Espera en la oscuridad (Wait Until Dark)
Reino Unido, 1967, 108′
Dirigida por Terence Young
Con Audrey Hepburn, Alan Arkin, Richard Crenna, Efrem Zimbalist Jr., Jack Weston, Samantha Jones

Alguien me está mirando

Por Rodolfo Weisskirch

Los 60s fueron una década de transición, fue la década en la que la televisión empezó a tomar protagonismo y varios directores, que dieron sus primeros pasos filmando telefilms empezaban a incursionar en el cine, algunos con una clara marca autoral. Otros no tanto. Los 60 además fueron los primeros años de liberación sexual, fue la década de vietnam, de los primeros hippies, de la pastilla anticonceptiva y las drogas alucinógenas y lisérgicas. Fue la década en la que los grandes estudios colapsaron y la influencia de la nueva ola de cine europeo, con la nouvelle vague revolucionando las estructuras y convenciones, los italianos imponiendo sus toques autorales e Ingmar Bergman, exhibiendo sus dudas existenciales metafísicas.

En medio de toda esta nueva ola de artistas del viejo continente que se imponían sobre los directores y las producciones consagradas de Hollywood, en donde el “star-system” comenzaba a declinar y surgían nuevas estrellas, llegó también una nueva ola de cineastas británicos, algunos con fuerte marca autoral. Otros, no tanto. Entre este último grupo hay que destacar a Terence Young, que si bien nació en Shangai, era hijo de británicos y criado como tal.

Young fue un director por encargo, pero de esos que no tenían un estilo marcado, ni tampoco elegían sus proyectos por algún interés particular. Y quizás por eso es que su cine tenía tan poco perfil autoral, pero a la vez era efectivo en su resolución. Alguien lo podría denominar un “artesano del cine de acción”, pero Young nunca se casó con un género en particular, y de hecho a partir de los años 70 se destacó dentro del circuito clase B.

Acaso el mayor legado que dejó Young a nivel histórico fue haber sido elegido para dirigir la primera de 24 películas oficiales sobre un mismo personaje que sigue vivo después de 56 años. De esas 24 obras, solo las últimas dos -y probablemente la próxima a estrenarse el año próximo- tienen una fuerte presencia autoral, aún cuando es discutible si Sam Mendes, podría ser considerado un “autor” contemporáneo, pero lo cierto es que a lo largo de estos 56 años, ninguna película de James Bond tuvo tan marcada pretensión autoral como Skyfall y Spectre. Por lo tanto -y retomando- Young puso las bases para una saga cuya única marca autoral sea su protagonista. El autor de Bond es Ian Fleming y punto, y los que impusieron su estilo cinematográfico fueron sus productores, Albert Broccoli y Harry Saltzman. Nunca sus directores.

Por lo tanto, tras el éxito que generaron tres de las cuatro primeras películas del personaje -por entonces, interpretado por Sean Connery- dirigidas por Young –El satánico Dr.No, De Rusia con amor, Operación trueno– que no distaban en estilo con Goldfinger -dirigida por Guy Hamilton- Young se convirtió en un director por encargo elemental, sin nada que lo distinga de cualquier otro director, pero efectivo como narrador.

Así, llega a 1967 con un sorpresivo éxito, inspirado en una obra teatral de Frederick Knott -mismo autor de La llamada fatal, de Hitchcock, con la que guarda más que una similitud- y que tuvo varias remakes televisivas, y reposiciones teatrales en Broadway -en 1998 la interpretaron Marisa Tomei y Quentin Tarantino- pero ninguna con el impacto del film original.

¿Por qué es tan buena Espera en la oscuridad?Primero por su economía. En una década en la que se estaban abandonando los sets para grabar, Young filmó su película 80% en interiores, respetando su teatralidad. Así como Hitchcock fue uno de los maestros del suspenso en interiores, Young, no solo concreta una experiencia cinematográfica redonda, sino que apela al fuera de campo de manera magistral. La última escena, no puede apreciarse de la misma forma en cine que en teatro. Pocas veces, la oscuridad de un plano tuvo tanta justificación y se ejecuta con tanto ingenio como la pelea final entre sus protagonistas.

Y en este punto radica otra de las claves que convierten al film en una obra maestra. Young se arriesgó a confrontar a una estrella, arraigada al melodrama o a la comedia romántica, como Audrey Hepburn -que cuando era joven durante la Segunda Guerra Mundial fue enfermera de Young- con un actor novel llamado Alan Arkin. Nadie iba a ver Espera en la oscuridad porque deseaba ver la “nueva romántica” de Hepburn. Incluso, hoy en día es difícil sacar a una actriz o actor anclado en un género de su lugar confortable, y generalmente el riesgo lo asumen en el cine independiente.

