora deviene en una regulación de la vida privada de las personas y un nuevo puritanismo sexual. En el fondo se trata de un miedo a cometer acciones inmorales, un nuevo sistema de (auto)censura.  

Representaciones reguladas. En todo esto, las representaciones juegan un rol complicado, porque todo lo que se lea bajo la estructura de hierro de una ética se lee apresuradamente y sin mayor reflexión sensible. El arte lo sufre, al igual que Flaubert sufrió un juicio por falta de moralidad en el siglo XIX. Verhoeven lo sufre por apología a la violación en Elle y Call Me By Your Name por representar una  relación homosexual sin mostrar las consecuencias sociales. Hay una vuelta al conservadurismo más rancio, una vuelta a la necesidad de panfleto y denuncia (Bombshell, Hidden Figures, La forma del agua, Green Book). Las posibilidades del lenguaje del arte sometidas a la mensajería. Un contenidismo demagógico que se hace cada vez más fuerte, como si nos olvidáramos de que las palabras importan y su formulación también. También en el empobrecidobrecimiento de las representaciones reguladas emerge una misteriosa victoria de este arte ultra conservador. El humor, en medio de todo esto, sufre muchísimo. La ironía desaparece y la solemnidad se impone (South Park de repente es considerado racista!). El proceso es el de una paulatina infantilización de los espectadores, donde la bajada de línea se impone, casi a modo de adoctrinamiento. Representar, si, pero también modelar una forma de vivir. Una didáctica, una escolástica. Una inversión de los valores puritanos, pero con el mismo amor por las reglas

Posibilidades. Sin embargo, el siglo XXI es todavía el siglo del cuerpo humano y hay que  explorarlo y evitar desmedidamente la reacción conservadora que está generando la corrección política (que es otro de los problemas aparejados: conservadurismo por izquierda y por derecha: el peor de los mundos), aquellos que ante la dictadura ideológica del progresismo (blando, como todo  progresismo, ya lo decía Marx) liberan su puritanismo decimonónico. El mejor remedio siempre está en la ironía crítica, en la reflexión, en el sentido del humor, en la resistencia a las normativas, en el abrazo a las contradicciones que provee la libertad de pensar, ver y representar. Ahí están Claire Denis, Marco Bellocchio, Jean-Claude  Brisseau, las canciones de Bad Bunny (les recomiendo Otra Noche en Miami para pensar esto), Travis Scott, Death Grips. Todavía se puede pensar y salir de esto. Pero hay que estar atentos

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