Espera en la oscuridad tenía un presupuesto bajo, pero pertenecía a un gran estudio. Fue una apuesta fuerte y se convirtió en un clásico. Un éxito inmediato, que le mereció a Hepburn, una nominación al Oscar. Por lo tanto, ni siquiera en ese sentido se puede tomar al film como una “película de”.

Yendo a la historia per se, tenía una premisa típicamente hitchcockiana. Una mujer le regala una muñeca a un hombre en un aeropuerto. El personaje, un hombre de negocios, le deja la muñeca a su esposa, que perdió la vista completamente hace poco tiempo. A su vez, ella le regala la muñeca a una vecina, ignorando que la misma guarda heroína -otro cambio radical para la época, ya no se trata de un microfilm o algo relacionado con la guerra fría-.

Cuando la mujer que llevaba la muñeca aparece muerta, sus cómplices -Richard Crenna, Jack Weston y Arkin- salen en busca de la muñeca. Crenna es el galán, el tipo que intenta seducir a Hepburn sin mucha suerte, haciéndose pasar por un amigo del marido. Weston es el estereotipado criminal tonto, el secuaz torpe, y Arkin es la mente maestra, un asesino a sangre fría con quién Hepburn tiene un duelo final iluminado con fósforos y la lámpara de una heladera.

Lo que empieza como un ejercicio de cámara, con diálogos teatrales y pequeños apuntes humorísticos termina siendo acaso el primer gran ejemplo de un film en el que se usa la música -compuesta por Henry Mancini- para generar un susto o salto en la butaca, puramente cinematográfico. Young imitó y estudió al Hitchcock de La llamada fatal, pero restando todo aquello que distinguía al director británico de todos sus contemporáneos. A Hitchcock le gustaban los contrastes, la elegancia, la seducción. La película de referencia es portadora de una carga erótica subliminal, Espera en la oscuridad, no. Young no convierte a Hepburn en un objeto de deseo. Y aún así seduce, por el minimalismo expresivo y la delicadeza que caracterizaban a la actriz, pero sin esa inocencia virginal que muchos realizadores intentaban explotar de su carácter.

Hay notables escenas en Espera en la oscuridad. El personaje de Arkin se va cargando a sus compañeros sin piedad. La muerte del personaje de Weston incluso parece haber inspirado al propio Carpenter para una de las muertes de Christine. Arkin persigue a Weston por un callejón con su auto y lo pasa por encima. El enfrentamiento entre un personaje tan oscuro, un villano tan moderno como el de Arkin y la fragilidad de Hepburn, están los puntos más destacables de la película. El cuidado por no apelar a clisés en la representación de la ciega que no usa lentes oscuros en casi toda la película contra el malvado, que los usa incluso de noche, a pesar de no tener problemas de vista, es apenas un detalle que magnifica la inteligencia o ingenio en cada capa de la realización, y aún así no se trata de una decisión autoral, sino específica para lo que se desea contar en esta película.

Espera en la oscuridad es una película heredada en términos más personales. Personales para mi, al menos. Es uno de los films que más aterraron a mi padre durante su adolescencia y que, desde que tengo uso de razón y memoria, más insistió que debía ver algún día. No es una película que se conseguía fácilmente en VHS durante mi adolescencia, por lo que tuve que esperar que una de las señales de cable que exhibía clásicos la diera alguna vez. El impacto fue inmediato, recuerdo haberla visto una madrugada de viernes y saltar en la silla durante el último acto. Pocas veces me había pasado eso en mi casa -solamente cuando vi Tiburón de Spielberg por primera vez- y desde entonces la volví a ver varias veces más, cada vez que la repetían, para analizar la inteligencia de su puesta, la delicadeza de sus interpretaciones y la maestría de Young para generar suspenso con herramientas hitchcockianas.

Posteriormente, Young, abandonó Hollywood. Se fue a Europa a realizar obras exploitation como The Amazons o un western crepuscular como Sol rojo, que reunía a un elenco multiétnico como Charles Bronson, Úrsula Andress -con quién trabajó en Dr. No- Toshiro Mifune, Alain Delon, Capucine y Anthony Dawson. Se trata de una producción de bajo presupuesto que hoy en día es un clásico de culto.

Espera en la oscuridad, por su parte es un film ovni, una obra que merece ser revalorada hoy en día, revisitada, que fue una de las principales referencias de David Fincher para La habitación del pánico, y que incluso, un emblema del género como Stephen King, ha dicho que es una de las experiencias más aterradoras que vio en su vida. Exageraciones, pero que la tensión increscente la hacen merecedora de un lugar en este dossier; no hay ninguna duda.

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